Capítulo 7

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Alice entró en su casa con el corazón tan acelerado que se tomó un momento para apoyarse en la puerta y cerrar los ojos. Estaba jadeando. Los tenían encerrados. ¿Qué les estaban haciendo? 

¿Por qué Blaise no estaba con su madre? 

¿Por qué 42 estaba ahí? ¿Lo había estado todo el tiempo?

Intentó calmarse a sí misma y se acercó al marco de la puerta del salón. Quería estar con gente en la que sabía que podía confiar. Y, en esos momentos, solo tenía a dos personas de su lado.

Entonces, se quedó paralizada en la entrada cuando vio que una de las puertas de las habitaciones se abría de un portazo. Alguien vestido de militar le había dado una patada desde el interior.

No supo si era por instinto o por terror, pero su primer impulso fue esconderse en la entrada con el corazón bombeando sangre a toda velocidad. Escuchó pasos y contuvo la respiración, asomándose lo justo para ver lo que estaba pasando.

Se le paró el corazón cuando vio a Trisha en el suelo, sobándose la cara. Le habían dado un puñetazo. Delante de ella, tenía a dos hombres vestidos de ejército y armados. Uno de ellos la apuntaba a la cabeza. El otro estaba de brazos cruzados.

—¿Dónde está? —preguntó el hombre que no la apuntaba.

—Vete a la mierda —le soltó Trisha.

El otro giró el fusil y le dio en las costillas. Trisha se llevó una mano a la zona afectada, pero sonrió, mirándolos. Si había sentido dolor, no lo mostró en ningún momento.

—Se fue esta mañana —les dijo, riendo—. Vio lo mal que estabais de la cabeza y decidió que prefería pudrirse en una ciudad abandonada que seguir aquí con vosotros, chiflados.

—¿Dónde está el androide que se hace llamar 43? —repitió el hombre—. Si nos lo dices, nos ahorrarás mucho trabajo.

—Nunca he sido muy solidaria —murmuró ella.

Alice contuvo la respiración de nuevo mientras miraba a su alrededor, en busca de cualquier cosa que pudiera ayudarla. ¿La buscaban a ella? ¿Estaban aliados el padre John y la Unión? Quizá les había dicho que se había quitado el dispositivo y por eso la querían encontrar. Y había coincidido con el momento en que encontraba a los demás androides.

Escuchó un golpe seco y no pudo aguantarlo más. Dio un paso hacia delante y se acercó agachada hacia ellos, que le daban la espalda. Logró llegar al sofá y esconderse detrás, dándole la cara a Trisha.

Por un momento, Trisha intentó incorporarse y levantó la mirada. Sus ojos se encontraron y Alice respiró hondo. Trisha volvió a clavar la mirada en el suelo al instante, como si no hubiera sucedido.

—¿Dónde está? —preguntó el hombre.

Ella no respondió. Alice se escabulló de puntillas hacia ellos, sintiendo que su corazón se iba acelerando a medida que se acercaba. Trisha miraba fijamente a los hombres.

Alice notó que su cuerpo entero se tensaba cuando estiró la mano y tocó con la punta de los dedos la pistola del cinturón del hombre, que estaba de brazos cruzados. Sentía que iba a darle un infarto cuando consiguió agarrar la culata y estirar hacia arriba. El hombre seguía sin darse la vuelta. Con cuidado, consiguió extraerla hasta casi la mitad.

—Te doy una última oportunidad —le dijo el soldado—. Dinos dónde está o buscaremos a otra persona que lo haga.

Trisha se rio, sacudiendo la cabeza.

—Está detrás de ti, idiota.

El hombre frunció el ceño, y fue suficiente como para que Alice le quitara la pistola de un tirón y disparara sin pensarlo a la cabeza del armado. No se giró para comprobar los daños, sino que se giró hacia el otro y esquivó milagrosamente un puñetazo. Él buscó en su cinturón y quedó pálido cuando vio que le había quitado la pistola. Alice le apuntó en la cara.

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora