[Jungkook]
En lo que me terminé de arreglar, Jimin y Taehyung se las habían apañado para preparar un desayuno decente. Deduje que la mayoría del mérito la tenía el enano ya que las habilidades culinarias de Tae era nulas. Comimos y tras preparar mi mochila, salimos en dirección a... paradero desconocido, ya que Jimin se negaba a desvelarme el destino, y Tae... Tae lo único que sabía era que la persona con la que habíamos quedado era Hoseok. Yo no le conocía, pero al parecer él sí, porque no paraba de repetir cada dos segundos las ganas que tenía de verle de nuevo.
- ¿Quién es ese tal Hoseok? -Terminé preguntando curioso a Jimin. Acabábamos de montar en bus y el rubio orejudo estaba distraído mirando por la ventana como si el paisaje al otro lado del cristal fuese lo más interesante del mundo.
- ¿Jhope?
Puse los ojos en blanco. "Otro que tiene un apodo horrible..."
- Supongo. El chico del que no para de hablar Tae.
- Era vecino mío antes de que se mudase hace unos años. V le conoció hace unos meses y parece haberle cogido mucho cariño.
En ese instante, como si una alarma le hubiese avisado, el rubio se giró hacia nosotros entusiasmado.
- ¿Estáis hablando de Hobi? ¿Falta mucho para llegar, Jimin? Me aburroooooo.
- Le contaba a Jungkook de que nos conocíamos Jhope y yo. Y sí, queda mucho. Duérmete un rato anda.
Tae hizo un puchero y frunció el ceño. De verdad que a veces podía pasar perfectamente por un niño pequeño. Jimin se rió al ver su expresión.
- ¿Quieres cambiarme el sitio y quedarte tú de pie?
Negó con la cabeza y volvió a distraerse mirando por la ventana. Al ser los asientos de dos personas, uno de nosotros había terminado quedándose de pie. Ese uno era Jimin. En cierto modo me alegraba, pues si no hubiera sido por él ahora podría estar tumbado en mi cama descansando. Maldito enano entrometido...
Pasaron varios minutos sin que nadie dijese nada. Taehyung había terminado por dormirse, y mientras tanto yo me entretuve con el móvil. Jimin parecía perdido pensando en sus cosas. Le eché una mirada y un sentimiento de culpa comenzó a aparecer. El enano llevaba casi media hora de pie sin quejarse. Me puse en pie y le golpeé ligeramente en el hombro para llamar su atención.
- Siéntate un rato.
- No hace fal...
- Que te sientes - Le interrumpí a la vez que le empujaba sobre el asiento. Me sonrió y yo aparté la mirada molesto.
- Gracias Jungkook.
"Al menos no me ha llamado por ese ridículo apodo suyo"
- No hay de qué.
Cogí el móvil y comencé a jugar a un juego que me había descargado días atrás, el cual consistía en matar zombies. Sí, era muy poco original, pero eso no impedía que estuviese completamente enganchado. Como en esta ocasión tan solo podía usar una mano, pues la otra la utilizaba para agarrarme a una barra, no paraba de perder partida tras partida.
- No no no no... ¡ahí no! mierda...
- ¿Kookie?
Bufé y puse los ojos en blanco antes de mirarle.
- ¿Qué quieres? Estoy ocupado.
"Estoy ocupado intentando ganar una maldita partida, así que no me molestes enano entrometido."
- Ven.
Sin darme tiempo a responder me agarró del antebrazo y dio un tirón de este colocándome sobre sus piernas. Tuve el impulso de pegarle un codazo y levantarme, pero debió anticipar mis intenciones y me sujetó ambos brazos por detrás.
- Así puedes usar las dos manos para viciarte a lo que sea que tengas en el móvil.
"Oye, pues no era tan mala idea. Los dos estaríamos sentados y yo no tendría que desperdiciar más partidas" Relajé los hombros y volví a pulsar el botón de inicio del juego.
- Está bien - Respondí sin apartar la mirada de la pantalla. Se notaba el cambio de nivel al añadir otra mano.- Pero como se te ocurra hacer alguna de tus bromas estás muerto.
- Descuida.
Sonreí y me olvidé de él en todo lo que quedó de camino. Ni siquiera me percaté de que en un momento del trayecto había acabado por agarrarme de la cintura para sujetarme mejor.
"Estos juegos te emboban Jungkook"
Despertamos a Tae y pulsamos el botón de parada. Cuando bajamos observé mi alrededor desorientado.
- ¿Aquí vive Hoseok? ¿Vamos a ir a su casa? - Pregunté intrigado.
No había edificios, todo eran viviendas individuales enormes y bastante lujosas. Se notaba a primera vista que era un vecindario de dinero.
- No exactamente.
Comenzó a andar y Tae y yo le seguimos. Mientras caminaba me fijaba en cada detalle a mi paso. Todo estaba tan limpio y bien cuidado. Mi barrio en comparación con este parecía un vertedero. Giramos varias esquinas hasta detenernos frente a un local bastante lujoso. No tenía ninguna señal que indicase de que era, tan solo se podía ver un cartel en el que ponía "Chrysalis" en grandes letras plateadas. Jimin golpeó con los nudillos la puerta antes de abrirla y asomar la cabeza.
- ¿Hope?
- ¡Estoy aquí! ¡Entrar!
Tae al escuchar la voz de su amigo apartó a Jimin y se coló en el local corriendo. Jimin suspiró, negó con la cabeza varias veces y terminó abriendo la puerta de par en par, sujetándola con una mano para que yo entrase. Una vez en el interior del local enmudecí y abrí los ojos asombrado.
Era enorme. Pero enorme lo que se dice ENORME. Y estaba completamente despejada. Paredes blancas a excepción de la del fondo, que estaba cubierta por un imponente espejo. También podía divisarse un altavoz fijado en la pared de cada esquina. Todo estaba tan limpio y reluciente que me daba apuro tan solo respirar.
- ¡Hobiiiiiii!
La voz de Tae me sacó de mi ensoñación. Me giré hacia él para ver como se dirigía corriendo hacia un chico que acaba de salir de un pequeño cuarto. El desconocido consiguió cerrar la puerta antes de que el rubio saltase sobre él aprisionándolo en un afectuoso abrazo. Fruncí el ceño. En mi caso habría apartado a Tae con una patada para liberarme y poder respirar, pero el chico de pelo negro tan solo rió y correspondió su abrazo. Cuando se separaron, este se acercó a mí sin borrar la sonrisa de su cara, era tan contagiosa que le terminé respondiendo con otra igual.
- Tú debes ser Jungkook - Me tendió la mano y se la estreché.- Pensé que no vendrías. Tae me aseguró que te quedarías durmiendo en casa.
- E-eh, bueno...
"Maldito Tae. Qué narices vas hablando de mí por ahí."
- En cualquier caso me alegro de que estés aquí. Yo soy Hoseok. O Jhope. Llámame como más te guste. - Agrandó la sonrisa y me colocó una mano en el hombro, presionándolo amistosamente. No me molestó en absoluto. Este chico transmitía una sensación tan agradable que costaba dejar de mirarlo.
Para compensar la situación apareció Jimin por mi espalda. Apartó la mano de Hoseok de mi hombro distraídamente y apoyó el brazo en su lugar. No tardé ni dos segundos en apartarme. Hoseok siguió la conversación como si nada.
- Sentaros donde queráis. Y no dudéis si queréis uniros en algún momento.
Ladeé levemente la cabeza confundido por sus palabras. Él se dirigió hacia el banco y comenzó a toquetear la pantalla de su Ipod. Tae ya estaba sentado en el suelo, de espaldas a la pared sin espejo, con las piernas cruzadas y una mirada expectante, como si fuese a ver un espectáculo. Al parecer yo era el único que no tenía ni idea de que hacer. Antes de que Jimin pudiese irse con Hoseok, le agarré de la sudadera y atraje de nuevo hacia mí.
- ¿Me explicas de una vez lo que ocurre?
Él se rió haciendo que sus ojos se achinasen aún más.
- Esta sala es de los tíos de Jhope, aunque él es el único que la usa. Solemos venir a ensayar aquí.
- ¿Ensayar?
- Baile.
"¿Baile? ¿El enano baila?" Vale. Tampoco era tan raro que le gustase bailar. Lo que seguía sin entender era mi presencia en ese lugar. Los únicos pasos que yo sabía hacer eran los que daba todas las mañanas de la cama al salón y viceversa.
- ¿Y qué pinto yo aquí?
- No sé. Solo quería que vinieras.
Se encogió de hombros y fue hacia Hoseok antes de que pudiera decidir internamente el cómo tomarme sus palabras. Decidí dejarlo pasar y disfrutar del momento. Ya que había venido hasta aquí, no iba a echar el día a perder. Me senté junto a Tae, apoyandola espalda en la pared y esperé intrigado a que comenzasen. Escogieron la canción y Hoseok le tendió el Ipod a Tae, dándole instrucciones de cuándo y dónde debía darle al "Play". Seguidamente se colocaron en medio de la sala de cara al espejo. A pesar de que nos daban la espalda podíamos verles reflejadosen el cristal. No me di cuenta de lo pendiente que estaba de Jimin hasta que nuestras miradas se cruzaron y me guiñó un ojo con una divertida sonrisa.
Seguidamente la música, procedente de los altavoces, inundó la sala.