Capítulo 10

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Lo observaba por encima del libro que estaba leyendo. Una canción de Eagles sonaba a través de los auriculares. Ella movió los labios sin emitir sonido, repitiendo cada palabra de la canción. El libro había dejado de tener sentido. Erik estaba ahí sentado, con sus amigos, apoyado con la espalda en un árbol. Parecía tan relajado y guapo cuando sonreía... Suspiró. Ojalá se girara y la mirara. Tenía unos ojos azules tan bonitos... y una mandíbula tan cuadrada... y una sonrisa encantadora... y el piercing en el labio. Oh, el piercing. Como si siendo perfecto por naturaleza no fuera suficiente.

Alicia se mordió el labio inferior y volvió a suspirar. Debería dejar de soñar. Cerró el libro y se tumbó en la hierba, mirando el cielo. La canción de los Eagles había terminado. Ahora tocaba una de Passengers. Cerró los ojos y se dejó flotar por la música. La música era todo lo que importaba en ese momento. No importaba que Erik no se fijara en ella, ni que sus padres le hubieran dicho que se separarían unos días antes. No importaba nada.

Entonces, una mano le arrebató los auriculares de un tirón. Alicia abrió los ojos y se encontró la cara de Charlotte, burlona, justo encima de ella. Tragó saliva con fuerza.

—Estabas babeando por Erik —le dijo, riendo a carcajadas con sus amigas—. Él nunca se fijará en ti, freak. Asúmelo. ¿Te has mirado en un espejo? Das asco.

—Sí, das asco —apoyó otra chica.

—Eso, eso—dijo otra.

Alicia bajó la mirada al notar que Erik y sus amigos miraban en su dirección, atraídos por el ruido. Charlotte sonrió aún más.

—Así que te gusta escuchar música, ¿eh? —lanzó los auriculares al suelo y los pisó con fuerza, destrozándolos. Alicia abrió la boca de par en par y escuchó a Erik riéndose con sus amigos, lo que fue todavía más humillante—. Ahora tendrás que pedirle a la pobre de tu madre que te compre unos nuevos mientras prepara el divorcio con tu padre. No podréis comer en un mes. Lástima. O no. A ver si así adelgazas un poco.

Todas siguieron a Charlotte cuando se marchó, riéndose.

***

—Alice, está sonando la campana.

Ella abrió los ojos y miró a su alrededor, encontrándose con la cara de un Jake adormilado. Se sentía apenada y furiosa a la vez, como si ella misma hubiera vivido el sueño. Tragó saliva y se incorporó.

Hacía días que le habían dado ropa nueva... bueno, lo más nuevo que tenían ahí. Ese día volvía a ser muy caluroso, así que se puso lo más ligero que encontró, que fue una camiseta ancha de un antiguo equipo de lo que Jake había dicho que era béisbol y unos pantalones cortos. Mientras se cambiaba, se miró la rodilla. Ya solo tenía una pequeña marca en el lateral. Se ató las botas y siguió a las demás al campo de entrenamiento. Cuando bajaban, se cruzaron con los del grupo avanzado. Alice vio a Shana con un grupo de amigos. Ella se detuvo y la saludó.

—¿Tienes pelea ahora? —preguntó.

—Sí —puso una mueca.

—Déjame adivinar; crees que perderás.

—Exacto.

—Bien —se acercó a ella y le habló en voz baja—. Tíralo al suelo y después ve a por su cara.

—Eso de tirarla al suelo no será muy sencillo...

—Alice, lo básico en una pelea es: defensa, defensa, ataque.

Dicho esto, se giró y volvió felizmente con sus amigos.

Rhett estaba ya en el campo, de mal humor y bostezando, como siempre. Alice no pudo evitar fijarse en que volvía a llevar los guantes de cuero que le dejaban los dedos al descubierto. Cada día se preguntaba por qué demonios los llevaba, si debía estar muriéndose de calor.

Ciudades de Humo (CORRIGIENDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora