ATANEA: X

2K 219 164




Capítulo 10: La amazonia pura.

Finn aparcó suavemente en un espacio tapado por hojas pegado a la torre oculta.

Apenas se detuvo la rueda, salí disparando hacia afuera para apreciar el paisaje; me quedé boquiabierta mirando hacia la copa de los arboles que se cerraban en el cielo casi impidiendo el paso de los rayos de sol. Los pájaros volaban de aquí para allá. Alcancé a ver a un roedor escondiéndose entre la hierba y adentrándose en la selva cuando en ese instante un enorme bicho volador se posó en mi brazo.

En mi brazo.

Estallé en gritos agitando cada extremidad de mi cuerpo. Me detuve una milésima de segundo y reparé en que el insecto había salido volando. Acto seguido, todo mi cuerpo empezó a picar.

Capté que Theo se cruzaba de brazos apoyándose en el Wrangler, con una enorme sonrisa en el rostro, claramente riéndose de mí.

Mike lo imitaba un poco más allá, y Finn seguía con un semblante serio bajando las maletas del coche.

Al cabo de un momento, una alta mujer mulata apareció a través de una camuflada puerta de la torre; debía medir al menos un metro ochenta, tenía el cabello negro anudado en una larga trenza que le llegaba a las caderas, y unos grandes ojos color miel que se posaban en mí fijamente.

Se acercó hacia nosotros con  movimientos felinos; parecía una auténtica pantera moviéndose en la selva.  Estaba tan atónita debido a su intrigante apariencia, que no me di cuenta cuando ya se arrodillaba frente a mí.

—Princesa Claire, bienvenida sea a la Torre hummons de la amazonia —anunció mirando el suelo, luego alzó sus grandes ojos casi amarillos—. Soy Texa, soldado del reino Séltora. Estoy aquí para el apoyo de su cuidado esta noche en la Torre, antes emprender rumbo a mi reino mañana.

Era una mujer imponente de semblante duro; ningún hombre común se atrevería a desafiarla. Incluso, hasta me daba un poco de miedo.

—Gracias Texa —me limité a decir, aún asombrada.

Eché una rápida mirada a Theo y a los demás; y la risa había desaparecido de sus caras.

Justo en eso, noté que un extraño leopardo salía de la misma puerta de la que había salido Texa; era un guepardo, pero en tonos dorados más fuertes de lo que jamás había visto, de tamaño tan grande que su lomo me llegaba a la cintura, y con dos colmillos se asomándose desde el labio superior de su boca. Un felino extraordinario y majestuoso.

—El es Inago, una especie perteneciente a la fauna de mi reino. —explicó calmada, con sus brazos rectos a cada costado de su cuerpo—. No tiene por qué preocuparse ni tener miedo, es una especie muy inteligente y leal; sabe exactamente qué hacer en caso de peligro, lo cual en este caso en particular, sería protegerla —explicó firmemente, tal como un soldado lo haría frente a un general.

Casi no presté atención a lo que Texa parloteaba. No pude resistir la tentación de acercarme a esa hermosa criatura; el felino me recibió con una postura amable, acaricié su dorso con la punta de mis dedos, lo que respondió placenteramente.

Un animal hummon; lo más fantástico que había visto desde que esta locura había comenzado. Mi corazón se derretía por los felinos, no podía explicar lo maravillado que estaba mi corazón ante la presencia de esa majestuosidad.

Comenzaron a caminar hacia la puerta oculta de la torre. Sentía mi ropa pegada al cuerpo y la frente sudorosa. Podía prácticamente inhalar el cien por ciento de humedad que existía en aquel aire.

—¿Puedo dar una vuelta? Solo alrededor de la torre... Por favor. —Miré a Theo con ojos de suplica. Necesitaba inhalar más de ese paisaje, comérmelo con los ojos.

ATANEADonde viven las historias. Descúbrelo ahora