Depresivo

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Mientras que Bruce había salido a pasear con Temeroso. El Robin triste permaneció escondido en uno de los rincones de la biblioteca y pasó ahí toda la tarde, misma en las que nadie había notado su ausencia.

Más olvidado en su vida no pudo sentirse.

Aún más, con sus contrapartes que habían sido acogidas en nuevas familias, a excepción de él.

Bruce y Temeroso llegaron a casa, Depresivo no quiso ni asomar las narices de la pena que sentía. Sin embargo sus tripas rugían, moría de hambre.

Discreto bajó hasta la cocina sin hacer ruido, casi pegado a la pared entró y tomó de la alacena la mantequilla de maní y el pan, lo escondió entre sus ropas y se dirigió de vuelta a la que había tomada como guarida.

Horas más avanzada la noche Bruce hizo uno de sus paseos nocturno por los pasillos de su mansión. Fue entonces que notó que en todo el día no había visto a Depresivo. Supuso al instante que le gustaba estar a solas, y que, en cierta medida, le fastidiaba estar acompañado. Sin embargo algo muy dentro suyo le exigía saber dónde es que se encontraba.

Tras dar vueltas por todos los pasillos de la mansión finalmente dió con la biblioteca. Depresivo estaba recostado sobre una de las mesas, con la mirada en el techo y con un poco de mantequilla de maní en los labios.

—Que bueno que estás aquí —dijo soltando un suspiro aliviado.

—¿Para qué me buscabas? —cuestionó el chico con un hilo de voz.

—Para saber que estabas bien —respondió sin dudarlo.

—¿Y lo sabes?

—¿Saber qué?

—Si estoy bien.

Bruce se encogió de hombros.

—¿Estas bien? —preguntó, a pesar de lo aparente que era aquella respuesta.

—Estoy triste, padre.

Wayne volteó a verle con una mirada inexpresiva. ¿Era esto una broma?

—Damian —habló calmado y pausado, como su no estuviera de más decirlo  —te caracterizas por ser la concentración de las tristezas de mi hijo. No me digas lo que ya es evidente.

—Pero me siento triste —reafirmó, está vez con menos interés.

—¿Por qué te sientes triste? —cuestionó el mayor.

—Porque no soy como mis hermanos. No puedo enojarme cuando algo me molesta, ni tampoco alegrarme cuando me pongo feliz, no puedo expresar mis miedos cuando necesito un abrazo o imponer mi voluntad como lo hace perfeccionista. Yo no soy nadie comparado con ellos.

—Damian levántate —exigió Bruce con una firme voz.

El chico tímidamente acató las órdenes de su mayor y se levantó de aquella mesa, se limpió la mantequilla de la cara y de paso arregló un poco su cabello con los dedos.

—¿En qué año fue construido el Taj Mahal?

—A mediados del siglo de 1600, exactamente, terminado en 1654. Fue construido para ser la tumba de la esposa favorita de del emperador mongol Shah Jahan.

—Según Ricoeur, ¿cuáles fueron los tres filósofos de la sospecha?

El primogénito contestó como si no fuera más que evidente.

—Nietzsche, Freud y Marx.

—Año de nacimiento y de muerte de Alejandro Magno.

—356 a.c y 323 a.c respectivamente.

Los cristales de la personalidad de DamianDonde viven las historias. Descúbrelo ahora