Ese día Bash estaba demasiado feliz como para que nada le molestase. Porque aquel era el día en el que hablaría con la chica del café. Aunque ya sabía su nombre no podía evitar pensar en ella con ese nombre, y la seguiría llamando así, porque era el único que podía llamarla así y eso lo hacía sentir que eran algo, que tenían algo que el resto del mundo no podía tocar.
Pero cuando Bash, feliz y sonriente, entró en el 13 y vio a la chica del café, recogiendo su libreta con lágrimas en los ojos, supo que por mucha suerte que hubiese tenido en ese café, aquel día se la estaba devolviendo.
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13.
Short StoryCuando alguien pronuncia las palabras ''mala suerte'' la gente suele pensar en gatos negros cruzando aceras, cristales rompiéndose, paraguas abriéndose y, como no, en el famoso número 13. Pero ni Bash ni Sky se encuentran entre esa gente y es que cu...
