El sonido de una ambulancia lo inundó todo. Había pasado justo por al lado de donde estaba el conductor del coche, y había pasado de largo. Probablemente se dirigiría a la casa de Verónica y ni tan siquiera habría visto el coche de color oscuro que se había chocado contra una señal.
David le tapó la boca al hombre que se resistía debajo de su musculado cuerpo. Una fina niebla comenzaba a surgir en aquel lugar, y la lluvia poco a poco iba desapareciendo ante ella. David apretó el cuello del hombre, para lograr que se mantuviese quieto, y con la otra mano le quitó el pasamontañas negro que llevaba.
Joder.
Paloma a su lado se acercó a él. Y se le quedó mirando al tiempo que el joven miraba asustado a las otras tres personas que se encontraban allí.
-Lo siento. Yo solo obedecía órdenes. No tenía otra opción.-empezó a articular de una forma demasiado rápida. Como si temiese por su vida.- Lo siento. Yo no quería...
-Cállate.-le ordenó David.
Y eso bastó para que el chico hiciese lo que le pedía. Todos conocían a David. Todos sabían de lo que era capaz. David se mantuvo encima de él, y escuchó al otro joven titiritar. Tal vez de frío, tal vez de miedo. David trató de calmarse. Tenia una mezcla demasiado explosiva de sentimientos dentro de él en aquel momento. Se sentía profundamente dolido por la muerte de Sasha, y ahora, profundamente traicionado.
-¡Tú sabías que era su padre!
Fue lo único que fue capaz de decir antes de volver a pegarle otro puñetazo. La ira se apoderaba de él en medio de tanto desconcierto. El chico aguantó el puñetazo. Que David estaba conociendo a una chica de fuera era algo que la mayor parte de los chicos que trabajaban para Maek sabían. Era un secreto a voces.
-No tuve elección, por favor...-rogó por su vida.
El chico rubio esbozó un gesto de miedo sin poder evitarlo.
-Pensaba que eras mi amigo.
El otro chico contuvo el aliento.
-Lo siento. Cobra...yo...no tuve elección.
David vociferó y volvió a levantar el puño.
-¡Podrías habérmelo dicho!
Verónica contemplaba la escena anonadada. No conocía aquella faceta de David. La violenta. La que era capaz de todo. Jamás se lo había imaginado así, ni cuando se había tratado de imaginar que imagen daría Cobra.
-No quería morir...-gimoteó el otro chico.
El semblante de David era de la más pura rabia. La traición era algo que le había dolido en el alma.
-¿Y no pensaste que cuando asesinasen a su padre investigaría y sabría que habías sido tú?
El chico no pudo aguantar la mirada de David y se mordió los labios. En ningún momento se había tratado de resistir ante David, sabía que eso no le convenía.
-Lo siento.
David se levantó, tratando de calmarse y reprimiendo las ganas de seguir pegándole, recordándose a si mismo que Verónica estaba allí, y que bajo ningún concepto quería que viese mas violencia aquella noche.
El chico rubio se levantó, y posó sus ojos color miel en los grises de David. Por mas de un minuto había pensado que iba a matarlo.
-Bien, ahora vas a contestar a todas mis preguntas, y te juro por lo más sagrado que si te atreves a mentirme, te mataré Dario.
Dario, el chico que entró en el instituto con él para que Paulo ajustase cuentas. El mismo chico con el que se había reído miles de veces. El que trabajaba para Alex y aún así le había hecho mas de un favor. Demasiadas emociones de golpe. Verónica vio como David trataba de aparentar tranquilidad, como volvía a ser la persona inexorable que había conocido hacía unas semanas, como volvía a cerrarse y a ser sumamente serio, y no pudo soportarlo.
-¿Por qué habéis intentado matar a mi padre?
Dario reparó en ella, y luego en Paloma, y se quedó mirando a Paloma como si hubiese visto un fantasma. La chica le devolvió un gesto de orgullo, irguiéndose y levantando la cabeza como si fuese una princesa al tiempo que le sonreía con suficiencia. David elevó la voz en ese momento, imponente.
-Te ha hecho una pregunta.
Dario tragó saliva y volvió a observar a Verónica. Estaba vestida con un chubasquero que solo dejaba entrever unas bonitas piernas. Era guapa, pero aún Dario no lograba ver que era lo que David había visto en ella. Había visto a su amigo estar con muchas otras chicas, también sumamente guapas.
-Tu padre estaba investigando el robo en el museo, y si seguía haciéndolo nos descubriría. Le advertimos de que dejase de hacerlo, pero él siguió.
Y Verónica se dio cuenta de que había algo mas. A pesar de que ni David ni Paloma se percataron de eso. Fue la forma en la que le chico evadió su mirada, como si se avergonzase de algo. Verónica se acercó a él, y David se puso tenso al verla acercarse.
-¿Qué me ocultas?
Y los tres se le quedaron mirando. Dario se mordió los labios, pensando que era imposible que ella supiese nada y que si David se enteraba de algo probablemente acabaría muerto.
Verónica se le quedó mirando, tratando de ubicarlo en alguna otra situación. Estaba segura de que lo había visto, en algún lugar y en algún momento. Lo ubicaba a una situación que no le gustaba, algo que le ponía la carne de gallina, y de pronto, cayó en ello.
-¡Tu fuiste quien le pegaste el puñetazo a mi padre! -le chilló.
David se colocó a su lado, buscando su mano para tranquilizarla. Aquello le cuadraba. Él mismo había tratado de averiguar quien fue el que le pegó a Pedro en el concierto y lo dejó ingresado, y jamás obtuvo respuestas sobre ello. David contuvo el aliento, y dejó que Verónica siguiese hablando. Era imposible que lo hubiese visto, él mismo se había asegurado de que no se le viese el rostro aquella noche.
-¿Por qué lo hiciste?
Y David sintió como había resentimiento en su voz. La observó mientras el cielo se abría un poco y los rayos de luna se proyectaban en su rostro. David contuvo el impulso de besarla, y trató de calmarse de nuevo. Aquel no era el momento, aunque la emoción hubiese despertado todos y cada uno de sus sentidos. Pero hacía menos de quince minutos había visto a Sasha morir en sus brazos, y por si fuese poco, había sido traicionado. Cogió aire y lo sintió frío en sus pulmones.
-No tuve elección.
Verónica lo fulminó con la mirada, y sintió como Paloma se acercaba al chico y le colocaba una mano en los testículos. El chico profirió un grito ahogado y se agachó sin poder reprimir el dolor. La chica apretó su mano con todas sus fuerzas, haciendo que él sufriese.
-Vamos a ver, te ha preguntado por qué lo hiciste. Ahora nos vas a dar una respuesta mas convincente.
David se quedó mirando a Paloma. Ya se le había olvidado como era que alguien que no fuese él tomase el mando. Observó a Verónica. Por primera vez no parecía asustada de que alguien hiciese daño a otra persona. Se sintió orgulloso de ella al tiempo que le cogía la mano. Ella sintió mil calambres dentro de su cuerpo ante aquel roce, y por su parte, él los sintió igual. Lo que los unía era demasiado poderoso para que fuese indiferente hacia otros ojos.
Dario los observó sumido en su dolor, y fue ahí cuando comprendió lo que había entre ambos. No sabría explicarlo. Pero estaba ahí. Entre ambos. Y era algo poderoso.
-Fue...ron... ór...denes...de Ma...ek.-logró decir, con mucho esfuerzo y sin apenas voz.
-¿Y porqué ordenó matarlo hoy?-preguntó David, aventurando ya la respuesta.
Algo en su interior le decía que tenía algo que ver con la reunión que él mismo había presenciado esa tarde.
-No lo se.-y luego gritó de dolor cuando Paloma le apretó aún más sus partes.
Ni Verónica ni Paloma pensaron que decía la verdad, pero David lo creyó.
-Suéltalo.-le dijo a Paloma.
Paloma lo observó como si estuviese loco.
-¿Estás seguro?
David asintió, y ella hizo lo que le pedía. David siempre tenía un porqué. Dario se dejó caer en el suelo, exhausto y dolorido.
-¿Que planes tienen Maek, Baref, Don Giovín y la señora La Rua?
Verónica absorbió esos nombres como si fuesen los nutrientes necesarios para que su cuerpo funcionase. Era la primera vez que David mencionaba a una mujer como alguien a quien en su mundo se respetase. Señora.
-No se nada de eso Cobra.
Cobra. Verónica sintió un escalofrío y David se percató de ello. Sus manos se agarraron con mas fuerza.
-Mientes.-dijo David.
Paloma se volvió a acercar a él, y Dario retrocedió aún en el suelo. David frenó a Paloma con una mano, y con una de sus mirada fue mas que suficiente para que Dario hablase.
-He oído que planean algo grande para dentro de unas semanas. Fuera de aquí. Pero juro que no se nada mas.
David se quedó serio, pensativo, y lo que dijo después logró helar la sangre de las tres personas que estaban allí.
-Tengo que matarte, Dario.
¿Os ha gustado? Mil gracias por leer. Quedan dos capítulos más para acabar este libro. Los publicaré en cuestión de una semana y media o dos semanas, dependiendo de como pueda organizar el tiempo. Serán dos capítulos largos. ¿Tenéis ganas? Muchos besos.
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