Trece años de historias

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Cuando el padre de Nathy o el mismo Felipe, caían rendidos guardando el sueño de quien tanto amaban y en el momento que Danna debía ausentarse para cumplir con sus tareas nocturnas en el hospital; Yin se apostaba en la cornisa de la habitación, tomando en secreto su turno en la vigilia de quien aún consideraba su "pequeña" amiga.

Como todas las noches, Yin recordaba las palabras del Maestro Dwen el día que Nathy había decidido comer la baya que produjo el seño sanador: "Dormirá por años y puede que no despierte, es más, puede que si despierta todavía haya efectos secundarios".

Cuál oráculo las palabras del sabio silfo se cumplieron: trece años pasaron desde aquella triste noche y la aún más triste mañana que le sucedió a esta.

Como todas las noches, Dhía daba alcance a su hermano en el hospital, llevándole siempre algo de comida, de abrigo y, más importante, lo acompañaba a pasar la oscura noche abrazada junto a su hermano, el cual, solo se atrevía a soltar alguna lágrima en presencia de ella.

Como todas las noches, Yin solo podía sentarse en esa habitación, en esa ventana y recordar… recordar los trece años que su pequeña había dormido. Recordar… tan solo recordar.

— ¿Me contarás esta vez en que piensas hermano?— Dhía, se preocupaba por que su hermano, en otros tiempos activo, travieso y rebelde, se perdiese ahora en sus recuerdos; en lo que muchos llamaban "la tristeza de las hadas", un camino que sólo podía terminar en la muerte y  cuya única cura era abrir los pensamientos y penas ante alguien más.

— Recuerdos — Dhía se sorprendió al escuchar la voz de su hermano — tan solo trece años de recuerdos.

— ¿Me contarás aquellos recuerdos? — una pequeña luz de esperanza asomaba en el alma de Dhía

— No lo sé… duele demasiado y son… demasiadas historias— los ojos del silfo se nublaron por las lágrimas

— ¿Puedo sugerirte algo hermano? — Mientras hablaba, Dhía continuaba abrazando a su hermano, mientras que el silencio de este, la animó a continuar con su idea — ¿por qué no me cuentas las historias, una por una?— el silencio se extendió por unos minutos.

— Está bien, lo intentare— Yin se abría ante su hermana, en el fondo, como una muestra de gratitud hacia ella, quien lo había apoyado por tantos años incondicionalmente — ¿con qué historia quieres que comience?

— ¿Qué tal con la de su padre?

Yin secó las lágrimas de sus ojos, recordando, retrocediendo trece años en el tiempo, llegando de ese modo, a la mañana en que el padre de Nathy entró en su sueño:

"Llegué al hospital justo la mañana después que Nathy iniciara su sueño, en su habitación existía una gran conmoción, un ejército de enfermeras y un sinfín de aparatos monitoreaban a la niña, todos funcionando bajo las estrictas órdenes de la doctora Collins. El padre de Nathy no había dormido aquella noche en el hospital dado que había pasado más de lo que hubiese querido en el interrogatorio con el miembro de la banda que disparó ante la multitud con arcos y flechas; y como era de esperarse, con las sucesivas redadas derivadas del interrogatorio y, lo peor de todo, el papeleo que debía dar por concluida la agitada noche.

Cuando Frederick llegó al hospital, con un litro de helado de chocolate y un gigantesco peluche de hada, de inmediato supo que algo andaba mal: el rostro de la recepcionista, quien no pudo ocultar la pena en su  mirada al verlo entrar en el hospital, junto al inusual ajetreo en el piso de Nathy, lo hicieron pensar lo peor…Frederick, presa del pánico soltó todo lo que llevaba a cuestas y corrió a la habitación, donde vio el oscuro escenario: su hija, inconsciente, rodeada por casi todos los médicos del hospital; las enfermeras entraban y salían llevando resultados de diversos análisis; la Doctora Collins, sin moverse del lado de la pequeña comandaba todo el movimiento.

Nathalie y los Portadores de los ElementosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora