Al lado una foto de Javier (Jake Abel) Espero que disfruten de este capítulo. Besos.
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Luego de aquel abrazo que compartí con Javier, decidimos regresar con los demás. Seguramente, si nos tardábamos unos minutos más, papá o Ariel enviarían un grupo de búsqueda por mí.
“Qué quería hablar ese idiota contigo?” preguntó Ariel una vez me senté a su lado. Papá y mamá estaban dialogando y no los quería interrumpir.
“Me pidió perdón por lo que hizo…” respondí mirando mis manos; en realidad, este no era el momento de hablar de esto, mucho menos con mi novio. Aun cuando había sido yo la víctima de esto, él no podría aceptar que lo perdoné. Mi mente estaba en mi sobrino y Silvia, en la desesperación de no saber nada de ellos.
“Lo perdonaste?”
“Ariel, sí, lo perdoné” dije mientras levantaba mi vista a mirarlo.
“Después de lo que hizo?”
“No vale la pena seguir guardando tanto odio, Ariel. Te tengo a ti, te amo con mi corazón, ya le dimos su merecido aquella vez, y en realidad, solo quiero en estos momentos que el bebé esté bien.”
“Eres impresionante, mi vida. De veras me sorprendes con tu manera de ver las cosas, de perdonar y de interceder por los demás. Cada día te amo más. Me molesta que hayas perdonado a ese imbécil, pero fuiste tú quien sufrió en carne propia eso” comentó Ariel tomando mis manos en las suyas.
“Gracias Ariel, por amarme. Nunca dudes de cuanto te amo. No sé qué sería de mí si no te tuviese a mi lado.”
“Quieres un café o un refresco?”
“Estoy bien…” respondí mientras veía a mi hermano caminar hacia nosotros. Quedé de pié al instante, caminando hacia él; preocupándome al ver su rostro, “Jeziel, qué te dijeron?” le pregunté mientras los demás se acercaban a nosotros.
“Ambos están en cuidado especial. El doctor está más preocupado por Silvia, perdió mucha sangre durante la intervención y aun no reacciona. La están transfundiendo y solo yo podré entrar a verla…” contestó mi hermano sin poder controlar sus lágrimas.
“Y el bebé?” preguntó mi mamá mientras lo abrazaba.
“Está bajo peso, lo están monitoreando. Tiene unas manguitas puestas y me pensé que moría al verlo así” ver a mi hermano destrozado me destruía de una manera que no se pueden imaginar. Mi papá lo notó, acercándose inmediatamente a mí y abrazándome.
“Estará bien?” preguntó Javier, algo tímido por la reacción de los demás.
“Todo es cuestión de tiempo con el bebé. No sé mamá, porqué? No tengo duda que es mi castigo por lo que hice, pero porqué ellos son los que tienen que estar sufriendo de esta manera? Porqué no soy yo quien está tan grave?” de acuerdo, no pude más y comencé a llorar sin control. Mi papá intentó controlarme, sin tener éxito. Mamá no podía hacer nada, pues estaba intentando consolar a Jeziel.
“Daniela, tienes que controlarte…” me dijo Ariel mientras se acercaba a mí y a mi papá; este soltándome un poco para que Ariel se pudiese acercar más.
No dije más, solo lloré. Ariel me abrazaba cada vez más fuerte, me decía palabras bonitas en mi oído, asegurándome que estarían bien. Que sería algo pasajero, y pronto estaríamos en nuestra casa festejando la bienvenida del bebé.
“Porqué no la llevas a la casa, Ariel?” preguntó mi papá, tomándonos por sorpresa. El sabía muy bien que los dos estaríamos solos en la casa, y aun así no tenía problemas?
“Yo quiero quedarme aquí…” apenas pude decir entre mi llanto.
“No puedes quedarte aquí, mi vida, menos así. Ariel, por favor” ya para este momento era casi un ruego de su parte el hecho de que me sacara de aquel hospital.
“Seguro, Damián.”
“Te lo agradeceré. Los llamo luego para decirle como van las cosas. Más tarde nos vemos allá.”
Ariel tomó mi mano y ni siquiera me permitió despedirme de los demás. Según este, si lo permitía, no me marcharía de allí.
“Quieres algo para tomar?” me preguntó Ariel una vez llegamos a mi habitación.
“Nada, gracias…” le respondí mientras me tiraba en mi cama, abrazando mi almohada y comenzando a llorar nuevamente.
“Daniela, necesitas comer algo. A penas almorzaste en la escuela porque no te gustó la comida, y no hemos parado desde que nos dieron la noticia de Silvia.”
“Ariel, solo quiero que te quedes conmigo, por favor. Necesito a alguien a mi lado…” le supliqué mientras me sentaba en la cama y lo miraba.
“Eso no tienes que pedirlo, mi vida. Yo estoy aquí para ti, nunca lo dudes” contestó este sentándose a mi lado.
“Gracias.”
“Voy a bajar a la cocina a prepararme algo, aun cuando no quieras nada, te voy a traer algo; entendió, señorita?” fueron sus palabras, con cierto aire de autoridad en ellas.
“De acuerdo…”
Una vez Ariel salió de mi habitación, entré a darme una ducha. Solo quería eso, ponerme mis pijamas y acurrucarme al lado de mi novio; tal vez viendo una película, o tal vez solo escuchando el latir de su corazón.
Ya bajo el agua, pensaba en Silvia, en el bebé, en cuanto deseaba que al día siguiente nos pudieran dar buenas noticias. En cuan pequeño mi sobrino se vería y cuanta atención iba a necesitar; probablemente aun más que la que yo necesité cuando llegue a este mundo.
Este pensamiento se fue a un lado, y comencé a recordar las palabras de Javier. Honestamente, lo admiraba, no cualquier hombre acostumbrado a jugar con las mujeres de esa manera, se pone bien los pantalones y pide perdón. Por qué lo perdoné? Cuál es el uso de seguir reviviendo el pasado una y otra vez? Solo espero que escarmiente en algo luego de todo esto, y deje de estar utilizando las mujeres como si fuesen muñecas.
Ariel no podía dejar de pasar por mis pensamientos. El año escolar pronto terminaría y estaría lejos de mí. Me haría una falta inmensa aun cuando él prometió que bajaría todos los fines de semana a verme. Me alegraba saber que la cantidad de trabajo de la escuela sería tanto, que no tendría la oportunidad de extrañarlo.
Envolví mi pelo en una toalla, y me cubrí con otra al darme cuenta que no había traído nada conmigo. Al entrar a mi habitación, Ariel estaba sentado en mi cama, en la mesa de noche habían dos platos con algo de pasta, y dos vasos a su lado.
“La comida está lista” comentó Ariel mientras me miraba, su vista cambiando por un instante; sus ojos pegados en mí, y comenzando a caminar.
“Gracias Ariel” respondí sintiendo por primera vez que en realidad lo único que tenía puesto era una toalla; que aun no me había vestido.
No sé porqué, pero según Ariel se iba acercando a mí, mi corazón comenzaba a latir más rápido. Este se detuvo a dos o tres pasos de mí.
“Me encantas Daniela… No sé cómo he podido resistir todo este tiempo a tu lado, dormir contigo y que nada haya sucedido…”
“Porque me respetas? No te voy a negar, Ariel, que he sentido lo mismo” le respondí mientras yo daba los pasos que faltaban entre él y yo.
“Por favor, no me tortures de esa manera” comentó este, cerrando sus ojos.
Yo simplemente, quité la toalla de mi cabeza, dejando caer el cabello sobre mis hombros. Seguido a esto, coloqué mis brazos alrededor de su cuello, provocando que este abriera sus ojos.
“Daniela…” dijo este casi sin voz.
“Ariel, quiero hacer esto, quiero entregarme a ti; sentir que soy completamente tuya…” no dije más porque comencé a besarlo inmediatamente.
Tal vez era muy niña, pero sabía lo que quería en estos momentos. Si me entregué a un idiota una vez, porqué no podía entregarme a este ser que amaba tanto y que este me correspondía ese amor?
Las manos de Ariel se movieron de mi espalda hasta donde la toalla estaba amarrada. No tardó mucho tiempo para que la sintiera caer en el suelo, a mis pies. Yo, inmediatamente, comencé a quitarle su camisa; disfrutándome cada segundo de este momento.
“Te amo, Daniela…” me susurró este al oído, haciendo que mi piel se erizara.
Lentamente, me fue moviendo hacia la cama, donde este me acostó y comenzó a despojarse de su pantalón. No podía quitar mis ojos de Ariel, de veras que me encantaba y no tenía ninguna duda de que lo amaba.
Cómo puedo describir la primera entrega que viví? Cómo puedo explicarles lo especial de esa primera vez? Lo especial de cuando en realidad hay amor entre las dos personas que se están haciendo uno en esos instantes?
Para mí, fue un sueño hecho realidad. Aun cuando todo a nuestro alrededor en estos momentos era tristeza, por ese tiempo que estuve con Ariel, todo fue felicidad. No pensamos en nada, solo en nuestro amor. Pensaba en que ya era completamente de ese hombre, que había valido la pena toda la espera, y que no me equivoqué al tomar las riendas para ese momento.
“Te amo, Ariel…” le dije mientras recostaba mi cabeza sobre su pecho, ambos aun desnudos bajo las sábanas de mi cama, intentando recobrar el aire y las energías.
“Yo te amo más, Dany. No sabes lo feliz que me haces…” respondió este mientras besaba mi cabeza.
Ambos nos quedamos allí, descansando, sintiendo el calor de nuestros cuerpos. Solo escuchando nuestro respirar, y nada más; no hubo palabras, no las necesitamos en realidad.
Cuando sentía que casi me estaba durmiendo, escuché que alguien abrió la puerta.
“Ariel, despierta, alguien llegó…” le dije algo asustada, este quedando de pie inmediatamente y comenzando a vestirnos.
Me puse las pijamas lo más rápido que pude, y tiré los platos de comida, que ya estaban fríos, en el zafacón del baño, para que nadie los viera. Ariel encendió el televisión y se sentó en el suelo mientras yo me sentaba en mi cama, sintiendo que mi corazón saldría de mi pecho en cualquier momento.
Mis manos no paraban de temblar cuando mi papá se paró en la puerta de mi habitación.
“Les tengo buenas noticias…” dijo este sonriendo.
“Qué sucedió?” le pregunté levantándome de la cama y caminando hacia él. Ariel poniéndose de pié, pero sin moverse del sitio en que se encontraba.
“Silvia reaccionó. Ahora está bajo observación, y la pasaron a una habitación regular. Jeziel se quedará con ella esta noche.”
“Esas son las mejores noticias que me has podido dar” le dije mientras lo abrazaba, “y mamá?”
“Está dándose una ducha, de veras que ha sido un día largo y agotador…” comentó papá mirando a Ariel.
“Me alegro mucho que todo esté bien. Creo que es hora de irme” fueron las palabras de este mientras tomaba sus zapatos y comenzaba a ponérselos.
“Gracias por haber acompañado a Daniela, Ariel. Eres un gran amigo para ella, eso jamás lo dudaré” mi corazón cayó al suelo al escuchar las palabras de mi papá; si tan solo él supiera.