Capítulo 8

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(En teoría aquí empezaría el tercer libro)

Habían caminado todo el día después de abandonar el coche al amanecer. Solo lo podrían usar para salir de la ciudad y tener distancia suficiente como para intentar seguir a pie. Según Kai, los vehículos de la ciudad tenía localizadores. Con suerte, estarían ocupados buscando el coche y ellos podrían llegar a Charles.

Estaba congelada. Estaba agotada. Tenía nieve dentro de las botas y le daba la sensación de que se hundía en ella cada vez que daba un paso, haciendo más difícil avanzar. Sus músculos dolían y ardían a la vez. Cada vez que respiraba, el aire helado le entraba en el cuerpo y le daba la sensación de que se quedaba sin voz.

Y pensar que, en algún momento, se había quejado del calor... con lo mucho que lo echaba de menos ahora....

Trisha les hizo una señal. Había encontrado una zona con un árbol lo suficientemente grande como para hacerles de techo con sus ramas. Era la zona con menos nieve. La chica embarazada estaba agotada. Había hecho varias paradas y se habían tenido que turnar para ayudarla a caminar. En esos momentos, Rhett la dejó apoyada en el árbol y ayudó a quitar algunas ramas del suelo para ponerlas sobre la nieve.

Ya era casi de noche cuando terminaron.

—No podemos encender fuego —dijo Rhett, al ver que Alice colocaba pequeñas ramas para hacer una hoguera—. Nos están buscando. Verían el humo.

Cada vez que hablaba, le salía un halo blanco de la boca. Tenía los labios azulados.

Alice frunció el ceño. Apenas tenían abrigos. No tenían nada con que cubrirse. No tenían nada. Y Blaise y la chica iban con las batas de hospital y los dos abrigos que habían encontrado en el coche. Sabía que ellas no podían morir de hipotermia por ser androides, pero Rhett, Trisha, Kai y Kenneth sí podían.

—No llegaremos a mañana sin fuego —le dijo, mirándolo.

—Es un riesgo...

—Tenemos que hacerlo —Trisha la apoyó—. Aunque vengan a por nosotros. Con suerte, no verán el humo de noche y los árboles taparán la luz.

Rhett asintió con la cabeza y entre Alice y él consiguieron reunir ramas suficientes. Vio cómo él se agachaba y encendía el fuego con un palo y un tronco más o menos seco. Se preguntó si ella sería capaz de hacer algo así de encontrarse sola en esa situación.

—Odio la nieve —masculló Trisha, temblando, mientras se acercaba al fuego.

Alice intentó sonreír, pero sentía que tenía los músculos de la cara paralizados del frío. Se acercó también y se calentó las manos, que apenas sentía por ese entonces. Intentó estirar los dedos como pudo.

—Menos mal —murmuró Trisha, rebuscando en una mochila pequeña que habían podido conseguir— que los pijos esos tenían comida y bebida de sobra.

Alice ayudó a la chica embarazada a sentarse junto al fuego. Ella puso una mueca y se sujetó la barriga. Blaise se abrazaba a sí misma. Kai y Kenneth se limitaban a mirar el fuego.

—Podríais desatarme de una vez —comentó el último—. No es que tenga ningún lugar al que ir.

—No me fiaría de ti ni en medio del desierto —murmuró Rhett, sentándose junto a Alice.

Se pasaron la comida uno a uno y Alice miró de reojo a Rhett, que se suponía que iba a hacer la primera guardia. Parecía agotado. Los demás no tardaron en quedarse dormidos uno junto a otro por el calor corporal. Alice estuvo a punto de hacerlo, pero cambió de opinión.

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora