Capítulo 6

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La suerte hace unos días que estaba en mi contra, mis emociones pasaban de un estado a otro sin control donde el miedo y la curiosidad ganaban por goleada y sin poder hacer nada por evitarlo.

La zona que tenía que atravesar sería la más dura, donde no encontraría alimentos, ni agua, donde los animales más salvajes se escondían, donde los rayos de sol no se atrevían a entrar con miedo de no salir jamás.

Antes de entrar en la zona, me hice con alimentos del lugar como moras silvestres, plantas utilizables y todo tipo de frutos del lugar, llene las dos cantimploras que traje de agua del río y me dirigí al bosque maldito.

Todo estaba oscuro, tuve que andar a tientas, las ramas y hierbas se me enredaban en los pies, sonidos extraños resonaban a través del bosque, sería los animales ocultos, no quería pensar en nada extraño, bastante tenía con mi novio, mi vida había dado un vuelco de ciento ochenta grados.

Sentía cansancio, sueño, pero lo último en lo que pensaba era en descansar, el lugar era demasiado tenebroso para pensar ni siquiera en hacerlo, si al menos existieran cuevas o algún escondite inadvertido, me lo pensaría.

Oía el sisear de las serpientes y la sola idea de tumbarme me aterraba, sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo y si era fuera de allí, mucho mejor.

Mi cuerpo temblaba mientras atravesaba lentamente y sin parar el bosque, cualquier sonido me sobresaltaba, mi corazón latía a mil por hora.

Decidí parar un poco a comer algo y descansar bajo un enorme árbol, me apoye en el tronco, bebí un trago de agua que me calmo la sed, comí unas bayas para quitarme un poco la sensación de hambre, cerré los ojos un instante, de repente me desperté, algo había rozado mi mano, miré sin apenas moverme ni respirar, no sabía lo que podía haber cerca. Una boa reptaba cerca mi mano, tenía la suerte de que aún no me había picado, temía moverme porque cualquier movimiento brusco podía asustarla y morderme. Mire alrededor, por si encontraba alguna rama y poderme librar del animal.

Coloque la rama despacio al lado de mi pierna, bajándola lentamente, rozando un poco a la serpiente para dirigir sus pasos hacia la rama y no hacia mi pierna, gotas de sudor caían por mi frente, tenía miedo, sabía que era una de las venenosas. Después de una larga espera, al fin, lo conseguí, la aparte de mi cuerpo lentamente y aparte la pierna, seguidamente la lance lejos con todas las fuerzas de las que fui capaz.

Mi corazón estaba acelerado, todo mi cuerpo temblaba, todavía sentía el susto en el cuerpo.

Me incorpore como pude, sentía nauseas, la brusquedad con la que me levanto hizo que me mareara y cayera de rodillas contra el suelo, vomite y me volví a levantar.

Trate de calmarme, bebí un poco de agua para quitarme el sabor a vómito, me sentía sucia y hambrienta, pero no quería comer ahora, lo que daría por encontrar un lago donde darme un buen baño.

Seguí caminando, el descanso me había venido bien, esperaba no tener más sustos, aunque tampoco debía fiarme, debería estar más alerta. Era una carrera a contrarreloj contra la muerte.

Debía darme más prisa si quería salir con vida de allí. No entendía como había llegado a esta situación, era de locos, nada tenía sentido, ojala fuera una pesadilla, un mal sueño, donde solo tenía que despertar y todo sería normal.

¿Habrá sido toda la vida mi novio así? ¿Por qué no me había dado cuenta antes de lo que estaba pasando? ¿Mi novio era un monstruo? miles de preguntas me golpeaban el cerebro mientras andaba a hurtadillas, mirando bien por donde pisaba.

Los ruidos me estaban volviendo cada vez más paranoica, no sabía de dónde procedían y de que eran, no se veían animales por ningún lado.

Me sentía aterrorizada pero debía continuar, esto era mejor que estar al alcance del monstruo, comí algo, sino desfallecería, el pelo era una maraña de enredos, me hice una coleta.

Cuando tenía pensamiento de abandonar pensaba en lo que me quedaba por vivir y me daba fuerzas para continuar.

Comencé a tararear una canción en mi mente para dejar escapar los pensamientos negativos, nada me iba a vencer, había perdido la batalla pero esta guerra era mía.

No tenía muchas opciones, fuera quedaron los sueños por un espacio corto de tiempo, mis únicos pensamientos eran el presente y como escapar de una muerte segura.

El bosque cada vez era menos transitable, las raíces y hojas impedían el paso haciendo que tropezara una y otra vez, eso no me impedía, los sonidos estaban más presentes que nunca, más amenazadores, tenía la sensación de adentrarme al peligro sin poder evitarlo.

No sabía con qué podía encontrarme, había perdido la noción del tiempo, no sabía si era de día o de noche, las pilas de la linterna no durarían eternamente.

La fuerzas me vencieron, caí y ya no pude levantarme, me acurruque un instante rezando para que no tuviera ningún susto, pero el cansancio era más fuerte, atravesar ese bosque estaba siendo una tarea dura.

Desperté de repente sin saber realmente cual era el motivo, todo estaba en calma, demasiado diría yo, ningún ruido, absolutamente el más terrorífico silencio, no pintaba nada bien, me puse alerta, intente captar algo, cualquier sonido, daba igual, tanto silencio no era normal.

Di unos pasos vacilantes, las hojas crujieron bajo mis pies, me asuste, miré al fondo y no sé si eran alucinaciones mías pero me pareció percibir un par de ojos amarillos, negué con la cabeza y seguí caminando, pero alerta, había sombras que se movían, cada vez estaba más asustada.

Me paralice, notaba como si alguien me estuviera observando, mire alrededor alumbrando con la linterna, no vi nada, continué avanzando, mi cuerpo temblaba, mi corazón lo sentía acelerado. Todo podía pasar y por mi mente pasaban miles de teorías de lo que podía ocurrir haciendo que miedo se acentuará, tu que frenar esos pensamientos, y comencé a cantar bajito, tan bajito que era como un susurro.

Continué caminando, sin saber con lo que me encontraría, motivada por salir de allí lo antes posible sin mirar atrás, me sentía observada, esa sensación no se iba y cada vez me sentía más nerviosa.

Unos ojos amarillos danzaban por la espesura del bosque vigilando los pasos de la incauta, no se acercaba demasiado, no quería ser descubierto, no era animal, tampoco humano, tal vez era mezcla de los dos, no quería atacarla, al menos, aún no.

La humanidad había dejado de creer hacía mucho tiempo es seres sobrenaturales, solo los niños con su bullente imaginación eran los que aún creían en hadas, en animales extraños, en brujas, demonios y toda clase de seres.

Algunos no eran malos, pero no era como los pintaban los cuentos, te podías sorprender, la apariencia más terrorífica podía ocultar algo bueno, no todo era lo que parecía.

Solo algunos llevados por el más bajo de los instintos si era lo que aparentaba ser.

Los sentimientos como odio, furia, miedo, dolor, se entremezclaban, algunas veces dándome fuerzas, otras haciendo decaer mi ánimo. A veces el miedo me paralizaba o el odio me hacía seguir con una determinación que más quisieran otros.

Deberíamos aprender a enfrentarnos al miedo, tener un botón que nos diga que hacer en esas situaciones, la mayoría de la gente no está preparada para esas situaciones.

No éramos malos, éramos seres incomprendidos, nos echaron de nuestro territorio y comenzamos a vagar por tierras hostiles, nadie nos quería cerca, causábamos miedo, a gente huía. Aprendimos a defendernos.

Solo la gente elegida podía ayudarnos y formar parte de nuestra familia, no sé qué tenía ella, pero tenía la intuición que podía ayudarnos, sabía que huía de uno que igual a nosotros pero yo sabía que no era igual a nosotros, había una diferencia, él era malvado, no eligió ser como nosotros y se dejó influir por el mal, de momento la protegería, ya llegaría el momento de poder hablar con ella.



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