Capitulo 1.

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No soy una buena persona, he lastimado y herido a miles, así como también me he lastimado a mi misma, mi estado depresivo ha acabado conmigo estos últimos años, hasta el punto que internarme en un psiquiátrico entro entre las ideas de mi hermano ante la desesperación que suelo causarle diariamente, pero no entremos en detalles innecesarios y dejen que me presente como es debido.

Me llamo Himeri, actualmente poseo dieciocho años, en los cuales seis eh vivido de un psiquiatra a otro, buscando una cura para mis extraños trastornos, los cuales nunca descubren ¿el por que? Muy sencillo, no deseó que lo hagan, se que soy un monstruo, ¿pero para que dárselo a conocer a los demás? Según yo, no vale la pena, después de todo sólo sentirían lástima y este es el peor sentimiento que puedes sentir por alguien, pero este sigue sin ser el punto, del por que vengo a contarles esto, ya que sólo he venido a contarles una historia, de como conocí a mi mejor amigo, aquel hombre que fue tanto mi pesadilla como mis sueños.

Todo sucedió un 25 de abril, ese día me levanté temprano, justo a las 8:00 a.m, algo extraño para mi, pero daba igual, para despertarme al completo y dejar de estar adormilada, encendí mi reproductor y ahí estaba sonando esa canción "A Nice Place To Visit" de Aesthetic Perfection. Al ritmo de esta fui hasta el espejo de mi habitación, este donde me podía ver cuerpo completo, para así observar el desastre que era, mi piel pálida, casi como la de un muerto gracias a que hace meses no salía de casa, mis ojeras bien marcadas por mis recurrentes desvelos, el cabello negro hasta los hombros que sólo peinaba cuando me acordaba de su existencia y mi casi esquelético cuerpo, debido a mi pésima alimentación. Eso era lo que veía todos los días, era lo usual, así que sólo me sonreí a mi misma en el espejo, tal y como un saludo por mucho que no estuviera a gusto con mi situación o cuerpo. Sin más seguí con mi rutina de la mañana, fui al baño, cepille mis dientes, salí de ahí y volví a mi habitación, tomando mi teléfono, para ir directo a Facebook y ver cual de mis contactos estaba a esa hora, de cual de mis pocos contactos no había nadie interesante aquella mañana, así que simplemente deje el móvil a un lado y me acurruque en mi cama, planeando dormir obviamente, ya que la noche anterior estuve jugando vídeo juegos hasta las 4:30 a.m.
Con mis párpados cerrados y ya casi cayendo ante el sueño, me acurruque un poco más en mi cómoda cama, pero justo en ese momento, mi odioso hermano Ryuta, abrió la puerta de mi habitación.

- Himeri, baja, ven a desayunar conmigo.- Dijo este en lo que se acercaba y sentaba en la orilla de la cama.

- Vete al demonio.- Le conteste, cubriéndome con las mantas hasta por encima de mi cabeza.

- No seas asi, vamos, tal y como cuando éramos niños y desayunábamos todos juntos.-

Sus palabras me resultaban chocantes y molestas, sabia que era mi hermano, una parte de mi lo quería, pero hace tanto sentía tanta repulsión hacia el sin motivo, el solo verlo a el y a su perfecto ser sin problemas, esa manera en que fácilmente podía sonreír en las mañanas e ir al "mundo exterior" dejándome todo el puto día sola en casa, fingiendo que nada malo pasaba en su vida, me resultaba del asco.
De reojo lo mire, con esa tan nauseabunda apariencia, su estilo elegante, siempre le veía muy bien arreglado, con una corbata diferente cada día y su cabello negro, peinado hacia atrás y aplastado con kilos y kilos de gelatina para peinar, me resultaba tonto y más después de todos esos años que había pasado junto a metaleros realmente geniales y hasta tenía su propia banda, pero no el señorito decidió sentar cabeza y sentirse especial al ser once años mayor que yo.

- Largate de mi habitación.- Dije, volviendo a acurrucarme.

- Himeri. . Eh dicho que vengas a desayunar.- Dijo este, tratando de hacerme cosquillas tal y como éramos niños.

- De-déjame.- Le grite intentando apartarlo de mi, hice de todo, le di uno que otro golpe suave, no quería lastimarlo, pero mi paciencia consta de un 0,5% según las estadísticas, así que termine mordiendo lo, no con mucha fuerza pero lo suficiente como para dejarle una marca visible pero no duradera.

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