21 - 'La exploración'

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Era el día de la exploración.

Apenas eran las seis cuando Alice ya estaba junto a los coches con la ropa que, tal y como le había dicho Max, había encontrado en su cama la noche anterior.

Alice no conocía a nadie de los que la acompañaban, que eran tres personas —contando a Max—. Eso sí, era la más joven. Había un chico no mucho mayor que ella, no dejaba de sonreír y se llamaba Derek. También había una mujer de unos treinta y pocos años que no decía nada que no fuera estrictamente necesario. De todas formas, había ayudado a Alice a ponerse el cinturón correctamente, atado por la cintura y un muslo, que pesaba mucho más de lo que parecía. Se llamaba Ellen.

Alice se sintió culpable cuando esa mañana se puso el traje negro que le habían dejado. Se parecía demasiado al que utilizaban los soldados que habían invadido su zona. Seguía sin poder soportar los recuerdos. Puso una mueca al mirar hacia abajo, viéndose a sí misma.

—¿Estás bien?

La voz grave de Max hizo que diera un respingo y asintiera rápidamente con la cabeza. Él la observaba con una ceja enarcada.

—Es... la ropa —murmuró, avergonzada.

Se esperaba que Max le pusiera mala cara, pero él se limitó a suavizar su expresión y asentir una vez con la cabeza.

—El hecho de que lleves ropa similar no te convierte en una de ellos. Y yo nunca te pediría que mataras a alguien inocente, eso te lo aseguro.

Alice sonrió un poco, pero Max ya había vuelto a centrarse en sus cosas, así que no lo vio. Por algún motivo desconocido, esa pequeña conversación hizo que Alice se sintiera mejor. Mucho mejor.

Alice lo imitó cuando se subió al coche, ajustándose el cinturón, y se quedó en la parte de atrás con Derek. Ellen se dejó caer en el asiento del copiloto e informó a Max de no sé qué del inventario, a lo que él asintió y arrancó el coche.

—Espero que ya hayáis hecho las presentaciones —comentó Max, cuando ya llevaban cinco minutos de trayecto.

—Están hechas —le informó Ellen.

—¿Tienes buena puntería? —preguntó Derek a Alice, sonriente.

—Digamos que no soy un desastre.

—Es mejor que nada —sonrió él. De nuevo, le pareció simpático, aunque también le daba la sensación de que solo estaba siendo amable porque la veía nerviosa—. El último tirador era muy bueno, fue una lástima lo que le pasó.

Alice abrió mucho los ojos, asustada.

—¿Q-qué le pasó?

—Derek —advirtió Ellen.

—Perdón —él se calló cinco segundos, antes de hablar en voz tan baja que Alice apenas lo escuchó—. El muy idiota se metió solo en el bosque y no lo hemos vuelto a ver.

—¡Derek! —Ellen miró a Alice—. No le hagas caso. Solo bromea. El último tirador está en la ciudad, encargándose de unos trabajos pendientes.

Alice soltó una risita nerviosa. Esperaba que la versión de Ellen fuera la correcta.

Por un momento deseó haber cogido su iPod, pero probablemente a Max eso no le habría gustado mucho. Y, por el ambiente a su alrededor, dedujo que tampoco iban a poner música con la radio del coche.

Así que... un viaje largo y silencioso.

Genial...

Deseó que Rhett hubiera ido con ellos y, casi al instante en que pensó en él, se ruborizó y apartó la mirada a la ventana, intentando centrarse de nuevo.

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora