Adopciones

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Bruce no dudó en quedarse con el tímido, es decir, aunque no pudiera decirlo abiertamente, era aquel que más le agradaba, lograba despertar en él una cierta ternura que da un cachorrito asustado. De alguna manera el hombre podía tener a aquel hijo que no pudo criar desde pequeño y que, llenaba ese vacío paternal insatisfecho.

Los titanes habían también sido llamados a la repartición. Dick de inmediato escogió al chico alegre y simpático que había robado su corazón desde el principio, y junto con Kory, la pareja había adoptado a su primer hijo temporal.

Mientras que el Damian solitario y depresivo había sido dejado hasta el final. Chico Bestia se negó rotundamente, no iba a hacerse cargo de un niño que era casi de su edad, si al caso, la diferencia no pasaba de cinco años.

—¡No! —exclamó con insistencia, Gar apenas si podía cuidarse el mismo, y Bruce lo comprendía perfectamente. Le dió las gracias, y le echó de la mansión.

—Yo puedo quedármelo —dijo Cyborg—. Digo, no es como que vaya a ser una molestia por lo tranquilo que se vé.

Ambos giraron a la esquina en donde el menor se encontraba, con la cabeza escondida tras un libro.

—Un niño come, Víctor —le recordó Bruce a manera de advertencia.

—Claro que sé de esas cosas, Bats...

Pero mientras ambos hablaban Raven se acercó a Depresivo y se sentó a un lado suyo con una distancia prudente.

—¿Qué estás leyendo? —preguntó la chica.

—A Schopenhauer —respondió.

—Tienes buenos gustos, chico. ¿Cómo te llaman?

—Ellos me llaman Melancólico, depresivo, tristeza... me tienen muchos nombres, pero que no pasan de una etiqueta despectiva que les recuerda a sí mismos lo que no deben de ser.

—Para mis amigos soy la chica rara, así que comprendo muy bien lo que dices... insisten en que debo ser más como ellos.

—Los clásicos intentos de la sociedad por normativizar al que sale de sus estándares que obedecen un precepto económico a través de lo político.

Víctor les escuchaba mientras que su rostro poco a poco se contraía en una expresión repulsiva y de cierto temor.

—¡Ni muerto voy a llevarme al niño raro! —exclamó tras llevar ambas manos a su cabeza —¡Ya bastante tenemos con la niña rara!

—Yo puedo quedarme con él si así lo quieren —habló Rachel dirigiéndose a Bruce.

—No —espetó el mayor —no van a vivir a solas.

—Yo me voy de aquí —habló Cyborg quien encaminó sus pasos a la salida. Bruce le despidió con un gesto a sus espaldas.

—Sé que la torre de los Titanes ya no es una opción —continuó la hija de Trigon —pero no veo ningún inconveniente en que se quede aquí. Un Damian triste y uno temeroso no pueden dar muchos problemas estando juntos.

Bruce sonrió y estiró su brazo a la joven titán para despedirla de un apretón de manos.

—Gracias por venir.

—Pero entonces yo...

—Gracias por venir —repitió abruptamente.

—¿No podré cuidarlo?

Batman le regaló una sonrisa de oreja a oreja a la espera que entendiera el mensaje.

—Gracias por venir.

—Eso fue poco cordial —comentó aquel depresivo ser apenas la chica se fue del lugar.

—¿Poco cordial? —cuestionó el hombre murciélago —es poco cordial llegar a ser consuegro de un demonio.

...

Dick y Kory llegaron a casa junto con el pequeño Damian, Grayson para entonces ya había preparado un sinfín de juguetes y juegos por todo el departamento. Damian abrió los ojos en par en par apenas sus pupilas pudieron ver todo lo que por delante tenía.

—Esto... ¡Esto es el paraíso!

—¡Claro que sí! —afirmó el mayor de los Robins con la misma sonrisa de oreja a oreja.

Kory se retiró a su habitación dejándoles solos para que su prometido pudiera divertirse como un niño, y no tener que ver aquel aparatoso show.

...

Bruce por su parte había hecho un campo en su agenda para pasar tiempo de calidad con su hijo, Temeroso.

Ambos habían ido a dar un paseo al parque por aire fresco para salir de la mansión, en donde el pequeño Damian había permanecido aislado, a mezclarse entre la gente como personas normales, padre e hijo.

Damian no le soltaba de la mano a lo largo de todo el trayecto y con su tímida mirada el menor observaba a su alrededor como si todo le pareciese completamente nuevo.

—¿Sucede algo? —preguntó el padre girando hacia su vástago —te siento incómodo.

—No estoy incómodo, es solo que tú nunca habías hecho esto por mi, y yo jamás... había venido a un parque —agregó con la mirada al piso.

—Cuando era niño, mi padre una vez me llevó a volar una cometa al campo y desde entonces nuestra relación cambió, hubo más confianza, fuimos más unidos... y la verdad es que me gustaría que eso ocurriera entre nosotros.

En ese momento un par de niños pasaron cerca de ambos, Bruce les hizo una ligera seña para que invitaran a Damian a sus juegos y los menores aceptaron sin objeción.

—Ven a jugar, tenemos una pelota —habló uno de los niños pero Damian comenzaba a esconderse tras el brazo de Bruce.

—Ve con ellos —animó el mayor —yo te estaré cuidando.

Fue entonces que el pequeño finalmente accedió. Los tres comenzaron a jugar lanzándose la pelota uno a otro, el padre aplaudía y festejaba los tiros de su primogénito.

—¡Muy bien, Damian! ¡Así se hace!

Y poco a poco fue que la sonrisa en el rostro del menor comenzó a aparecer.

—¿Viste, papá? ¡Lo lejos que la puedo llegar! —exclamó.

—Por supuesto que sí, eres un talentoso Wayne.

Los niños jugaron hasta terminar agotados, y hasta que sus padres los recogieron a casa, Damian por su parte se encontraba tan feliz como nunca antes se le había visto.

—¿Cuando volveremos? —preguntó el pequeño aún con la respiración agitada.

El padre tan solo le devolvió una apacible mirada.

—Pronto, muy pronto.

—¿Puedo decirte algo, papá?

Bruce por un instante se mostró sorprendido ante aquello pero finalmente se acuclilló para estar a su tamaño y escucharle atento pero en ese momento Damian le soltó un gran y fuerte abrazo.

—Este ha sido el mejor día de todos.

Los cristales de la personalidad de DamianDonde viven las historias. Descúbrelo ahora