10 - La noche del alcohol

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Esa noche, en honor a ser la última antes de ir a la capital, Trisha tuvo la gran iniciativa de pedir unas cuantas botellas de algo que Rhett ya había bebido en el baile de Navidad: alcohol. 

Alice también lo había probado estando con Charles y estaba segura de que no quería más, así que se refugió en su botella de agua, mirando con desconfianza cómo los demás se emborrachaban en cuestión de minutos.

Tina no estaba, habían hecho otra reunión —o había tenido el detalle de dejarlos solos—, así que los chicos tenían la casa para ellos. 

Jake nunca había bebido alcohol, y con solo medio vaso pequeño ya estaba completamente rojo, dando vueltas y bailando por la habitación. Kilian no había bebido nada que no fuera agua, pero miraba divertido a los demás, se reía a carcajadas y daba saltos por las camas. Los que más bebieron fueron Trisha y Rhett, los únicos que ya lo habían probado antes.

Trisha no tardó en robar el iPod de Rhett y ponerlo en los altavoces de la habitación pequeña, es decir, de la que tenía para ella sola. Jake fue el primero en empezar a bailar como un loco —si es que a eso se le podía llamar bailar—, mientras que Trisha se limitaba a reírse como una histérica por cualquier tontería.

Alice estaba sentada en la cama, mirando la situación sin llegar a entender muy bien qué les pasaba. No dejaban de beber esa cosa asquerosa. Todos menos ella y Kilian, que se estaba quedando dormido en la alfombra, mirándolos.

Sí, el pobre Kilian se aburría rápido.

—¿Qué haces sentada? Ven a bailar con nosotros —le urgió Trisha, acercándose a ella y tratando de tirar de sus brazos para que se uniera.

—Creo que prefiero mirar —aseguró ella.

—Oh, vamos, no seas así —le dijo Trisha—. Mira a Jake.

Jake se había quitado la camiseta y la había lanzado a Kilian, que aplaudió mientras él lucía sus mejores pasos de baile.

—Jake me da miedo ahora mismo.

—Si bebieras, lo verías gracioso.

—¿Sabes? En mi zona nos hablaron de algo llamado inducción al consumo.

—Vale, lo pillo —Trisha levantó las manos a modo de rendición—. Oye, deberías ir a ayudar a tu novio antes de que se rompa la cabeza. Hace un rato que está en la cocina.

Alice se puso de pie, contenta por poder hacer algo, y se dirigió a la cocina, donde Rhett estaba inclinado sobre la nevera con el ceño fruncido.

—¿Qué haces? —preguntó Alice—. La bebida está en la encimera.

—Y por eso está caliente y asquerosa —señaló él.

—Pues bebe agua —Alice sonrió.

Él la miró con mala cara antes de suspirar y cerrar la nevera.

—Me ha entrado hambre —le dijo él—. Pero no hay nada. Literalmente. El estúpido del amiguito de Jake come como si fuera un pozo sin fondo. Solo hay verduras de Tina.

Alice se dio cuenta de que arrastraba un poco la voz. Ya estaba borracho. 

Si no recordaba mal lo que había aprendido del alcohol, a esos tres les esperaba una mañana preciosa. Lo único que la preocupaba es que en veinticuatro horas estarían entrando en Ciudad Capital, y prefería que estuvieran completamente serenos.

—¿Qué tienen de malo las verduras? —preguntó ella, sonriendo un poco.

—¿A parte de ser asquerosas? —Rhett se acercó a ella y le pasó un brazo por el hombro. No era muy habitual en él ser tan cariñoso, pero Alice no se quejó en absoluto—. Oye, ¿te he dicho lo bien que te sienta... eso? ¿Qué...? ¿Eso es mío?

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora