Capítulo VII (tercera parte)

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El ruido fuera de la habitación lo despertó, respiro hondo antes de abrir por completo los ojos, se dio media vuelta y comprobó que el otro lado de la cama estaba vacío; como le hubiera gustado despertar y verlo a él, encontrarlo dormido para así aprovechar y acercarse a él, más sabía que Jeyko no permanecía demasiado tiempo en la cama, era como si le repelaran las cobijas, llegadas las ocho de la mañana a más tardar Jeyko se levantaba, incluso después de haber trasnochado, era más un hombre de día, que vivía de día, Ángel por el contrario prefería dormir hasta tarde, aun si el trabajo no lo permitiese en ocasiones, Jeyko le dejaba dormir, era Alex por lo general el que solía despertarlo, pero ese día eran más de las diez de la mañana y Alex ni siquiera se había acercado a la puerta para llamarlo, estaba realmente ofendido, como si Ángel se hubiera metido directamente con él, como si el herido fuera él, pero a Ángel lo que menos lo afanaba era eso, por lo pronto lo importante era sacarle el jugo al tiempo que podía estar a su lado, así eso significará lidiar con el tema de la boda. Se estiró un poco pero en vez de levantarse volvió a acomodarse bajo las cobijas y prendió el televisor, miró con detalle el cuarto de Jeyko, era obvio que Andrea no vivía aún con él, sin embargo había muchas cosas de ella que le incomodaban, en el armario justo donde estaba el televisor, en la parte superior había una hilera de fotos, la primera era de sus padres cuando aún eran jóvenes y otra de la edad que tenían en la actualidad, ya ambos pasaban los sesenta años y vivían muy lejos para que Jeyko pudiera verlos, sin embargo sabía que él hacía el esfuerzo de hablar con ellos casi todos los días, para él era muy importante su familia, y Ángel sabía que estarían con él el día de su boda, al igual que sus tres hermanas y su hermano menor que aún vivía con sus padres, era una familia grande a la cual Ángel había conocido toda; guardaba especiales recuerdos de la mamá de Jeyko, la señora Sara que en muchas ocasiones le había abierto las puertas de su casa cuando aún estaban en la ciudad, seguramente si ella estuviera con ellos ya le abría jalado las orejas por su comportamiento, es más estaba seguro que Jeyko no le había contado nada para no alterarla, sin embargo debía explicarle todo el día de la ceremonia, no solo para excusarse con ella por no ser el padrino de su hijo, si no para que él no tuviera problemas por no haberle dicho nada. En la siguiente foto estaba él con sus hermanos, y en la próxima estaba con Andrea, abrazándola por la cintura, pero no era todo lo que había de ella por ahí, varias de sus bufandas colgaban de una de las puertas del armario, desde donde también se veía parte de su ropa, también había un par de fotos en las mesitas de noche, y algunos productos de tocador dentro de los cajones, entre otras cosas, muchas cosas que le recordaban su presencia en la vida de Jeyko, pero al contrario no había nada suyo que pudiera recordarle su propia existencia a Jeyko, tantos años de amistad y en su cuarto no había una sola cosa que le recordase eso, nada, al contrario de su propia habitación en la que todo se lo recordaba, desde su colección de carros en una pequeña repisa en la esquina de su habitación hasta un par de chaquetas que había pedido prestadas en algún momento y que aún conservaba en su armario.

Finalmente, la puerta se abrió luego de que Jeyko diera unos golpes en la puerta, sus miradas se cruzaron y Jeyko entró por completo, le saludó y le pasó una bandeja en la que le llevaba el desayuno, le contó también que luego de haber desayunado los muchachos se habían ido dejándole saludos, lo cual obviamente era mentira. Jeyko estaba completamente vestido, y luego de pasarle la bandeja a Ángel se sentó a su lado, y espero, Ángel comió despacio, le encantaba la forma de cocinar de Jeyko, reconocía fácilmente que su mamá, aunque buena cocinera no conseguía la sazón de Jeyko y esa era una de las muchas razones que habían mantenido a Ángel en el apartamento de Jeyko durante tanto tiempo, esa era una de las tantas razones por las que le sería tan difícil no volver.

Una vez terminado el desayuno y de que Jeyko recogiera la bandeja para llevarla a la cocina, Ángel se levantó y fue hasta el cuarto de invitados de donde saco la ropa que se pondría ese día, también puso una nota mental de no irse sin nada, solo tenía que recordar llevárselo todo, pues todos los recuerdos que Jeyko podría tener de él estaban en esa habitación desde su ropa, hasta sus discos de vinilo, y muchas otras cosas que les unían, y que guardaría en un baúl una vez estuvieran todas en su casa.

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