Intercambios

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Selina volvió a colocarse sus lentes oscuros y se alejó tan rápido como pudo de aquella específica sección del supermercado, y directamente se dirigió a formarse en la fila de la caja menos llena.

—Oye, linda, ¿no quieres ir al cine? -comentó el Damian de Dick y Kory-. Muero de ganas por ver la nueva película de acción? Podrías llevarte unos tacones y compramos helado de chocolate, palomitas y refrescos.

Sin prestarle la suficiente atención, Selina se dedicó a bajar las cosas en la cinta transportadora como si de una competencia de eficiencia se tratara.

—Si, si, como quieras. Solo vámonos de aquí.

—No creo que Dick le vaya a decir a mi padre que trataste de coquetear con él —comentó el niño, quien en ese momento abrió una bolsa de papitas.

—¡En verdad yo pensé que se trataba de Bruce! —respondió —e iba a sorprenderlo... —Selina soltó un suspiro —son tan parecidos de espaldas, aparte venía con un niño idéntico a Damian...

Sí. En ese instante la mente de Selina explotó. 

Lanzó una perpleja mirada a Damian al mismo tiempo que trataba de darse una coherente explicación de lo que había visto.

—¡Cof, cof! —en ese momento Damian se lanzó al piso llevando sus manos a su estómago con una expresión de dolor—. ¡Mi panza! Siento que algo me cayó muy mal.

—¡Niño! —Selina aventó las cosas que tenía en las manos y rápidamente fue hacia él.

—Necesitamos regresar a casa ahora —fingió con una voz tan delgada que casi parecía un gemido.

...

Damian obsesivo no pudo evitar ver de reojo a un niño que convulsionaba en el piso, no reconocerlo le era imposible. Tras exhalar un profundo y fatídico suspiro, llevó una mano a su frente y puso los ojos en blanco.

—Estúpido, de verdad, estúpido.

Damian tomó a Tim de la mano para conducirlo lejos, pues no iba a permitir que las demás personas pudiesen reconocerlos como iguales, sin embargo el mayor no se dejó llevar, y permaneció para asegurarse que todo estuviera bien.

—¡Estúpido tú también! —recriminó el hombrecillo —¡está fingiendo! ¿crees que no voy a saberlo? Lo que pasa en la cabeza de uno, ¡pasa en la cabeza de todos! ¡Aunque nos manden a un país distinto, terminaremos encontrándonos nuevamente por mera lógica! ¡Y eso significa que deben unirnos en un solo yo a como dé lugar! Jonathan idiota—. Y alzando los brazos al cielo como quien suplica por una pizca más de paciencia, agregó. —De seguro Dick está aquí... y Bruce también.

En ese instante Dick pasó en medio de ambos, corriendo como un orangután perseguido por una manada, pero tan solo iba directo hacia aquel Damian.

Obsesivo no paró de golpearse contra la estantería de lácteos una y otra vez.

—No pierdas la cabeza —dijo Tim interponiendo su mano entre la estantería y la frente de su hermano— literal y metafóricamente.

—¿No quieres que pierda la cabeza? ¡Me largo! No, mejor, ¿sabes qué? Me intercambio. Tú y Jason me han tratado como su sirvienta todo este tiempo y estoy harto, ¡harto no solo de ustedes! ¡Harto de sus platos sucios en la mesa! ¡Harto de recoger su ropa a mitad del pasillo! ¡De sus calzones manchados con excrem... 

Tim tapó la boca del niño en ese instante. Rojo como un jitomate tan solo veía pasar a las personas que habían tenido que escucharlos.

—Debo aclarar que me refería a la ropa interior de Jason —agregó el chico sacándose aquella mano del rostro.

Los cristales de la personalidad de DamianDonde viven las historias. Descúbrelo ahora