Capitulo 10.

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Al salir del hospital nos dirigimos a buscar esa cosa tan importante para el trabajo de Tsuzuku, no había nada fuera de lo normal, o tal vez todo estaba demasiado tranquilo en ese momento, sólo había una cosa que llegaba a ser molesta en ese entonces. . Esa sonrisa de idiota que Tsuzuku traía consigo, no podía ni siquiera verlo, no es que me incomodara o asqueara, sólo que por algún motivo mi corazón se aceleraba y mis mejillas simplemente ardían como si estuvieran puestas en lava, quién diría que una tonta decisión me afectaría tanto, pero al momento de hacerlo, sentí como si mi vida dependiera de ello, mientras que en mi cabeza no paraba de resonar la voz de mi hermano, la cual me repetía mil veces que debía tomar en cuenta los sentimiento de Tsuzuku aunque sea un poco. Suspire de un momento a otro, sólo dando leves golpecitos en mi cabeza, tenía que dejar de pensar tantas tonterías en ese momento y sobre todo debía dejar de pensar en el momento en que acepte su propuesta. . ¿Pero que manera más infantil de aceptar fue esa? ¿Qué demonios era? ¿Una niña de siete años? Si que era una completa tonta.

— ¿Qué pasa?.— Me pregunto Tsuzuku al llegar a uno de los semáforos, donde se detuvo al estar esa típica luz roja.

— Sólo pensaba, como siempre.— conteste, intentando sólo parecer la misma de siempre, olvidando mis preocupaciones un momento.

—¿Qué pensabas?.— Pregunto, acercando su dedo a índice hasta mi mejilla, poco antes de que aquella luz cambiara a verde y Tsuzuku dedicara toda su atención hacia el frente de nuevo.

— En todo. . Lo del médico, el enorme discurso de Ryuta y. . So-sobre nosotros.— Confesé sin más.

— Eh. . A todo esto ¿Que cosa tan impactante de dijo Ryuta?.— Pregunto.

— ¿Cosa impactante?.— Por un momento le mire, parecía ciertamente tranquilo, pero ante todo lo que paso supongo que sospechaba sobre que Ryuta "le había echado una mano" de cierta forma.

— Tuvo que haberte dicho algo muy serio para que corrieras a mis brazos a aceptar mi propuesta sin siquiera hacerte la difícil.— Dijo con cierto tono dramático, joder si no estuviera conduciendo lo golpearía.

— Sólo dijo que se arrepentía de muchas cosas.— Comente.

—¿Y?.— Canturreo, prácticamente exigiendo de que contara más.

— Y que no se había dado cuenta hasta estas alturas.— Proseguí, esperando que no siguiera con su insistencia.

— ¿Y que más?.— Pregunto, deteniendo el auto en frente de un edificio.

— ¿En serio tengo que contarte?.— Pregunte.

— Realmente quiero saber.— Respondió, colocando esa típica cara de cachorro herido.

— Tal vez me dijo de manera indirecta de que tenía que tomarme enserio las cosas contigo, fin.— Dije, desviando mi rostro y mirada hacia la ventana.

— Debo hacerle una estatua por eso.— Dijo entre risas, tomando mi brazo y tirando de este para así, luego abrazarme.

—No seas bobo.— Murmure, sólo hundiendo mi rostro en su cuello.

— No tienes idea de lo feliz que me hace el que estés conmigo finalmente Himeri.— Susurro cerca de mi oído, causándome escalosfrios.

— No lo se.— Susurre.— A decir verdad no es que sepa mucho sobre ti.

Esto era tristemente cierto, a pesar de todo no sabía mucho de Tsuzuku o tal vez simplemente no fui capaz de acordarme.

— Eso tiene solución.— Dijo, besando mi mejilla.

— Lo se.— Dije, sólo alzando mi rostro para así poder verlo de mejor manera, pero al notar ese rostro tan alegre y lleno de ternura no hice más que desviar mi mirada.

『Dulce y peligroso camino de espinas』¡Lee esta historia GRATIS!