NATALIE

Cielos...

Los ojos de Nick, oscuros como la noche, se ciernen en mí.

Avanza a paso decidido dentro de la ducha hasta que su boca se cierra en la mía y el agua comienza a caer también sobre él.

La ducha nos moja a ambos, mientras recibo el cálido y delicioso beso de Nicholas Jefferson. Sus dedos se enredan en mi cabello, sus pectorales macizos se presionan contra mis pechos desnudos, provocándome un intenso estremecimiento al sentir el tacto de su cuerpo musculado contra mis pezones.

Lo recibo sin siquiera pensarlo. Por instantes, una ligera y opaca voz en mi cabeza me advierte apartarlo, que todo está demasiado mal, sin embargo, me resulta imposible marcar distancia alguna...

Es difícil salir del fuego una vez que las llamas te están consumiendo.

Nick muerde mi labio inferior y tironea de él. Mis manos no se animan a tocarlo, pero las suyas me aferran a su cuerpo con una firmeza admirable; se deslizan de mi cabello a mis hombros, recorriéndome así la espalda y deslizándose por mi cintura.

Cuando están a punto de llegar a terreno prohibido, se detiene. Nos quedamos un momento con la frente de ambos apoyada en la del otro, mientras el agua continúa deslizándose al son de nuestros suspiros de éxtasis.

Él es el primero en reaccionar, girándose y buscando el jabón que me obligó momentos antes a dejar. A continuación, él se retira de la ducha dirigiéndose hasta el gabinete encima del lavatorio de donde extrae una esponja sellada. Se deshace del paquete y me la pasa.

Evidentemente tiene experiencia visitando este tipo de lugares.

Y de solo pensar en su extenso prontuario de experiencia sexual, una chispa de interés y otra de amargura se encuentran en mi interior.

—¿Me ayudas?

Él sabe que, en mí, su pregunta tiene efecto de imposición.

Otra vez dentro de la ducha, se ubica de espaldas delante de mí y retrocedo para que el agua caiga de lleno sobre él.

Por el Ángel, este adonis es maravilloso...

Haciéndome cargo del jabón, lo deslizo por sus hombros. Los músculos se marcan con un tinte irresistible. Quisiera morderlo. Enjabono así sus omóplatos, los músculos de su cintura, sus brazos. El agua cae haciendo juego con el jabón e introduzco la esponja haciendo que la espuma se deslice en todo su cuerpo.

Mientras más hago descender el jabón, más me encuentro con su cintura...

Él se sostiene de pie, inquebrantable delante de mí.

Y es al momento de llegar a su hermoso trasero que mi corazón se desboca.

Intento enjabonar sus glúteos, sin embargo, a mitad del proceso, él se ubica de costado y me encuentro con su enorme miembro viril enaltecido como una roca impuesta, ambiciosa, que me despierta un frenesí desquiciado.

Ver el agua rozando alrededor de su pene me deja extasiada. Él lo asoma, en una incorrecta propuesta.

Yo acepto.

Me tomo el trabajo de obligarlo a concluir de darse la vuelta y mis labios se separan de manera instintiva.

El agua caliente cae a mi espalda, sin embargo, Nick la cierra. A mi tampoco es que me moleste puesto que me deja el área más libre.

Su pene rodeado de gotas de agua y motas de jabón queda erecto delante de mis labios. Mis manos se cierran alrededor de sus glúteos duros y exquisitos exigiéndolo así a acercarse y recibirlo en el interior de mi boca.

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