La noche era gélida, mucho más que cualquier otra en todo el año. El viento silbaba entre las calles de Londres, arrastrando consigo hojas secas y escombros de una ciudad que nunca dormía. Pero dentro de una mansión al sur de la ciudad, el frío no provenía solo del clima, sino del temor que paralizaba a una madre que sabía que su destino ya estaba escrito.
Sinuhe Estrabado temblaba, pero no por la temperatura. Sabía que el tiempo se agotaba, que si no actuaba en ese preciso momento, su pequeña hija pagaría el precio de los pecados que su familia había cometido. El eco de su respiración entrecortada llenaba la habitación mientras observaba a su hija Camila, acurrucada en su cama con su pijama de unicornio, ajena al peligro que acechaba tras las paredes de su hogar.
La decisión que había tomado le desgarraba el alma. No había salida para ella, pero había una oportunidad para Camila. Y como madre, haría lo que fuera necesario para salvarla. Se acercó a la cama con pasos silenciosos y temblorosos. Sus manos, frías y sudorosas, acariciaron la mejilla de su hija una última vez antes de envolverla con cuidado en una manta gruesa. Asegurándose de no despertarla, la colocó dentro de una caja de madera lo suficientemente amplia para que pudiera moverse pero lo bastante discreta para no llamar la atención.
Respiró hondo. No podía titubear.
Abrió la puerta y llamó al chofer, un hombre leal que nunca cuestionaba sus órdenes. Cuando él apareció, ella se limitó a darle una instrucción simple, con una voz firme que escondía el dolor que la consumía por dentro.
—Toma esta caja. Lévala lejos, lo más lejos posible. No hagas preguntas. Solo hazlo.
El hombre asintió, sin dudar, sin preguntar. Cargó la caja en el auto y se perdió en la oscura noche.
Cuando el sonido del motor se disipó en la distancia, Sinuhe cayó de rodillas. Las lágrimas rodaban por su rostro sin control mientras murmuraba palabras que jamás llegarían a oídos de su hija:
—Camila... hija, perdóname. Tenía que hacerlo... Tenía que salvarte de lo que nos esperaba... Vive, mi niña, tienes que vivir... Te amo, Kaki.
Al día siguiente, la noticia se esparció como fuego descontrolado.
"Sinuhe Estrabado, esposa de Alejandro Cabello, uno de los empresarios más importantes de América, fue encontrada muerta en su hogar. Se presume que se trató de un ajuste de cuentas. Las empresas Cabello han sido acusadas de lavado de dinero. El paradero de su hija aún se desconoce."
Para las diez de la mañana, todo Londres estaba enterado. Para el mediodía, la noticia ya había cruzado el Atlántico y todo América hablaba de ello.
Al otro lado de la ciudad, Clara Jauregui, una renombrada diseñadora de moda, pasaba la noche en su estudio. La prenda final de su colección estaba lista y, con ello, le esperaban tres meses de vacaciones junto a su amada hija Lauren y su esposo, Mike. No solía prestar atención a las noticias, y esa noche no fue la excepción.
Al salir de su estudio, una densa nevada comenzaba a caer. Su coche extrañamente se negó a encender. Maldijo en voz baja, decidiendo que caminar hasta su casa sería más fácil que llamar a Mike.
Mientras avanzaba por las calles desiertas, sus pasos resonaban en el silencio nocturno. Pero algo interrumpió su andar: un pequeño bulto en la esquina de la acera.
Se acercó con cautela y su corazón se detuvo al ver a una niña, vestida apenas con una pijama de unicornio, temblando y abrazándose a sí misma para conservar el calor.
Clara se arrodilló frente a ella, suavizando su voz para no asustarla.
—Hey, pequeña... ¿Qué haces aquí sola a estas horas? ¿Dónde están tus padres?
La niña levantó la mirada. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero ni una sola palabra salió de su boca.
Clara sintió un nudo en el estómago. No podía dejarla allí. No en medio del frío. No sola.
—Vamos, no puedes quedarte aquí. Ven conmigo.
La niña no respondió. En cambio, se aferró a ella, abrazándola con todas sus fuerzas. Clara sintió cómo el corazón se le rompía en pedazos. Sabía que algo horrible había ocurrido. Sabía que en ese preciso momento, su vida cambiaría para siempre.
Pero lo que no sabía era que esa niña perdida sería la pieza que faltaba para sanar su corazón.
La envolvió con su abrigo y la alzó en brazos. Camila, por primera vez en toda la noche, sintió calor. Sintió seguridad. No preguntó a dónde la llevaba, porque en el instante en que Clara la abrazó, supo que estaba a salvo.
Y así, en medio de la nieve y el destino que unía sus vidas, ambas se adentraron en la noche sin saber que aquella fría casualidad cambiaría sus vidas para siempre
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I'm not your Cinderella Camren GIP
FanfictionCamila una niña abandonada a sus 7 años andaba por calles peligrosas de Londres, no tenia a nadie y sufría por no saber lo que había pasado con sus padres un día simplemente despertó en una calle sin saber como volver a su hogar... Clara Jauregui un...
