ATANEA: IX

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Capítulo 9: Camino a la selva.

Mi cuerpo descansaba plácidamente sobre el asiento de primera clase que nos llevaba directamente hacia Brasil, sin embargo, mi mente seguía en shock por lo ocurrido con Brandon.

Recordaba cada una de las veces que lo había besado, abrazado e incluso aceptado ser su novia. De mi garganta surgían náuseas potentes y ganas de vomitar que aumentaban cada vez más.

Era de noche pero no tenía posibilidad de pegar ojo. Horas atrás había tenido uno de los peores momentos de mi vida; los hummons casi me habían atrapado, lo que hubiese sido una muerte segura.

Theo iba en silencio a mi lado. Desde lo ocurrido con los lumbianos, estaba más callado que nunca.

Nuestro recorrido aéreo fue prácticamente en silencio; me echaba una ojeada cada cierto rato, pero siempre con sus ojos pardos llenos de culpa, y luego se pasaba la mano por el pelo demostrando su frustración.

Intenté conversar sobre temas sin importancia para distraerlo, pero la mayoría de las veces se limitó a responderme con una pequeña sonrisita que no llegaba a sus ojos.

No quería verlo así, lleno de culpa. Extrañaba al Theo que se pavoneaba con su ego, que tenía sonrisas burlonas y me dedicaba miradas seductoras.

―Vale, tienes que superarlo ya ―le expresé firmemente.

―¿Superar qué? ―preguntó apenas con un susurro, sin quitar la vista del asiento de adelante.

Le lancé una mirada severa, como diciendo "tú sabes qué".

―No puedo, Claire. Juré a mi reino que no te fallaría ―dijo, mirando sus largas manos.

Dios, incluso frustrado se veía irresistible.

―No lo hiciste, me salvaste, salí sin ningún rasguño. ―Apoyé mi mano en su brazo con suavidad―. Theo, tienes que dejar ir esos pensamientos de culpa. Tú eres quien me cuida directamente contra todo un reino que nos persigue, jamás me había sentido tan segura en toda mi vida. ―Le dediqué una sonrisa de satisfacción, aunque no del todo sincera, ya que por supuesto, me sentía mucho más segura antes, cuando no estaba enterada de todo este disparate.

―No te hagas mi psicóloga, princesa. ―Me enseñó una de sus sonrisas sexys. «Al fin esas sonrisas otra vez.» Mantuvo su mirada sobre la mía unos segundos―. No te volveré a fallar, Claire.

―Lo sé ―respondí apoyando mi cabeza en su hombro. Su cómodo y varonil hombro.

Theo no se movió ni un solo milímetro, no pude ver su expresión, pero me percaté de que juntó sus grandes manos.

Mis ojos se hicieron cada vez más pesados mientras observaba como jugueteaba con sus manos y luego de unos minutos, por fin pude conciliar el sueño.

Aterrizamos en Manaos. Theo empujaba un carro con todas las maletas y yo caminaba a su lado muriendo de sueño.

Había dormido todo lo que quedaba de trayecto sobre su hombro, a pesar de tener un cómodo asiento de primera clase solo para mí.

Caminamos hacia la salida donde nos esperaba un hermoso Wrangler plateado con dos hombres mirándonos expectantes, supuse de que eran hummons.

―Mi padre envió un mensaje diciendo que nos enviaban apoyo para estar en la selva ―susurró cerca de mi oído y puso los ojos en blanco, evidentemente molesto―. Como si lo necesitara. Si crees que yo exageré con mi frustración, no te imaginas como se puso el alto mando al enterarse de que casi te atrapan.

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