La donante (#1 ) *Resubida*

De Iselayuki

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Libro 1 de la Saga La Donante. En unas semanas iniciare a publicar los capítulos. ¡Atentos! Un mundo donde... Mais

Nota Importante
Sinopsis
BookTrailer
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capitulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capitulo 42
Capítulo 43
Capítulo 45
Capítulo 46
Capítulo 47
Capítulo 48
Capítulo 49
Capítulo 50
Capítulo 51
Capítulo 52
Capitulo 53
Aviso
Ya a la venta en físico y digital
Pedido de libros de la saga

Capítulo 44

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De Iselayuki



«Dos enemigos».

Ese despiadado vampiro, que convirtió a Armen, asesinó a sus padres y a los fundadores principales. ¿De verdad está haciendo todo esto porque quiere mis visiones? ¿O solo intenta lastimar de nuevo a Armen? La idea me resulta horrible, pero lo ha hecho antes. Durante años se dedicó a perseguirlo para aumentar su desesperación y después consumar su venganza. «Su especialidad: jugar con la mente y los sentimientos». Ese podría ser su auténtico propósito, jugar con nosotros.

Abdón, uno de los tres gobernantes, quiere ahora hacerse con el control de Jericó y también desea asesinar a Armen.

Lo que me recuerda a aquel vampiro que ayudó a Violeta a abrir las puertas del muro para que los impuros entraran. Un traidor. ¿Será uno de los aliados de Darius o de Abdón? ¿Es posible que se encuentre aquí? No, tal vez se haya marchado durante el ataque al muro, pero, ¿cómo estar seguro de ello? ¿Y si ha venido a Cádiz?

De nuevo hay demasiadas interrogantes, pero por el momento no podemos hacer nada. Solo esperar.

―La llevaré con el médico ―informa Armen a Danko, quien asiente retrocediendo un par de pasos para observarme.

―Por supuesto, ocúpate de tu mujer. Aún está un poco pálida y tú también necesitas alimentarte, Armen. Usaste demasiado tu poder. ―Levanta una mano y la agita frunciendo el ceño―. Solo espero que estén teniendo cuidado. Con dos de ellos ya tenemos más que suficiente. ―Me quedo de piedra al comprender a que se refiere. Farah y Knut, los híbridos. Siento el rostro arder y escucho como Elina ríe.

―Yo los veo encantadores ―afirma ella con una risilla, pero Danko la fulmina con la mirada.

―Tú ves a todos encantadores, Elina. Así que no intervengas ―farfulla con una mueca de disgusto, cosa que provoca que se ría a carcajadas. Si no estuviera tan apenada posiblemente haría lo mismo. Su risa es contagiosa y agradable―. No tienes vergüenza. ―Danko parece siempre rabiar ante sus comentarios, pero a ella parece no importarle. Ambos tienen expresiones muy humanas que denotan cariño mutuo. Aún cuando al principio me pareció un poco falsa.

―Nos retiramos ―anuncia Armen agarrándome por la cintura y pegándome a su torso―. Me reuniré más tarde con vosotros. ―Sin esperar una respuesta de su parte, me hace salir de la sala.

Avanzamos un par de metros en silencio, escuchando aún la risa de Elina y las protestas de Danko. ¿Por qué ha dicho eso? Es vergonzoso. Armen deposita un beso en mi cabeza y suspira.

―No le prestes mucha atención ―susurra. Le dedico una rápida mirada y me muerdo los labios nerviosamente. ¿Qué no le preste atención? ¡Dios! Pero ha hecho alusión a algo que no había pensado.

«¿Un hijo?».

Lo cierto es que ahora mismo no estoy cuidándome, pero es poco probable ya que solo hemos estado juntos una vez. No obstante, la idea me resulta inquietante. No porque no lo desee, sino por lo que implica. He visto como los miran y la manera en que los excluyen. Tal como lo aseguró Anisa, si es complicado convivir dos razas, con una tercera lo es todavía más. Además, ahora sé lo difícil que ha sido la vida de Armen. Pero sobre todo, aún existen normas que lo prohíben y quizás sea el principal motivo por el que a Danko le preocupa el hecho. Armen perdería sus derechos si yo estuviera embarazada, incluso podría ser exiliado.

―No lo hace con mala intención ―insiste Armen, sin comprender el verdadero rumbo de mis atormentados pensamientos. Sacudo la cabeza, intentado apartarlos y le dedico una ligera sonrisa.

―Lo entiendo. Pero... ―Me detengo y lo miro a los ojos. Hay algo más importante de lo que quiero hablarle, ya que no estoy segura si han pensado en ello―. ¿Recuerdas el vampiro que ayudó a Violeta a abrir las puertas del muro? ―Me mira confundido, pero asiente.

―Nunca supimos quién era ―comenta sin comprender a donde quiero llegar.

―Lo sé. Y tampoco sabemos si era uno de los aliados de Darius o de Abdón.

―Darius no es de los que tienen aliados ―murmura más para sí mismo.

Quizás no lo sea, pero ahora están de su lado los impuros y los repudiados, aunque ellos parecen ser solo sus marionetas. Por otro lado, a Abdón le beneficiaba la inestabilidad de la ciudad para poder actuar y justificar su intervención, así que es probable que haya sido él quien enviara a ese vampiro o, mejor dicho, quien lo mantenía dentro del muro.

―¿Crees que podría estar aquí? ―Acaricia mi mejilla con ternura y mueve la cabeza.

―No importa si es así, no podrá hacerte daño, Gema. ―Niego rotundamente. No es mi seguridad la que me preocupa, porque en realidad me queda claro que solo soy el medio para hacerle daño y al parecer sus enemigos ahora lo saben.

―No era yo su objetivo, Armen, ¿recuerdas? ―Me observa un tanto admirado y me abraza con fuerza, sin importar que tengamos testigos―. Deberíamos contárselo.

―Ahora lo sabe Danko ―dice apartándose un poco, tomando de nuevo mi mano―. Gracias por preocuparte por mí. ―Sonrío permitiendo que me conduzca por el pasillo.

A veces siento que solo soy una carga. En realidad, no hay mucho que pueda hacer por él. Aun así, haré lo que este en mis manos, sin importar lo que sea.

Las instalaciones del centro médico de Cádiz son impresionantes. El edificio es uno de los más grandes de la ciudad. Las paredes son altas y el suelo es de color blanco, los pasillos y estancias espaciosas son únicos, sin mencionar el impecable aspecto de quienes lo habitan. Guapas enfermeras pálidas de ojos rojos y expresiones inmutables que caminan de un lado a otro con el característico porte vampírico. Perfección. En cuanto nos acercamos al enorme recibidor, un par de ellas saludan a Armen con una reverencia y sin esperar, nos conducen hasta un elegante consultorio. Es evidente que todos lo conocen.

―¡Armen! ―saluda un vampiro de aspecto mayor, vestido completamente de blanco, acercándose a Armen. Él también parecer ser un fundador.

―Koller ―responde Armen con voz neutra ofreciendo su mano derecha. El vampiro la estrecha y sonríe de modo ensayado, mientras me observa disimuladamente.

Hay una notoria diferencia en su expresión y también en la que muestran los vampiros que hemos visto en este lugar. Sus sonrisas no parecen ser auténticas, no como las de Irina, Elina o Danko. No llegan a sus ojos, los cuales continúan reflejando apatía. Sin embargo, Armen parece confiar en él.

―Poneos cómodos, por favor ―pide señalando el par de asientos frente a su escritorio―. Justo ayer me enteré de que estabas por aquí. Pensaba hoy pasar a saludarte, pero hemos estado un poco ocupados y ya sabes que siempre se me olvidan las cosas ―explica agitando las manos distraídamente regresando a su asiento.

―Pensé que Melnik estaría aquí ―comenta Armen retirando la silla para mí y permaneciendo de pie.

―Por el momento se encuentra en los laboratorios. Está trabajando en lo que pediste. ―Miro de golpe a Armen, quien le dedica una mirada de reproche al vampiro―. ¡Oh! Tú eres Gema, ¿cierto? ―dice cambiando rápidamente de tema―. He escuchado mucho sobre ti... ―Armen se aclara la voz y él parecer darse cuenta que ha cometido de nuevo una indiscreción.

―Quisiera que le hicieras un chequeo ―dice Armen aun sin mirarme.

―Desde luego. ―Me dedica su fría sonrisa―. ¿Has estado comiendo correctamente? ―pregunta tomando una pluma.

―No ―responde Armen antes de que lo haga―. Y he bebido con regularidad.

―Entiendo. ―Me observa con expresión concentrada―. Haremos una prueba de sangre y lo de rutina. ―Al instante la puerta se abre y una de las enfermeras aparece―. Llévala para que le tomen una muestra de sangre y la revisen.

―Por supuesto, doctor ―responde ella mirándome―. ¿Sería tan amable de acompañarme? ―Aunque se esfuerza por parecer amable, es evidente que no le agrado. Tiene la misma mirada que tenía Anisa cuando llegué al muro.

―Gema. ―Armen toma mi mano y me dedica una mirada cómplice, indicándome que atienda. Esto es un poco extraño y no me gusta―. Todo está bien ―afirma como si intuyera lo que estoy pensado. Asiento no muy convencida y a regañadientes libero su mano, para acercarme a la puerta, no sin antes dirigirle una mirada interrogante. «¿Qué es lo que ha pedido a ese medico?».

Ignoro las miradas que me dedican las vampiresas al vernos caminar por el pasillo. ¿Acaso soy la única humana que ha venido a este lugar? ¿O se debe a quien me acompaña? Supongo que es complicado romper los prejuicios. Para todos soy solo una simple humana que ahora se encuentra con un fundador.

―Adelante.

Dentro de la estancia, para mi sorpresa, hay algunos humanos, quienes parecen ser los encargados de tomar y procesar las muestras sanguíneas. Desde luego que estar directamente en contacto con la sangre debe resultarles un poco abrumador a ellos. Tiene sentido.

La enfermera me indica que me acomode en una silla frente a una mesita y una mujer de aspecto joven se acerca con una aguja en la mano. No puede evitar mirarme sorprendida, pero rápidamente se concentra en extraer la muestra de sangre. Me abstengo de formular las muchas preguntas que me vienen a la mente. Su presencia me hace acordarme de Gibran, el hombre que trabajaba en los laboratorios en Jericó y el que informó a Pen y a los demás sobre la fabricación del sustituto. Aunque supongo que es evidente que se realiza el mismo procedimiento aquí. Pero... ¿qué es lo que Armen le ha pedido a ese medico?

No desconfió de él, ya no. No obstante, me gustaría saberlo.

―Todo está en orden, Armen ―informa el vampiro, dejando sobre la mesa la hoja de resultados de los análisis―. Con un suplemento y la dieta adecuada podrás tomar tus dosis regulares sin problemas. Gema es joven y muy saludable ―asegura con un brillo extraño en la mirada. El mismo que tenía el anterior médico cada vez que lo visitaba.

―Te agradezco que nos hayas recibido ―dice Armen poniéndose de pie y tendiéndole la mano.

―Ni lo menciones. Estamos para servirte ―responde estrechándola.

―Me pondré en contacto con vosotros más tarde. ―Intercambian una mirada silenciosa y Armen me rodea con el brazo, dispuesto para salir.

―Por supuesto ―asiente acompañándonos a la puerta―. Saluda de mi parte a Danko.

―Lo haré.

Dejamos el lugar, acompañados por los guardias de Danko, quienes permanecen a unos metros de nosotros. Es medio día, pero el sol brilla por su ausencia. Cádiz se encuentra ubicada cerca de lo que anteriormente era conocido como Rusia, así que el clima es un poco más frío. Esto me hace añorar Jericó, donde a esta hora, el sol golpearía con fuerza nuestros rostros.

Observo a Armen, quien mantiene el semblante sereno. No ha dicho nada respecto a los comentarios del médico y desde luego tampoco he tocado el tema, puesto que no estamos solos. Tendré que esperar un poco.

Me quedo de pie a mitad de la estancia y me giro, mientras él cierra la puerta. Nuestras miradas se encuentran.

―Se trata del sustituto ―comienza a decir antes de que formule la pregunta. Ahora estamos en nuestra habitación, solos y tal como lo esperaba, me lo contará―. Están intentando encontrar una alternativa para su fabricación.

No puedo evitar mostrarme sorprendida. ¿Alternativa?

―Pero... ―Él mismo explicó que no han dado resultados otras fuentes.

―Me refiero a las personas que utilizan para el procedimiento. ―Las personas que duermen y modifican para obtener grandes cantidades de sangre. A partir de la cual se fabrica el sustituto que los alimenta.

―Entiendo.

―He hablado con Danko sobre usar donantes para el proceso y que de esa manera no queden dañados de forma permanente.

―Te aseguro que resultaría mucho mejor ―digo animada.

―No se pierde nada con intentarlo.

―¿Puedo preguntarte algo?

―Adelante.

―¿Aquí también realizan las modificaciones?

―Han dejado de realizarlas. Y también... Melnik intenta encontrar una cura para el virus.

―¿De verdad? ―Eso sí que es inesperado. Una cura. Sería maravilloso aunque ella ya no esté aquí―. Pero...

―Aún es un poco precipitado para contárselo a los demás. ―«Tiene razón»―. No hay garantía de que funcione, pero al estudiar más a fondo su mecanismo, podrían desarrollar una vacuna o la manera de revertirlo con mayor eficacia antes de que los cambios ocurran. Al parecer, ese ha sido el mayor problema hasta ahora, no logran actuar a tiempo para evitar que los transforme.

―¿No se suponía que eso era imposible? ―Recuerdo que aseguró cuando le pregunté sobre el tema.

―Me temo que en realidad nunca se interesaron demasiado por el asunto, Gema ―dice con pesar. ¡No puede ser!―. Solo nos hicieron creerlo. La gente que se encargaba de eso, al parecer, desvió la atención a otro sector. ―Eso es un poco injusto.

Intento conservar la calma, Armen no tiene la culpa de eso.

―¿Y ahora? ―digo en voz baja―. ¿Lo harán?

―Por supuesto. Los equipos y el personal de Cádiz están más capacitados, además Danko ha dado su autorización para que comiencen a trabajar en ello.

«Danko». Sé que Armen hace esto porque sabe que preocupa al resto de nosotros, pero Danko debe hacerlo por el aprecio que le tiene.

―Parece bueno. ―Sonríe ligeramente y asiente.

―Como habrás podido ver, tiene sus momentos. Pero es neutral y hará lo que considere necesario para evitar conflictos.

―¿Qué ha pasado en la ciudad? ¿No han surgido problemas por nuestra presencia? Por favor, sé sincero. ―Sonríe de modo dulce y se acerca a mí.

―Créeme que soy sincero, Gema ―dice en forma de broma. Me gusta verle así. Relajado y auténticamente tranquilo―. Y hasta el momento no ha ocurrido nada. Los rumores respecto a lo sucedido, desde luego que han circulado, pero el hecho de que estés conmigo les ha hecho saber que no estamos intentando esclavizarlos.

―¿Te refieres a las personas? ―Asiente―. ¿Y qué pasa con los fundadores? ¿Qué opinan?

―Han comenzado a darse cuenta de lo que podría ocurrir si se desata una guerra. Ellos no desean eso y mucho menos ahora que están al tanto de la presencia de Darius. Además, saben que no pienso permitir que esclavicen a nadie. ―Lo miro con admiración.

―Nunca dejas de sorprenderme ―confieso con una pequeña sonrisa. Se inclina ligeramente y roza mis labios.

―¿Eso es bueno?

―Sin duda ―aseguro rodeando su cuello. Sus manos sujetan mi cintura, manteniéndome pegada a él, mientras profundiza el beso. Suspiro ante la gentileza de su boca y la firmeza de su agarre.

―Me temo que debo irme ―dice frunciendo el ceño, antes de que llamen a la puerta―. Llegaron. ―Asiento y deposito un beso casto en su boca.

―Te quiero. ―La puerta se abre y Elina aparece, mirándonos con una enorme sonrisa.

―¿Interrumpo? ―pregunta con tono risueño, Armen la mira serio, pero ella ríe divertida.

Armen se marcha en compañía de Uriel y Rafael. Dejándome a cargo de Irina y Anisa, Elina nos conduce al resto de nosotros, hacia la parte trasera del edificio, donde se encuentra la sala de entrenamientos.

―Por supuesto la guardia tiene sus propias instalaciones ―explica sin detenerse―, pero de vez en cuando Danko o yo hacemos un poco de ejercicio y entenderás que es mucho más cómodo tenerlo disponible. Ya sabes ―dice con aire despreocupado.

En realidad, no puedo imaginarla practicando, ni siquiera corriendo. Elina es como una pequeña muñeca de porcelana. Es bajita y delgada. Su rostro, sus uñas y su elegante atuendo le dan un toque frágil y sofisticado, nada que pueda resultar agresivo.

―Sí, claro, ejercicio ―masculla Anisa lo suficiente alto para que la escuche, sin embargo, Elina ni siquiera la mira.

―Llegamos ―dice empujando la enorme puerta, la cual parece como si fuera de papel, la desplaza sin esfuerzo alguno, lo que confirma su naturaleza sobrehumana.

La sala de entrenamientos es una enorme estancia rectangular y alta. La pared del fondo parece ser toda hecha de rocas y presenta algunos golpes. El resto es de hormigón. Al lado derecho se encuentran los vestidores, armas y un sinfín de objetos de batalla.

Pen, Alain, Farah y Knut observan con asombro el arsenal de armas que penden de la pared.

―Vengan conmigo ―pide Elina guiándonos al lado contrario, donde han instalado una mesa con un par de asientos.

Kassia es la primera en acercarse. Nos sonríe tomando la pequeña tetera para servir el té, a pesar de las protestas de una de las sirvientas.

―¿Té? ―pregunta animada.

―Yo prefiero vino. ―Niega Elina. Sin perder tiempo, una de las chicas sirve una copa y se la ofrece―. Siéntanse como en casa ―dice en voz alta, llamando la atención de ellos, que continúan revisando las armas―. Aquí podrán entrenar y disponer de todo. ―Se acomoda en uno de los sillones.

―¿De todo? ―pregunta emocionado Alain, sujetando una pistola de las que emplea la guardia de la ciudad.

―Completamente de todo ―asegura ella con una sonrisa perversa, evidentemente no solo refiriéndose a las armas.

―¿Les parece si comenzamos? ―interrumpe Irina divertida, acercándose a ellos.

―Quita esa cara mujer ―murmura Elina dándole un sorbo a su copa―. No es como si fuera a venir en cualquier instante y llevarte. Desde luego que no es tan tonto para hacer eso y estás con nosotros. No lo permitiríamos.

―No creo que eso ayude ―comenta Anisa con gesto reprobatorio.

Elina pone los ojos en blanco y la ignora, volviendo de nuevo su mirada a donde se encuentran los hombres, pero específicamente sobre Alain y Pen, quienes practican con Farah.

―No creo que en una semana logren aprender lo que a ti te llevó casi tres meses ―murmura Anisa, de pie junto a mí.

―Ellos son buenos ―debate Elina.

―Pero no son rápidos y en esta ocasión no se van a enfrentar a impuros, sino a subalternos.

Cierto. El enemigo en esta ocasión estará entrenado y posiblemente preparado para recibirnos. Ojalá pudiera saber qué ocurrirá, si Abdón cederá o continuará negándose. Pero lo cierto es que sigo sin entender cómo funcionan mis sueños o si fueron solo coincidencias, aun cuando todos han dado por hecho que puedo ver el futuro.

―Sigo pensando que se podrían hacer muchas cosas interesantes con ellos ―ronronea Elina.

―Claro, tú harías muchas cosas ―gruñe Anisa sacudiendo la cabeza.

―¡Uy, sí! Sobre todo, con ese chico... ¿Pen? ―Ambas se miran fijamente, de un modo poco amistoso.

―Yo también quiero entrenar ―digo rompiendo la tensión.

―No creo que le haga ninguna gracia a Armen ―asegura Elina desviando la mirada de Anisa, quien también parece relajarse―. Ahora quiere tenerte lo menos expuesta posible.

―Precisamente por eso. Yo sé pelear y...

―No lo dudo, pero...

―Tendrás que preguntárselo tu misma, Gema ―dice Anisa.

―Hay algo que yo no entiendo ―comenta Alain acercándose a nosotras―. Si vosotros sois lo más importante, ¿qué pasa con ese par que siempre está con Regan?

―¿Uriel y Rafael?

―Sí.

Elina sonríe y se incorpora, camina contoneándose hasta colocarse a su lado.

―De acuerdo, te lo explicaré ―susurra encantada―. Verás, después de las cinco familias principales de fundadores, porque no contaremos a ese ―dice con un gesto de desagrado―, existen las familias de segunda y tercera clase o rango. Supongo que te preguntarás cuál es la diferencia, ¿verdad? ―Él asiente automáticamente―. Estas familias provienen de las principales, ¿cómo te lo puedo explicar? ―comenta con expresión concentrada―. ¡Lo tengo! ―Fija su atención sobre la copa y la agita―. Es como el vino. Si sirves directo de la botella a la copa, es puro, pero sí de la copa diluyes dentro de otra que contiene agua, perderá el sabor y el color, cada vez que lo hagas.

―Creo que entiendo ―Alain no parece muy convencido. Cosa que la hace reír.

―Me refiero a que nosotros tenemos la sangre directa de los primeros vampiros, pero las siguientes clases no. Por ejemplo, Danko dio su sangre a otros tres vampiros, quienes forman familias de segunda clase, porque su sangre no viene directa de su padre. ¿Comprendes?

―¡Ya! ―exclama asintiendo con la cabeza―. ¿Y cuántas familias son?

―Creo que son veinte de segunda clase y cincuenta de tercera, porque Armen no tiene ningún descendiente directo. Rafael, Uriel, creo que conocen a Nicola... ―Desde luego―, Mires y Valencia son algunos de segunda clase. Y ellos son quienes forman el consejo.

―¿Por ser los segundos? ―Elina asiente.

―Sí y también los terceros. Se decidió incluirlos y crear una especie de "democracia". Nosotros llevamos las riendas de las ciudades, pero ellos pueden asegurase de que no perdemos la cabeza y abusamos del poder. ―Arruga la nariz y niega―. Aunque en realidad, creo que son ellos quienes la pierden. ¡En fin!

―¿Todos tienen habilidades? ―pregunta Pen con interés. Elina se mueve rodeándolo por detrás. Noto como Anisa empuña las manos y se crispa ante el gesto, pero no pierde la compostura.

―No todos ―susurra en su oído mirando directamente a Anisa―. De las segundas castas prácticamente nadie posee habilidades, el único es Uriel. Una particularidad. Y de nosotros, Bail no tiene ninguna.

―¿De qué depende eso? ―inquiere Knut.

―Quién sabe. ―Se encoje de hombros―. No siempre se produce, llámalo suerte o destino. Todos los vampiros tenemos cierto control mental y podemos comunicarnos entre nosotros. Pero son pocos los que tenemos algo extra que se da al momento de transformarnos. ―Me mira―. Tengo curiosidad por saber que pasará contigo, Gema.

―Ella no se convertirá ―protesta Pen apartando con brusquedad sus brazos.

―Tranquilo ―pide levantando las manos―. Era solo un comentario.

―De mal gusto ―afirma él sin dejar de mirarla con cara de pocos amigos―. Creo que no tengo que recordarte que transformar va contra las leyes. ―Elina sonríe coquetamente, pasándole el dedo por el pecho.

―Me encanta tu temperamento explosivo. ¿No piensas lo mismo Anisa? ―Ella no contesta y Pen retrocede rompiendo el contacto―. Me pregunto cómo serás en la cama, guapo. ―Kassia se atraganta con el té y todos nos quedamos en silencio―. ¿Qué? ―pregunta encogiéndose de hombros, con aire inocente―. Es solo una duda. ¿Qué opinas Anisa?

―Que puedo romper la botella de vino en tu linda cara y hacerles un favor a todos. ―Ella suelta una carcajada intentando acercase a Pen, quien se aparta.

―¡Uy! No creo que puedas hacerlo, Anisa ―murmura provocándola.

―Pruébame ―la reta lanzándole una mirada envenenada.

―¡Basta! ―La puerta se abre y Rafael aparece.

―Qué bueno que llegaste ―canturrea Elina dirigiéndose hacia él.

―Tus comentarios siempre son de mal gusto, Elina ―recrimina con gesto severo.

―Eres demasiado serio, Rafael ―dice ella juguetonamente intentando tomarlo del cuello, pero él la sujeta del brazo y la aparta.

―Llámalo como quieras.

―¿De nuevo peleando? ―Danko cruza el marco de la puerta, sacudiendo la cabeza negando―. Ahora entiendo porque vosotros dos no pueden estar juntos. ―Se lleva la mano a la cabeza con gesto agobiado―. Demasiado drama.

Armen entra y de inmediato se acerca a mí.

―Recordad que habéis venido aquí para entrenar ―dice con voz tranquila.

―Creo que si ella está aquí eso será imposible ―farfulla Rafael. Elina lo mira sorprendida.

―¿Será posible que tú también estés considerando hacerlo? ―pregunta entusiasmada. Él pone los ojos en blanco―. ¡¿De verdad?!

―No, si tú estás aquí ―masculla Rafael.

―No tienes opciones, no hay otro lugar ―canta victoriosa.

―Es imposible tratar con vosotros ―se queja Danko dando media vuelta―. Hagan lo que quieran.

―¿Y bien? ¿Cuándo comenzamos? ―pregunta Elina―. Yo también entrenaré con vosotros ―dice mirando a Rafael. Es evidente que algo pasa entre ellos.  

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