Capitulo III (primera parte)

31 7 4


Ese día, luego de la última derrota, su equipo por fin triunfaba, lo hacía contra el favorito, lo que le dio un buen sabor de boca al haber sido eliminados en fechas anteriores.

Andrea volvió unos días después de la conversación con Jeyko en el apartamento. Era un martes cuando Jeyko lo llamó pidiéndole que lo acompañara al aeropuerto; su turno terminaba a las cinco de la tarde y ella no llegaría sino hasta pasadas las siete. Ángel no se negó, esperaba que en esas pocas horas encontrara la respuesta para calmar sus nervios en su cercanía, sin embargo, la tarea fue un total fracaso. Se mantuvo todo el tiempo en silencio, respondiendo con monosílabos uno que otro comentario que el otro hacía, no se sentía del todo tranquilo para poder prestarle atención a la conversación que Jeyko buscaba iniciar en ese momento, lo más importante para Ángel era mantener su cuerpo en control, y no estrechar entre sus manos las que le rozaban por momentos mientras caminaban buscando la sala de espera del aeropuerto. Finalmente, la llegada del avión de Andrea apareció en la pantalla, Jeyko se sobresaltó y poniéndose de pie caminó hasta la puerta por donde ingresarían los viajeros. Ángel por su parte continuó sentado en la sala de espera donde minutos antes habían decidido detenerse a esperar, mirándole su garganta se encogió y le costó mucho trabajo respirar. Minutos después de anunciada la llegada del avión, Andrea apareció por la puerta, en cuanto vio a Jeyko corrió hasta que esté la estrechó entre sus brazos y la beso. El nudo en la garganta de Ángel desapareció, no podía sentirse peor en ese momento, si la visión de sí mismo llorando no le hubiera perturbado tanto, esa noche, en esa sala, una lágrima hubiera salido de sus ojos; por el contrario, se levantó de donde estaba y se acercó a ellos, abrazo a Andrea por primera vez desde que la conociera y la felicitó por haber atrapado al mejor hombre del mundo, con una de sus mejores sonrisas.

Esa noche Jeyko insistió para que se quedara con ellos en el apartamento, Andrea no había agregado nada, pero tampoco negó su deseo de que los acompañara, sin embargo, Ángel decidió quedarse en casa de sus padres, donde vivía, de donde no debía salir nunca. A pesar de haber creído que estaba listo, la verdad fue que no era así, le aterrorizaba la idea de ver a Andrea restregándole en la cara su compromiso, claro sabía de antemano que ella no lo hacía con esa intención, pero era muy difícil no imaginarlo así, porque cada día le era más claro, que ella sin darse cuenta le había arrebatado de las manos lo único que le hacía feliz.

Era un maldito egoísta, el peor de todos, y lo sabía, se lo repetía cada mañana al mirarse al espejo. Le quería todo para él, aun cuando hasta ese momento no había sentido la necesidad de tenerlo tan cerca, pero lo cierto era que jamás había tenido la sensación de perderle; desde que lo conoció en ese parque no se había alejado de él. Por cuestiones del destino se habían encontrado incluso en el colegio, sus aulas de clase coincidieron desde un principio, lo que los mantuvo juntos. Pero ahora que sus vidas tomaban rumbos distintos se alejaban, tanto, que dolía.

Por su parte la idea de la boda a Alex le traía desconcertado, le era difícil imaginarse a su amigo de la infancia en el altar, aunque tampoco le era difícil admitir que de los cuatro, él era quien tenía más posibilidades. Juan solo asentía ante las afirmaciones de su amigo, Jeyko les había hecho saber el día de la boda a través de un mensaje de texto, unos días atrás.

Habían tratado de comunicarse con Ángel esa mañana, Juan estaba seguro de que Jeyko ya había hablado con él, acerca del tema del padrino, lo cual, era muy obvio para todos, sin embargo, pese a que la mamá de Ángel hubiera contestado el teléfono, este se había negado siquiera a hablar con ellos; el grito de Ángel a través de la puerta de lo que parecía ser su habitación se escuchó por el auricular en la oreja de Juan, quien no pudo evitar que un gesto de dolor rodeara su rostro. Alex estaba confundido, de cierto modo creía entender la forma en la que Ángel se sentía. Mirando a Juan de vez en cuando se planteó la posibilidad de que este decidiera, al igual que Jeyko, unirse en matrimonio con alguien muy diferente a él. La sola idea le horrorizó, y ese era el por qué era capaz de comprender a Ángel, aun siendo ignorante de sus sentimientos.

Indicio de AmistadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora