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Rose Hopper Pov.

Como cada noche llego a casa, todo está tan silencioso... y es lo que más detesto de todo. Antes solía quejarme de que siempre que llegaba escuchaba música a todo volumen por que mi querido hermano era un gran fan de cierto tipo de bandas.

Ahora extraño mucho eso, no tenía idea de lo bueno que era todo, lo tenía todo... pero me lo quitaron, no es justo.

Nada dura para siempre...

Dejo mi cartera a un lado y me dirijo hacia la habitación que solía ocupar mi hermano Vance, todo está exactamente igual a como él la dejó.

Me adentro a la habitación observando todo con detalle, los discos, pósters... una rara colección de navajas... todo me recuerda a él.

Jamás voy a justificar sus acciones, Vance era un chico rebelde que solo se escuchaba a sí mismo, en muy extrañas ocasiones me escuchaba a mi, y en serio me hacía enojar bastante... pero era mi hermanito a pesar de todo.

Me parte el alma saber que quizá jamás lo vuelva a ver, y eso es lo peor de todo... ni siquiera me despedí, hay tantas cosas que no le dije, tanto que nos faltaba por vivir juntos, todo acabó.

Tiempo atrás.

—¡Vance ya apaga eso, por dios! —exclamo molesta.

—¡No, y no es mi culpa que tú decidas amargarte la vida y que por esa razón no sepas lo que es la buena música! —lo escucho gritar desde su habitación.

—Es suficiente... —me levanto de mi cama, me dirijo hacia su habitación y abro la puerta.

—¿Acaso no te enseñaron a tocar? —dice y me lanza una almohada.

—Oh no lo sé ¿Acaso a ti no te enseñaron a respetar? —le lanzo su almohada.

—Vamos Rosita, es viernes —dice.

—¿Y eso que? Yo igual tengo trabajo mañana —digo— y no me llames Rosita o...

—¿O qué? —dice desafiante.

—O... no volverás a ver a Clarke en toda tu vida —digo.

Quizá no lo había mencionado antes pero tenemos un gato llamado Clarke, Vance lo encontró hace un tiempo y insistió hasta el final para que lo dejara quedarse. No tuve otra opción que aceptar, con o sin mi permiso iba a quedárselo.

—Tú no te atreverías... —dice.

—Amm... —salgo corriendo en dirección a la sala a buscar al gato, escucho a mi hermano gritar mi nombre una y otra vez pero lo ignoro.

—¡Rose si tocas a mi gato, juro que voy a matarte! —escucho como viene hacia mi.

Veo al gato recostado en el sofá así que lo tomo en brazos, Vance llega donde nosotros y se me queda mirando fijamente como sostengo a su preciado gato.

—Suéltalo ahora —dice.

—No puedo creerlo, amas a esta bola de pelos más que a mi —digo con falsa indignación.

—Pues claro —dice.

—Entonces, dile a tu gato que se levante a las 05:30 am todos los putos días para ir a trabajar para que tú comas —digo.

—Al menos mi gato no está regañandome todo el maldito rato —dice.

—Es un gato, no puede regañarte —-ruedo los ojos divertida.

—Tampoco puede trabajar, tarada.

Dejo al gato en el sillón y miro a mi hermano cruzada de brazos, él igual me mira con una cara seria como si quisiera asesinarme de la peor forma posible, de un momento a otro ninguno de los dos logra aguantar más y nos echamos a reír a carcajadas.

𝐿𝑎 𝐶ℎ𝑖𝑐𝑎 𝐷𝑒 𝐿𝑎 𝑃𝑎𝑡𝑖𝑛𝑒𝑡𝑎 ᵗʰᵉ ᵇˡᵃᶜᵏ ᵖʰᵒⁿᵉDonde viven las historias. Descúbrelo ahora