El fin del tráfico de armas

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Frederick conversaba con Yuki, el silfo había planteado los riesgos que conllevaba aquella operación, la información que esta vez planteaban sus informantes, sin duda alguna, era la más importante de todas.

— Jefe el inspector a cargo de las fuerzas en la RAI busca hablar con usted — Bismark entró interrumpiendo la conversación de Yuki y el general Celastro, dándole al primero el tiempo justo antes de desaparecer el bolsillo del general.

— Saludos amigo — el tono serio pero amistoso del general Haguen, quien se encontraba a cargo de la RAI en Inglaterra, resonó en los oídos de ambos — ¿sabe lo que es esto? — Sin rodeos el hombre había dejado una extraña espada en la mesa justo en frente del general.

— ¿Una espada? — respondió el general intentado recordar donde había visto antes algo similar.

—0—

Yuki presintió que algo andaba realmente mal, sin embargo sin poder ver el objeto que su eventual aliado les presentaba no ni siquiera conjeturar  respeto al objeto en cuestión, sin embargo, lo que si sabía era que el objeto llevado hacia esa oficina emanaba un gran mal.

— ¿Dónde la encontró? — escuchó decir al general Celastro.

— En la motocicleta de uno de mis hombres — respondió el hombre de la RAI.

— ¿Sabe por qué la tenía su hombre?

— Creí que era parte de la evidencia que él debía entregar tras el último golpe a los traficantes — el hombre de la RAI hizo una pausa — lo que no entiendo es porque no lo hizo.

— ¿Un topo? — sugirió el general Celastro.

— No — el de la RAI negó categóricamente — confío plenamente en mis hombres — alguna razón debe haber — respondió algo enfadado y tomando la espada para retirarse de la oficina del general — en una hora comenzamos el operativo, si sus hombres están dispuestos, ustedes entrarán de civiles al almacén fingiendo querer comprar armas, cuando la transacción se realice, nosotros entramos — el oficial le recordó el plan al general.

— ¡Kürê! — Yuki se había expuesto completamente al tiempo que lanzaba un poderoso hechizo  que congelaba, momentáneamente, al hombre de la RAI en la puerta de la oficina.

— ¡Yuki! — Exclamó nervioso el General Celastro — ¿Qué demonios hiciste?

— Es una trampa… siempre fue una trampa — respondió nervioso el Silfo.

—0—

Frederick Celastro no había entendido lo que ocurría hasta que el silfo había lanzado un segundo hechizo sobre el hombre de la RAI, un hechizo para revelar una verdadera naturaleza: Esila.

Lentamente el aspecto del hombre fue cambiando hasta tomar la fisionomía de un elfo: el cuerpo entero enflaqueció, su cabello se volvió largo y plateado y sus orejas adquirieron la peculiar forma puntiaguda de la raza élfica, sin embargo lo que más impresiono al general fue el cambio de sus ojos, de sabios y experimentados a rabiosos y cargados de ira.

— Dos preguntas — el general interrumpió el silencio en cuanto salió de su asombro — ¿cómo lo supiste? y ¿Cuánto tiempo permanecerá congelado.

— Supongo que no permanecerá mucho tiempo más congelado — el silfo respondió preocupado — y en cuanto a como lo supe, debo admitir que también a mi me había engañado, sin embargo cometió el error de traer su propia espada, la cual al estar cargada con su energía, me dio una pauta sobre su identidad.

— ¡La espada! — exclamó el general recordando, finalmente, que había visto muchas similares durante su huída cuando Khim fue atacado, e insultándose a sí mismo por obviar un detalle así.

Nathalie y los Portadores de los ElementosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora