Capítulo XI (segunda parte)

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Luego de que Ángel saliera del baño, se encerró en la habitación de invitados, Jeyko le vio pasar de un lugar al otro, sin que este le volteara a mirar. Sintió deseos de gritarle que se comportaba como un idiota, pero por lo complicado de todo no sabía realmente, si era él quien en realidad se comportaba así, pero era que Ángel lo envolvía, estando sin él, sentía que estaría bien estando solo, que podría acostumbrarse a vivir sin su presencia, que finalmente se acostumbraría a verlo de vez en cuando, cuando la ocasión lo a meritara, pero en cuanto le veía sabía que no era así, era su mejor amigo y no podía dejarlo ir, pero las cosas habían cambiado, Ángel ya había dejado de ser su amigo, y temía que todo aquello contribuyera para que esa amistad de tantos años finalmente se viera terminada, por permitirle hacer, habían corrompido aquello que habían construido, lo que tenían ya no podía llamarse amistad, Ángel le había dado a probar la fruta prohibida y le ardía en los labios su ausencia, se estaban causando tanto daño que no eran capaces de verlo, le había presionado y Ángel se había dejado llevar por su propio deseo.

Ángel encerrado en la habitación dejó que las lágrimas que había contenido durante días se escaparan de nuevo entre sus ojos, le amaba tanto para no poder odiarlo, pero si en sus facultades estuviera poder hacerlo lo haría, porque Jeyko le permitía mucho y sabía que al final luego de dárselo todo, se lo negaría de nuevo, y él se encontraría de nuevo en el mismo estado.

Jeyko permanecía sentado en el sofá, ya había entrado la noche y agradeció que al día siguiente no tuviera que volver a trabajar, tenía entre sus manos una lata de cerveza que trajera antes de la cocina, junto a otras dos, para no tener que volver a dejar la sala y darle a él la oportunidad de irse, aunque eso no significaba que lo detendría, por el contrario solo quería estar presente cuando lo hiciera, quería verle antes de que cruzara la puerta, desearlo por última vez, porque le deseaba, le costaba mucho admitirlo, le dolía en la garganta pero era la verdad, se dejó la camisa tal y como él la dejara y descubrió en su pecho una pequeña marca que él dejó con sus labios, una sola entre todos esos besos que le dio, pero una que resaltaba fuertemente sobre el tono pálido de su piel. Respiro hondo, aquello no podía estar pasando. Rememoraba en su mente todos los momentos que había vivido con él, todos, desde que le conociera en el parque y él le besara en la mano creyendo que de una niña se trataba, tal vez desde que le conociera le había gustado, pero Ángel no había vuelto a hacerlo luego de que los otros niños se burlaran de él, sin embargo, cuando se quedaba en su casa despertaban abrazados, Jeyko se sonrojaba mientras intentaba burlarse de la situación, y Ángel le golpeaba suave en los hombros intentando también encontrarle el chiste al asunto, esa situación se había repetido desde niños, y aunque la solución siempre había estado en dormir separados, no lo habían hecho hasta que Ángel pasará a ocupar su habitación de invitados. Habían estado juntos desde niños, Jeyko le pedía permiso a sus padres para que Ángel pudiera quedarse con él los días en los que sus padres se ausentaban, y luego cuando fueron adolescentes, lo hacían sin pedir permiso, incluso después de que la Sra. Claudia dejará definitivamente de trabajar, vivía más en casa de Jeyko que en la suya propia. Recordaba como en los descansos del colegio Ángel se acurrucaba detrás de él y le susurraba al oído todo lo que le haría a la maestra de matemáticas si esta lo encontrara masturbándose en el baño, Jeyko le escuchaba atento mientras lo imaginaba y reía por lo bajo, sin poder mirar después directamente a la cara a la maestra que le reclamaba por su des concentración. Ángel siempre había estado cerca, y ahora que examinaba todo en su memoria podía verlo, lo de las mujeres había sido así desde que estuviera en el colegio, ellas iban detrás de él, pero él nunca le había hecho a un lado, le había abrazado a él antes que a alguna de ellas, le llamaba, le consentía, porque lo que él hacía era eso; le compraba las onces, cargaba con su maleta, anteponía las necesidades de Jeyko a las suyas, pero jamás vio nada de malo en eso, aunque no faltaran los comentarios los veía como innecesarios y fuera de lugar, no conocía otra forma de ser de Ángel no encontraba nada extraño en lo que hacía pues desde niños habían actuado como tal.

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