Capítulo VII (primera parte)

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Los dos días en los que había evitado ir a trabajar para quedarse en la cama, le habían costado a Ángel una suspensión de su trabajo, a pesar de lo buen empleado en que se había convertido los últimos meses, el jefe había considerado necesario se tomará un descanso de sus labores, ya repartiría sus funciones con los otros empleados. Quince días en total le habían valido el receso sin paga, quince días que le habían dado mucho tiempo para pensar, tiempo en que los pensamientos se desplazaban en su cabeza sin dejarlo llegar a ninguna clase de conclusión donde las conjeturas en su cabeza desencadenaron miles de emociones e interrogantes.

Cinco días luego de haber empezado su descanso obligatorio salió de su casa y tomo el primer autobús que pasó una vez se detuvo en la avenida principal, este se dirigía al último centro comercial que habían construido y que había sido inaugurado seis meses atrás, Ángel sabía, que a pesar de que Jeyko no ganara mucho y el sueldo de Andrea tampoco diera para tanto, este haría lo imposible por complacerla. El centro comercial tenía un salón de recepciones único en su clase, desde el momento en que se inauguró todos los cupos en los próximos dos años habían sido ocupados. Era el único centro comercial en la ciudad que contaba con un espacio como este, ubicado en el último piso del enorme edificio de siete pisos, en una de las plantas del centro comercial, solo se podía acceder a él desde el sótano por un juego de ascensores que conducen todos a la recepción del salón, y por supuesto la escalera de incendios, utilizada únicamente por el personal del centro comercial. El salón tenía un área total de 250 metros cuadrados y compartía el espacio con una enorme terraza con dos fuentes de agua, un camino de piedras tipo San y espacios de esparcimiento con pisos en madera y jardines alrededor de la baranda en vidrio que permitía plena visibilidad del centro y norte de la ciudad. El salón consta de una altura de 4.5 metros desde la que se solían colocar grandes candelabros, columpios e infinidad de cosas que los prestamistas del salón usaban para su diversión. El costo del salón podía oscilar en unos tres millones de pesos la noche, esto en la época más económica del año y en días entre semana.

Ángel se había enterado por boca de Juan antes de que estos se enojaron con él, de los deseos de Andrea por realizar la boda en ese lugar, y que según las propias averiguaciones de Jeyko la única forma de hacerlo allí sin excederse mucho en su presupuesto habría sido mínimo en tres años, y que esto había hecho desistir a Andrea que admitiendo no tener demasiado afán ni querer en realidad gastar tanto dinero en una boda, tampoco deseaba esperar tanto, sin embargo y luego de que todo el mundo dejase de dirigirle la palabra, había encontrado sobre la mesa en el recibidor de su casa un sobre blanco con bordes dorados que especificaba el lugar y el día de la ceremonia junto al lugar de recepción, era la invitación a la boda para sus padres, y fue una gran sorpresa saber que la boda se llevaría a cabo en ese gran salón en unos pocos meses, no sabía cuáles eran los preparativos de la boda, no sabía si habían adquirido el salón antes de que Jeyko le propusiera ser su padrino o después, no sabía si por eso habían comprado los trajes tan pronto, no sabía cuánto dinero habían gastado hasta ahora ambas familias buscando hacer de esa la mejor ceremonia nunca antes vista, no sabía, ni estaba enterado de cómo se decorará el salón el día en que ellos se casarían faltando solo 8 días para el gran día.

Finalmente, luego de un gran recorrido se bajó del bus, entró en el centro comercial y bajó al sótano buscando los ascensores que sabían lo llevarían al salón, el flujo de gente por los mismos le permitió subir sin problema, aún era temprano en la mañana, y empezaban los preparativos para lo que parecía ser una fiesta de quince años, nadie se percató de su presencia, jamás había estado allí pero se sentía como si conociera el lugar de pies a cabeza, se dirigió hasta la terraza y se sentó en uno de los columpios de silla hechos en madera con moños rosa que decoraban el lugar, el manto amarillo del sol cubría por completo la ciudad, hacía calor, y estando ahí pudo imaginar los moños blancos en la mesas, la pista de baile, las cintas blancas y amarillas rodeando las columnas, las luces en la tarima donde estaría la mesa principal, con los novios y sus familiares más cercanos, pudo imaginar el brindis, las palabras de Alex que hacían reír a la multitud de la cual solo podría reconocer a un poco, incluso veía a Claudia, su mamá, empujándolo a decir algo, mientras trataba de no usar los tragos que ya tenía en el cuerpo como excusa para decir cuántas barbaridades se le cruzaran en la cabeza. Así podría ser todo, el ahogándose en alcohol buscando cortejar alguna muchacha, mientras evitaba mirar de reojo a la hermosa pareja que para entonces ya serían marido y mujer y de ese modo no llorar cuando él la besara seguro de estar a su lado para siempre.

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