Capitulo I (Primera parte)

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Ángel había comenzado a sentirse extraño unas semanas atrás, estaba confundido y embriagado en una mezcla de tristeza y desconcierto. Todo junto. Estaba sentado en el gran sofá de cuero negro en la sala en casa de su amigo. El partido más importante del torneo, que definirá el ascenso de su equipo a finales acababa de terminar, y él aún no se había percatado de eso. ¿Por qué no podía sacar esos sentimientos extraños de su cabeza, porque se anteponen en primer lugar en su mente sin tan siquiera darse cuenta? El partido había terminado con un muy mal marcador para su equipo, este año tampoco estarían en la final. Su rostro no había mostrado emoción alguna ante el resultado, sus amigos, que veían el partido con él, no se extrañaron, ellos de algún modo se sentían igual de anonadados con el desenlace del juego, pero a Ángel lo que menos le importaba en ese momento, era el resultado del partido.

Mantenía una conversación amena con uno de los muchachos que ese día los había acompañado a ver el partido, los temas iban y venían al igual que las sonrisas y los gestos amables a pesar de la implacable derrota. Bebían cerveza y uno que otro fumaba un cigarrillo. El dueño del apartamento no estaba, por lo menos no en la sala, había decidido tomar una ducha luego del juego, no le pidió a ninguno que se fuera, todos sin excepción eran hombres de confianza, igual ninguno había querido irse, menos con la noticia que les dio en el intermedio.

—Me caso.

Fue todo lo que dijo antes de beber de un sorbo el restante del líquido en la lata de cerveza. La reacción fue tardía, más pudo adivinar en cada uno de ellos sus pensamientos. Ninguno lo creía. Luego al mismo tiempo, como si lo hubieran planeado, todos rieron.

—Casi te creo amigo Jey, de verdad que sí —Comentó Alex, uno de los invitados a ver el juego.

—No estoy bromeando, ayer le pedí que se casara conmigo, dijo que sí, y mañana me reuniré con sus padres para pedir su mano en matrimonio.

En esta ocasión el silencio parecía no querer abandonar la habitación, todas las miradas estaban sobre él.

En el apartamento había un total de cuatro personas, todos amigos entre sí, se habían conocido mucho tiempo atrás y después de terminar la secundaria habían continuado siendo amigos. Ahora ninguno era un niño, cada uno había hecho de su vida lo que había deseado. Juan y Alex, que se conocían desde mucho antes que el resto del grupo se habían dedicado al oscuro mundo de las apuestas; unas veces ganaban otras no, como también había otras en las que se metían en problemas tan graves que incluso tenían que desaparecer durante prolongados espacios de tiempo.

El más grave de esos incidentes había sucedido tres años atrás, una tarde de fútbol en casa de Jeyko. El teléfono en el bolsillo interior de la chaqueta de Alex había empezado a sonar segundos antes de que el partido terminara, sus labios se apretaron con fuerza al reconocer el número, instintivamente había mirado a Juan sentado frente a él en uno de los sillones de la pequeña sala, que al reconocer el gesto se puso nervioso, pero no dijo nada. Alex no contestó la llamada, seguro ya conocía lo que le iban a decir. Ambos, minutos después de haber terminado el partido decidieron irse. La despedida melodramática de Alex los había confundido, pero ninguno prestó atención. Luego de que cruzaron la puerta principal del apartamento no los volvieron a ver si no seis meses después. Seis meses en los que ningún intento de búsqueda dio resultado. Llegaron como si nada una noche cualquiera a la casa de los padres de Ángel, —donde aún vive— había intentado indagar sobre su desaparición, pero ninguno de los dos dio señas de querer explicar algo, por el contrario, cada vez que Alex parecía que iba a decir algo de más, recibía un ligero golpe en un costado de su cuerpo por parte de Juan.

Ángel no era ni profesional ni adicto al juego o algo parecido, tiene un trabajo como administrador en un supermercado cerca a su casa. Su madre lo había recomendado unos años atrás, luego de terminar la secundaria.

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