Nathalie y los portadores de los elementos

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En el principio  Antaria era un solo continente y sobre aquella maravillosa tierra, existía el espíritu del bien absoluto,  de la creación, aquel que se llamaba Ekanzo, el padre de todo.

Sobre aquella  tierra,  Ekanzo creó a las múltiples criaturas que pueblan la tierra, criaturas  fluyeron de sus pensamientos, hadas, sirenas, elfos y silfos junto a los enanos, dragones, junto a otras, cada vez más maravillosas, poblaron el mundo.

Ekanzo, el gran Creador, puso también sobre la tierra de Antaria numerosas maravillas… así otorgó los signos de los elementos: fuego, agua, aire, tierra y luz para que los portasen representantes de las razas más dignas, manteniendo así el equilibrio de la naturaleza.

Creo, también Ekanzo, el  templo luna, cuyas mil puertas brindaban pasajes a lugares que solo la mente más soñadora puede imaginar.

Plantó en medio de un jardín predilecto siete gemas de vida que podrían convertir, a quienes las posean con fe, en auténticos protectores de aquel bello mundo.

Puso, en medio de un bosque escondido a la vista de sus criaturas, un sagrado manantial que despertaría un único y poderoso don a todo aquel que lo encontrase y bebiera de este.

Y, finalmente, creó un maravilloso artefacto, un corazón hecho con el más fino jade, que brindaría la categoría de deidad a quien demostrase digno de poseerlo.

Más donde existe el bien absoluto, existe también el mal absoluto, y en Antaria el mal absoluto se llamó Sabash. Este demonio oscuro vio con odio lo que creo Ekanzo, y trató de imitarlo, creo oscuros trasgos, negras sombras, peligrosos demonios y numerosas criaturas que acecharon en las noches. Intentó corromper cada una de las maravillas creadas por Ekanzo e intentó sembrar el mal en los corazones de sus seres… más Ekanzo siempre triunfaba sobre Sabash.

Llegó incluso el momento en que ambos seres, el máximo bien y el máximo mal, se enfrentarán abiertamente en una batalla sin cuartel que duró por mil días sin descanso ni tregua, y aunque fue una fiera batalla, Ekanzo resultó triunfante condenado a Sabash a un sueño eterno del que no debía despertar.

Más aquella batalla había dañado profundamente la tierra de Antaria, había agrietado su gigantesco continente y había causado daños tan profundos en la tierra que amenazaba con hundirse para siempre en el mar que lo rodeaba… la magia que era aquella que daba vida a todas las cosas en Antaria, fluía descontroladamente en ríos místicos que, de agotarse, dejarían sin fuerza vital a todas las Criaturas que poblaban aquel mundo.

 Ekanzo juntó las pocas fuerzas que le quedaban tras aquella lucha con Sabash y logró detener aquel doloroso desastre, detuvo el hundimiento de la tierra creando varios continentes independientes y detuvo el flujo de la magia vital creando inmensas barreras de magia que si bien cumplieron su objetivo, separaron para siempre las tierras que habían sido, en otros tiempos, el continente de Antaria… Tras ello Ekanzo también se sumió en un profundo sueño, esperando despertar cuando estuviera sanado del todo y volver a sentir la dicha de ver progresar a sus criaturas.

Las tierras de Antaria se poblaron pronto con las criaturas que quedaron en cada una de ellas, exploradores valientes se aventuraron en los mares que rodeaban a sus propios continentes en busca de nuevas tierras, más al llegar a las barreras mágicas y no poder traspasarlas,  creyeron que eran los límites del mundo y volvieron a sus tierras sin saber que el mundo era más extenso y existían mayores maravillas tras las barreras.

De ese modo las criaturas dieron nombres a sus mundos creyendo que eran los únicos  sobre la tierra, siendo que Antaria se había dividido de esta manera: La tierra de Gulabi donde habían quedado los portadores de los elementos. La tierra Cingari donde se encontraba el maravilloso templo Luna. La tierra de Landana que albergaba el jardín predilecto con las siete gemas de la vida. La tierra de Talavära donde el sagrado manantial aguardaba para brindarles a los aventureros su dulce don. La tierra de Duniyä Kanta que escondía en sus entrañas el corazón de Jade y, finalmente la Isla del conocimiento donde dormía Ekanzo, pero donde también dormía Sabash.

Las tierras fueron prosperando y creciendo, más el mundo fue nuevamente cambiando y tanto Ekanzo como Sabash fueron despertando… y con su despertar los destinos de todos los seres que pueblan el mundo de Antaria comenzaron a variar.

Es así que comienza nuestra historia, la historia de la tierra de Gulabi, una tierra próspera habitada por humanos y místicas criaturas, más una tierra con un triste pasado que hizo esconderse a aquellas místicas criaturas obligándolas a soltar un poderoso conjuro sobre los humanos para que estas las olvidaran y creyeran que habían sido solo mitos y cuentos de niños pequeños.

Mas esta es la historia de Nathalie, o Nathy si prefieren a sí llamarla, una pequeña niña  con un corazón enfermo, una pequeña niña que descubrirá que los cuentos de hadas son reales, que las aventuras que siempre soñó son posibles y que un destino junto a los portadores está por comenzar.

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