El cristal

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—¡Es que no puedo soportarlo! —exclamó Jon inmerso en su momento de ira explosiva mientras no dejaba de dar vueltas por el pasillo. Clark, quien tan solo lo escuchaba en silencio se cruzó de brazos en espera a que el chico se calmase y poder así decir algo —¡Damian es tan irritante.. tan molesto! A veces siento que lo odio tanto... tanto que quisiera...

En ese instante Jon aplastó su puño contra la pared, pero no lo suficiente para provocarle daño alguno. Su padre lo miró con desaprobación, esa mirada dura que hacía atemorizar al pequeño Jon.

—Tu fuerza no debe ser usada en contra de ningún humano bajo ninguna circunstancia, y lo sabes perfectamente.

—Pero papá —lloriqueó el menor —me siento tan frustrado junto a él.

—¡La cena está lista! —llamó Lois desde la cocina —Bajen antes de que se enfríe.

—Dile a mamá que hoy no bajaré a cenar —susurró, pronto su mirada se fué al suelo.

—Jon —el padre puso su mano sobre el hombro del menor —sé lo difícil que es trabajar con un compañero así.

—¡Tú no sabes nada! —Jon reclamó al instante.

—Claro —Clark soltó una ligera risotada —díselo a quien soporta a Batman desde 2015. 

—¿Ahora qué es lo que hizo Damian? —fué lo primero que preguntó la madre tras comenzar a servir la cena.

—¡Siempre quiere que las cosas se hagan a su manera! —contestó, desembocando así el resto de su furia —Todo el tiempo se la pasa insinuando que no sirvo para esto y me trata como si fuese un estorbo para él. ¡Ya no quiero entrenar más con él!

—Cariño, creí que era obvio pero veo que no es así. Damian te envidia, y no soporta que tengas superpoderes... —la mujer se encogió de hombros —y él sea solo un humano más.

—Pues no iré mañana a entrenar —el chico se cruzó de brazos. Lois lo fulminó con la mirada.

—Jon, no empieces.

—¡No puedes obligarme! ¿Qué tiene de especial él? 

—Él puede ayudarte tanto como tu puede hacerlo con él —contestó Clark —ambos tienen tantas cosas por aprender... como llevarse bien por ejemplo.

—No tendría que llevarme bien si él no existiera —reclamó.

—Pero existe —fué la última palabra de la madre.

"Si no existiera" Fueron las palabras que acompañaron los pensamientos de Jon por toda la noche, e incluso el amanecer cuando se quedó unos cuantos minutos extras en su cama, solo pensando en alguna magnífica idea de lidiar con su problema y esta no tardó en aparecer.

—¡A desayunar! —llamó su madre como era costumbre.

Jon bajó con una especial sonrisa en los labios y una alegría maligna que en mucho tiempo no había sentido.

—¡Buenos días, mamá! —saludó con un tonito cantarín mientras con movimientos rítmicos se disponía a servirse un poco de leche.

—Se te hará tarde, apúrate.

—Lo tengo todo bajo control.

Y siguiendo así su propio tatareo salió en dirección a su escuela que no quedaba a más de tres manzanas de distancia. Cuando finalmente se llegó la hora del entrenamiento, no pudo existir fuerza sobrenatural que pudiera detenerlo en su camino. Entre sus dedos llevaba una extraña gema que en alguna misión junto a su padre había encontrado.

Los cristales de la personalidad de DamianDonde viven las historias. Descúbrelo ahora