El supermercado

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Eran las once de la mañana cuando Depresivo comenzó a despertar, de todas sus contrapartes, este era el más dormilón. Bostezó y estiró su cuerpo sobre la cama hasta que su pie topó con un gato que de inmediato saltó herizado con un maullido quejoso, mientras que el otro felino que dormía junto a su espalda tan solo se reacomodó para volver a dormir. Selina estaba del otro lado de la cama king size, de igual manera, comenzaba a despertar por el ruido del tráfico de la ciudad.

Selina bostezó y estiró cada músculo de su cuerpo.

—¿Qué vamos a desayunar, niño? —preguntó sentándose al borde de la cama.

—¿Qué te gusta comer? —respondió el menor, a lo que Selina de inmediato respondió girándose hacia él con una mueca de desaprobación en el rostro.

—Si te pregunté no fue para saber que me gusta a mí —. La mujer tomó su cepillo de dientes y agregó sin intención de ser escuchada —esto va a ser un largo trabajo.

—Pero, ¿y si no te gusta lo que a mí?

—¡Qué te valga un pepino! —respondió con la boca llena de pastadental. —Tu opinión también es importante.

Damian, poco convencido aún, respondió casi como quien no lo quisiera.

—¿Pizza?

—¡Niño! —gritó la mujer desde el baño.

—¡Está bien! —exclamó está ocasión con más entusiasmo —¡Se me antoja desayunar waffles con una malteada de chocolate!

—¡Te tengo una buena y una mala noticia! —anuncia la felina con la misma energía —la buena es que vamos progresando, la mala es que no tengo nada de eso en casa.

—¿Vez porque te preguntaba?

—Shhhhh —le silenció de inmediato —que nos vamos de compras.

...

Dick, Kory y su respectivo Damian Alegre; habían amanecido en el sofá de la sala. Después de una noche de maratón de películas en donde palomitas y dulces quedaron regados por el piso.

Kory despertó entre los brazos de su prometido y, al ver el desastre que habían dejado de inmediato comenzó a moverlo.

—Dick, Dick, ya es de mañana. Despierta.

—¿La nana en piernas de quién? —contestó entre bostezos el hombre.

—Despierta, tenemos que recoger este desastre.

Damian abrió los ojos en ese momento.

—Kory, es muy temprano. Déjalo dormir un rato más —respondió el chico volviéndose a acurrucar en su improvisada cama sobre la alfombra.

—Después de limpiar esto podremos dormir toda la tarde si así lo deseas.

—¿Qué importa si está sucio? Nos divertimos, ¿no es así?

—¿Qué? —Kory no podía ocultar la sorpresa en su rostro.

—No te alteres, cariño —continuó Dick —no creo que Damian haya limpiado algo en su vida.

—Oye Dick, ¿no quieres ir a perder el tiempo en el supermercado? Oí que hoy es cuando dan pruebas gratis de casi todo.

—¡Definitivamente no! —de inmediato interrumpió la mujer —primero debemos ordenar la sala.

—Solo serán unos minutos, Kory —dijo el hombre casi como una súplica —además es sólo un niño, déjalo que viva su juventud.

—No lo malcries, Dick. Tiene doce años.

Los cristales de la personalidad de DamianDonde viven las historias. Descúbrelo ahora