| A PASOS DE LA MUERTE |
La adrenalina corre por mis venas como brasas ardientes arrasando con todo a su paso. No me detengo, incluso voy más rápido de lo que debería. Aprieto con fuerza el volante dejando en claro la desesperación, ira e impotencia, me ahogo en el mar de pensamientos de sentimientos nefastos que acabaron rápidamente con mi paciencia.
Prometí que no me dejaría llevar por los sentimientos negativos que me hacen humano, prometí muchas cosas que ahora por su culpa he roto como si no fueran más que juramentos vanos con mi ser. Mi alma me castiga al pensar que quizás hubiera podido perder a la persona que juré proteger con mi vida, a la que la bestia amo desde el primer instante. Trato de controlar mis exhalaciones abruptas, de disminuir la velocidad a la que me dirijo hacia aquella tragedia, me repito una y otra vez que ella está bien, no fue ella, ese ser nefasto no la tocó gracias a mí.
Las luces de las patrullas golpean mi vista reprimiéndome de la luz por unos segundos, a pesar de estar a la totalidad del día, los gritos de desesperación de su esposa e hijos, no tardan en llegar a mis oídos. El dolor que hay en el ambiente me sofoca, la sangre del cadáver no hace más que subir la bilis a mi garganta haciéndole querer escapar casi tan violentamente como la fuerza que aplicaron en aquel cuerpo masacrado. Sus ojos están muy abiertos evidenciando el terror que vivió en los últimos instantes de su vida, los golpes por todo su cuerpo, su ropa sucia y desgarrada, su rostro desfigurado, los múltiples cortes como si se tratara de un becerro, como si su verdugo enfurecido hubiera descargado todo su odio sin remordimientos. No obstante, lo que más deprava, lo que llena de morbo a los ojos curiosos de los oficiales y las demás personas que se encuentran en la escena del crimen, es lo que muy poco se encuentra en un cadáver, una palabra escrita a fuego, a carne viva. Me resulta repugnante y enfermo, leerlo en su frente E imja.
Mía, dejó muy en claro el mensaje que quería transmitir, jactándose de la confusión e ignorancia de todo quien lo lee, pero yo a diferencia de todos sé lo que significa lo que ese asesino, ese ser cruel que no merece ser llamado humano, quiere decir. Se cree muy listo por dejar su trofeo a tan solo unos metros de donde ayer me encontraba con ella, la mujer que solo necesitó un instante para que su voz, su imagen, su belleza, sus encantos de mujer se repitan una y otra vez en mi cabeza. Con acecharla, hacer que su dulce corazón quiera escapar lejos de su maldad, de la sombra cobarde que se esconde en la oscuridad. Él cree que no me di cuenta, que no vi sus huellas, su contextura semejante a quien intento llevársela en el accidente, cree que no sé qué la quiere. No dejaré que le haga daño, que le toque siquiera un cabello, no descansaré hasta descubrir su identidad y enviarlo al lugar donde su espíritu se ahogue eternamente, aun cuando dudo que lo posea.
El cadáver putrefacto es llevado a donde pertenece junto a los suyos, los muertos que ya no hacen parte de este mundo terrenal. El señor Berberí es llorado y lamentado tanto que me hace pensar que su alma no descansará jamás. Sigo la caravana de coches que se ha formado, dispuesto a ir hasta el mismísimo infierno por atrapar al asesino. Sin embargo, mi mente se desvía de aquellos pensamientos vengativos que solo envenenan mi alma protegida por el lobo, pienso en esos ojos enigmáticos, en su alma inocente que ha sucumbido los escudos del animal, su recuerdo me ahoga, me sofoca, me apuñala, el destino es cruel e insensato al hacer que desee a alguien que quizás no podré tener.
Aparco el auto fuera de la estación de policía y bajo rápidamente con paso seguro hacia ella.
Soy lo mejor que tienen tendrán que aceptarme en este caso si o si. Aunque ya no pueda admirarla de cerca y pierda la oportunidad de observar su bello rostro, sus curvas delicadas que me enloquecen.
De igual manera tendría que alejarme, no puedo enamorarme, ella no pertenece a mi mundo ni siquiera a este país. Y no creo que entienda esa conexión con la que mi espíritu se obsesiona cada vez más, algo inexplicable e ilógico en cuanto al tiempo. Supongo que ella es más única de lo que piensa, de por sí es una mujer hermosa, pero aquello que no se ve, que solo yo puedo comprender, es lo que hace que cada vez me atraiga más, que no pueda evitar sucumbir como si fuera solo para mí.
— Teniente Bourne – saludó con un simple gesto de cabeza el jefe de comisionado Zef Kadarja — ¿No debería estar en el hospital? – preguntó mirándome seriamente.
– Estaré dentro de este caso, ahora será mi responsabilidad encontrar al homicida – hablé con seguridad, mirándolo de igual forma.
– Siempre tan reacio, que sea la última vez que desobedece una orden – se alejó hacia su oficina dejando una clara advertencia, ya estaba cansado de que yo hiciera mis propias reglas, mi carácter fuerte e imponente hacía difícil las cosas para todos.
Ahora mucho menos sería diferente, tengo que proteger lo que mi alma anhela así me pierda a mí mismo en el intento.
Inicie investigando la escena del crimen, debía encontrar alguna pista, los asesinos siempre dejan su huella y este no podría ser distinto. Luego iría a recoger los resultados de la necropsia, el cuerpo habla por sí solo, un cadáver tiene el poder de revelar verdades ocultas a quien sabe entenderlo, comprenderlo y estudiarlo. Y de alguna manera yo podía hacerlo, imaginarme las escenas que vivió, sus pasos apresurados y asustados, huyendo del peligro latente, de la muerte segura, sus gritos y súplicas por un perdón, una última oportunidad de vivir.
Escuchó claramente el sonido del cuchillo, de la carne abriéndose y desgarrándose entre tanto su homicida sonríe complacido, casi que excitado por contemplar su obra de arte tan macabra. Me aterra que ese monstruo imagine que en su lugar está ella, agonizando en sus brazos mientras él se siente extasiado por su olor, el olor de la sangre, desesperación, pánico, adrenalina y lágrimas.
Esos pensamientos nublan mi juicio, la estabilidad que debo tener en estos momentos para pensar con cabeza fría y mente abierta, por lo que muy a mi pesar debo apartarlos y concentrarme en lo esencial de estos momentos.
Una semana, ha pasado una semana observándola desde las sombras, admirando su belleza y protegiéndola en silencio desde la oscuridad del bosque, del frío fuera de su ventana. En las noches me aseguro de que ella esté bien, sé que siempre está acompañada por los otros médicos, pero debo sentirme más seguro, la bestia me azota el corazón si no lo hago. Así lo he pasado estos días y veo como ella también extraña mi presencia no solo por la promesa que le hice de acompañarla en sus salidas al bosque, sino porque se muy bien que ella como yo, lo siente, siente esa conexión única entre nosotros donde no importa el tiempo ni la cultura aún cuando solo nos hemos visto contadas veces. Pero cuando llega esa persona, cuando el destino por fin hace su obra no importa nada más, ni siquiera la lógica porque los sentimientos nunca la tendrán, esa es la magia de lo irracional, lo que hace único e intenso todo.
Solo bastó verla desde lejos, mirarla a sus ojos maravillosos y enigmáticos para sentirlo, para creer que solo la persona correcta te hará sentir y hacer lo que el resto nunca pudo. Lo único que no he hecho, es preguntarle a Willians por ella, quien está haciendo el trabajo que debería hacer yo, no he querido preguntarle nada, porque entonces me bombardearía con preguntas y suposiciones que no son ciertas, así que prefiero ahorrármelas por el momento.
Ahora me encuentro caminando por el bosque aprovechando el único día que me permití de descanso luego de estar por horas investigando el crimen. Busco la tranquilidad que en estos últimos días no he tenido, voy atesorando la compañía de los míos, la familia que nunca me ha abandonado desde que llegué a este mundo.
Al fin llego al lago, la señal de que estoy cerca, pero antes quiero adentrarme en esas aguas sanadoras que refrescan hasta mi conciencia, rejuvenecen lo que estos días cansados y estresantes han hecho en mí.
Me desvisto, quitando prenda por prenda la tela que cubre mi cuerpo del frío, aún cuando el día está soleado y hermoso generando un ambiente perfecto para el momento, solo mi ropa interior cubre lo esencial y con ella me adentro en las frías aguas cristalinas. Me permito un minuto de paz, de satisfacción al poder revivir recuerdos de mi infancia cuando solía venir a nadar y jugar por las tardes con mis primos y mi pequeña hermana hasta que mis padres junto a mis abuelos llegaban a sacarnos entre regaños y risas del lago. Sonrió con nostalgia al rememorar recuerdos que nunca olvidaré, que a pesar de la distancia llevo guardados con llave en mi corazón.
Vuelvo a portar mi camiseta negra junto a mis jeans y botas del mismo color, después de estar un rato pensando hasta el punto donde la memoria se vuelve dolorosa. Camino dejando atrás el lago colmado de la gran carga que llevo sobre mis hombros, adentrándome nuevamente en la espesura del bosque hasta la pequeña pradera que se esconde de los ojos del mundo, donde se encuentra mi hogar, el lugar donde nací, crecí y me críe.
Lo primero que me recibe es la imponente vista de la gran cabaña moderna con una bonita terraza al frente, seguida de un pequeño pelirrojo acariciando la cabeza de un lobezno blanco a unos pasos de mí.
Rápidamente me acerco a mi sobrino junto a su lobuno amigo con entusiasmo, él al verme salta a abrazarme con euforia.
—Tío Az, te extrañe – dice llamándome como solo él lo hace desde que tiene memoria, mientras me mira con sus grandes ojos azules luego de soltarme.
—Yo también pequeño – respondí revolviendo su suave cabello, llevaba meses sin verlo, podía notar que estaba un poco más alto, su cabello más largo que de costumbre, y sin mal no recordaba estaba próximo a celebrar su sexto cumpleaños. Me sorprendió mucho verlo, no esperaba que mi hermana nos visitará tan pronto.
— ¿Dónde está tu madre? –
— Mi mami está adentro con los abuelos y el tío James – respondió señalando la puerta de entrada con su pequeña mano.
— Bueno pequeño Ethan iré a saludarlos, pero no te escaparas de mi– dije guiñándole el ojo y sonriéndole a lo que él me devolvió el gesto, sabía que me refería a que le haría cosquillas y lo perseguiría por todo el bosque, ya había aprendido muy bien de su tío.
Al cruzar el umbral pude ver a mis padres en compañía de Daphne y James, el único de mis tres primos que aún continúa en la ciudad conviviendo con nosotros. Erik y Peter decidieron mudarse a Tirana, la capital del país, después de ser criados en su mayoría por mis padres y abuelos, ya que los suyos fallecieron en un accidente cuando apenas eran unos niños. Todos nos criamos en este bosque con una infancia feliz cuidando la naturaleza, el secreto del bosque, alejados de todo quien quería hacernos daño y de los sentimientos crueles que siempre llegan a opacar el corazón humano.
— ¡Azriel! – exclamó mi hermana acercándose a penas me vio entrar.
Se abrazó a mi cuerpo robusto con sus delgados brazos, brindándome el calor de familia, que me había hecho falta durante estos largos meses. Ella y yo siempre fuimos muy unidos, la cuidaba como mi tesoro, mi pequeña hermanita, aunque solo le llevará dos años.
Por otro lado, mis padres toda la vida fueron estrictos, secos y serios, si fuera por ellos no sabría lo que es amar.
—Pequeña— respondí de igual forma, devolviendo su abrazo, respirando su cálido aroma.
— ¿Cómo estás? No sabía que regresarías tan pronto de tu viaje, pero me alegra verlos a ambos.
Me regaló una gran sonrisa separándose un poco.
—Queríamos volver, Ethan extrañaba a sus tíos y claro... a sus abuelos – dijo observando con disimulo a nuestros padres que permanecían en silencio sin ánimo de hablar o mirarnos.
— ¿Te quedarás? – la mire con súplica, necesitaba un apoyo, no sabía qué hacer con mis sentimientos ni con lo que sucedía a mi alrededor, podría tener casi 30 años, pero en el fondo seguía siendo un niño buscando una sonrisa de su madre o un simple gesto de orgullo por parte de su padre. Ella me miró entendiendo que algo sucedía, siempre era así desde pequeños entendíamos muy bien lo que deseaba el otro con solo un gesto o una palabra.
—Me quedaré por unos meses, mientras Ethan regresa a la escuela en Vlore donde lo inscribí—
— ¿Piensas establecerte allí? — pregunté curioso y sorprendido, desde que Ethan nació ha estado viajando de ciudad en ciudad por meses solo con su bebé, buscando el lugar donde formar una familia junto a su hijo, pues fue muy doloroso para ella cuando su ex pareja la abandonó, dejándola sola con una vida que cuidar. A veces volvía con ella, solo para romperle el corazón nuevamente e ilusionarla, pero lo más difícil fue cuando no pudo hacerlo más, cuando murió sin darle la oportunidad a su hijo de conocerlo, de fingir ser un buen padre por un día, unos míseros instantes que podrían cambiar la vida de mi sobrino.
—Si, es una bonita ciudad, playa, sol y arena. Ethan estuvo fascinado cuando la conoció y yo he estado ahorrando para comprar una casa allí, creo que para cuando vuelva la podré comprar. Y tu ya no tendrás escusas para ir y visitarme – respondió mirándome de manera exigente.
—Está bien pequeña, te prometo que iré muy seguido a molestarlos – le sonreí apretando sus cachetes como solía hacerlo de niño para enfadarla, sin dudas eso jamás cambiaría.
Ella apartó mis manos de un manotazo e iba a hablar nuevamente cuando una voz la detuvo.
—Bueno, bueno, nosotros también estamos aquí, dejen de comportarse como niños – con voz gruesa y brusca habló mi padre, mientras los demás aún permanecían en silencio.
Los dos simplemente fuimos a sentarnos, no queríamos que el ambiente se volviera más pesado. Siempre ha sido así desde que todos dejamos de ser unos niños llegando a la etapa de la adolescencia, incluso todos nos distanciamos bastante. James se volvió más serio y reservado, aunque a veces llegaba a ser muy sarcástico con un ambiente de oscuridad a su alrededor. Lo mismo ocurrió con los demás, cada quien, en su mundo. Solo con Daphne permanecimos apoyándonos mutuamente, hasta en los momentos más difíciles cuando parecíamos desfallecer.
Todo parecía tan irónico, se suponía que el alma de la bestia fortalecería los instintos de manada, de familia, de protección y cuidado, pero parecía que ellos deshonraban a nuestros ancestros, aun cuando mis abuelos inculcaron el bien y alejaron sentimientos oscuros e inhumanos de nosotros, hasta su último suspiro de vida.
Durante unos minutos todos permanecimos así, solo mirándonos las caras o apartándolas de golpe, y aún así me gustaba venir a verlos, a integrarme con las personas que siempre han estado, no me importa si no ha sido como cualquiera esperaría, solo me interesa el sentir su compañía de esa manera cínica entre tan cerca y tan lejos. Quizás era masoquista, pero era lo único que conocía y en el fondo sabía que la confianza, la lealtad nunca había dejado este bosque.
Mi madre nos invitó a sentarnos en la mesa, ya era hora de almorzar, así que nos dispusimos a hacerlo, cada quien en su mundo, perdidos en sus pensamientos. Sin embargo, Daphne compartía sus experiencias vividas conmigo, los momentos especiales llenos de amor junto a su hijo, esa pequeña semilla de ella que ha sido su fortaleza, que no ha permitido que desfallezca jamás. Además, Ethan jugueteaba en medio de nosotros, después de haber llegado corriendo sucio por estar jugando con su peludo amigo, un animal, un lobo que nos brindaba su confianza y compañía sin importar la especie dejando atrás su lado salvaje.
Una vez terminamos, todos se alejaron a continuar con lo que sea que tuvieran por hacer y yo me quedé junto a mi hermana viendo al pequeño corretear entre los árboles con felicidad e inocencia digna de un niño, mientras ambos nos encontrábamos sentados en un gran tronco al aire libre, que nos hacía de asiento.
— ¿Qué pasa? – preguntó de repente, aun con su vista enfocada en su hijo.
— ¿De qué? – gesticule sin entender.
— Lo sabes muy bien, has estado muy pensativo. Me gustaría saber que cavila tanto tu mente – me miró a los ojos por fin, tratando de hallar una respuesta.
Solté un largo suspiro – No pierdes tu capacidad para analizarme – solté una pequeña sonrisa, esa era mi hermana – Conocí a alguien...una chica hace apenas unas semanas y tiene revuelto todo mi sistema sin consultármelo, pero... lo que más me aturde es que al parecer un psicópata está tras de ella.
—Vaya, es peor de lo que esperaba. Debes estar desesperado, la primera vez que te enamoras con un loco incluido – respondió riéndose de mí a lo que yo la mire mal.
—Es frustrante Daphne, no he parado en días de investigar y de cuidarla, pero haga lo que haga, no logro hallar a ese demente, sabe esconderse muy bien entre las sombras. No tener el control me saca de mi zona de confort – me miró comprendiendo.
—Entiendo, nunca has pasado por algo así, has investigado muchos casos, más no uno que te comprometa a ti y a tus sentimientos... Sin embargo, este no eres tú, no sé que te hizo esa chica, pero debes recuperar tu fuerza y valentía, eres un hombre muy fuerte que ha pasado por mucho en su vida. Si de verdad la quieres, debes concentrarte, tienes algo que nadie más tiene, un alma de lobo, la bestia aguarda en ti con instintos primitivos que te ayudarán en lo que te propongas, protegerá lo que el espíritu demande – respondió con seguridad, brindándome las palabras que no sabía que necesitaba escuchar.
—Tienes razón como siempre, pequeña, gracias. Nadie me conoce mejor que tú –
—Siempre estoy para ti. Ahora, un día me la tendrás que presentar – demandó seriamente.
—Mmm... — apoyé mi mano en mi barbilla cubierta por una escasa barba, haciendo el ademán de pensar – Auch – me queje sobando mi brazo, donde me había pegado un suave puñetazo que claramente no me dolió.
—Algún día quizás lo haga – respondí por fin, —Bueno hermanita, debo irme, ya casi oscurece y el camino se vuelve más...peligroso.
— ¿Por qué no te quedas? Ethan estaría encantado de tener por más tiempo a su tío, tu de seguro no volverás en unos días por estar tan ocupado en el trabajo – dijo mirándome con suplica, como si presintiera algo.
Lo sopesé unos segundos, entretanto ella me miraba expectante — Está bien – decidí aceptar.
Tenía razón, quizás no podría verlos en días, el futuro es incierto, no sé qué podría pasar en la investigación. Mañana me iría muy temprano.
Ella me miró complacida y juntos continuamos tranquilamente hasta el anochecer, riéndonos, jugando, simplemente siendo felices sin pensar en nada más, aprovechando aquellos pequeños momentos en la vida que se vuelven efímeros al final, pero que guardamos en nuestra mente y corazón para toda la vida. Serán la fortaleza del mañana y la nostalgia del pasado, aun cuando muchos quieran hacernos daño, robar lo poco o mucho que tengamos como razones para vivir; de ningún modo podrán privarnos de ellos.
La ventura colmaba mi ser al punto de cegarme de la oscuridad, de ocultarme los oscuros deseos que en una mente maquiavélica se premeditaban. Ella, sin saberlo, sin siquiera imaginarlo por una ocasión, salvó mi vida, me regaló nuevos años de subsistencia a su lado y al de los que en un mañana llegaría a amar. Mi muerte estaba planificada tan perfectamente que quedarían dudas de mi propia existencia en este mundo, nadie lo esperaría, nadie se daría cuenta, salvo su corazón, que en un ataque de euforia absurda había presentido lo inevitable en mi destino.
Esa sombra conocía todos mis pasos y los que estaba próximo a dar, quería darme caza y lo iba a lograr si yo no tenía cuidado. Me estudiaba mejor que cualquiera, sabía muy bien que era una amenaza para sus planes, una que debía exterminar muy pronto. Había planeado todo tan bien, esta vez no cometería errores, ya estaba perfeccionando sus técnicas, mi cadáver jamás habría sido descubierto como se lo había propuesto, era una pena para él que todo se hubiera arruinado solo por esta vez...
El bosque sería su aliado, traicionando todo lo que creía amar; entretanto su objetivo cambió, como siempre debió ser al principio.
El auténtico juego había comenzado, con las fichas sobre la mesa y el primer movimiento en falso...