Universidad de Falmouth

178 11 11

Olivier se marchó hacia Londres, no fue una despedida, puesto que él le aseguró que regresaría el siguiente fin de semana.  Ella no sabía qué pensar, no había nada romántico entre ellos. Él tenía novia y había sido muy claro y honesto al respecto. Tampoco podía percibir que estuviera ahí sólo para conquistarla y llevarla a la cama. Si no se equivocaba, él sentía lo mismo que ella hacia él, profundo respeto y admiración. Ambos disfrutaban la compañía del otro y nada más. Luego de un rato se dio cuenta que no valía la pena seguirle dando vueltas al asunto. Esa era una lección que le había costado aprender; vivir en el presente.

Por naturaleza es una persona ansiosa, y por el índole de su trabajo, vive siempre dos pasos adelante, tratando de predecir el futuro. Pero en su vida personal y a fuerza de golpes, había dejado de hacerlo. Un día a la vez, se decía.

Cuando su madre fue diagnosticada con cáncer terminal, vivía sufriendo, pensando en el día que ya no estaría a su lado. Era un infierno constante. Todo empeoró el día que descubrió la infidelidad de Arturo, su exnovio. Fueron días muy difíciles para ella, aparentar que todo estaba bien delante de su familia, puesto que consideraba injusto que la vieran sufrir cuando su madre estaba a las puertas de la muerte. Debió sacar fuerzas extrahumanas para ir a trabajar, y en las noches lloraba desconsolada. Pero fue de esa forma, en un día donde se sintió tocar fondo que se dio cuenta que el día lo había sobrellevado de una buena manera. En la oficina las cosas habían transcurrido sin mayor novedad. Su madre, aunque con los efectos de la quimioterapia y de la enfermedad, estaba bien. Había llegado al final del día sin mayor esfuerzo. Y así nació su nueva filosofía de vida, «¡Un día a la vez!». Comenzó a disfrutar más de la compañía de su madre, ya no lloraba desconsolada pensando en el día que ella no estaría, y agradecía por cada día que la tenía a su lado. Dejo de preocuparse por lo que sería vivir sin Arturo y sin su madre, a su madre aún la tenía y el día lo había vivido muy bien sin él. Por supuesto que lo extrañaba y le dolía muchísimo. Una infidelidad no sólo es un golpe al corazón, sino un golpe al ego. Ella se había enamorado ciegamente de él y solo el tiempo la ayudaría a sanar.

Manuela aprovecha la tarde para ir de compras. Necesita abastecer su alacena. Ha decidido hacer dos tiempos de comida en casa y uno fuera, para no gastar más de la cuenta.  Se había quedado sin ahorros con la enfermedad de su madre, junto a su padre y a su hermana habían decidido darle la mejor atención médica a su alcance. No podían curarla, pero le dieron calidad de vida hasta el final. Así que lo que había logrado ahorrar luego de la muerte de su madre, se lo estaba gastando íntegramente en este viaje.

Alrededor de las seis de la tarde, recibe un mensaje de Olivier, este ya ha llegado a Londres y quiere saber cómo está ella.

ODB: Hello there, llegué bien, sin mayor novedad, ¿tú?

M: Hola, todo bien. Ya hay comida en casa, pienso leer un poco e irme a la cama temprano.

ODB: Te envidio, preferiría quedarme en casa, pero Sabine puede asesinarme si no vamos a esa cena :)

M: Que lo disfrutes, ¡feliz noche!

Manuela decide lavarse la cara y ponerse una mascarilla que ha traído de casa. Cuando estaba empacando para su viaje vio el tubo y supo que era indispensable llevarlo. Su hermana se lo había regalado días antes de navidad y no lo había utilizado más de un par de veces. Es el momento de consentirse.

Con la mascarilla en el rostro, se sirve un plato de uvas, dos rodajas de queso y abre una botella de vino tinto, y se sirve una copa. Había comprado un vino italiano a mediano precio. Los vinos italianos son los favoritos de Manuela.

Choque de egos¡Lee esta historia GRATIS!