Resultados electorales

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James se despertó temprano, no es un hombre que pueda pasar largo rato tendido en una cama. La mañana está aún oscura y el frío del otoño se puede sentir. Se levanta de la cama y camina descalzo. Le gusta sentir la sensación del contacto de la madera sobre la planta de sus pies. Se dirige a la cocina y se prepara un desayuno de «Porridge», crema escocesa de avena.

Aunque ha vivido la mayor parte de su vida en Cornwall, sus raíces escocesas transmitidas por su madre son muy fuertes. Tal y como la superstición lo manda, revuelve la avena con la mano derecha y en dirección de las agujas del reloj, si lo hace de forma contraria, se corre el riesgo de que el demonio venga por él. Por supuesto no cree en esas tonterías pero le parece divertido continuar la tradición. Lo acompaña con un té negro. Y se sienta a leer las noticias en su tablet.

¡No puede ser! ¡Qué está pasando!, —exclama. Trump le está sacando ventaja a Hillary Clinton en las elecciones en los Estados Unidos. Le cuesta trabajo creer que un capitalista y racista como Donald Trump pueda estar en la contienda y más aún, ganando.

¿Qué hora es? —se pregunta y voltea a ver la hora en el reloj de la estufa. Son las seis y veinte de la mañana, en la costa este de los Estados Unidos es la una y veinte de la mañana —razona. Ha perdido el apetito.

Se siente nervioso y molesto, decide ver la televisión, seguramente la BBC tendrá una transmisión especial, en directo. Sube a su habitación con su taza de té que ya está helado, pero no tanto como él. Se siente estupefacto, «Bloody Americans!» —exclama.

Enciende la televisión y en ese momento ve como el mapa que muestra los diferentes estados y distritos electorales continúa cambiando a rojo, el color de los Republicanos. Ya han ganado Ohio, la Florida, Carolina del Norte, Utah y Pennsylvania. ¡Trump está ganando!

No puede continuar viendo esto, necesita aire fresco. Decide salir a su patio trasero, ahí está su gato Douglas. Es un gato negro peludo, su cola parece un plumero, tiene los ojos color amarillo, una mirada penetrante y es obeso. Douglas pareciera leer su estado de ánimo, siempre aparece cuando necesita un poco de paz y si algo transmiten los gatos es paz, sobre todo cuando duermen.

Deja entrar al animal, quien a pesar de estar castrado le gusta dar paseos nocturnos. James duda que vaya de cacería, es demasiado perezoso. Sospecha que visita la casa de la señora Wilson, una viuda que vive en a dos cuadras de su casa y quien alimenta a todos los gatos del vecindario. Un día el invierno pasado, regreso a casa con un suéter tejido a mano en color naranja. Se veía ridículo, pero está seguro que la pobre mujer pensó que le daría frío volver a casa sin abrigo.

Douglas se para frente a su plato y maúlla, voltea a ver a James y nuevamente voltea a ver el plato. El mensaje es claro, ¡dame de comer!

—¡Eres un aprovechado! Cenaste en tu segundo hogar y ahora regresas a casa para el desayuno. ¡Por eso estás tan gordo! —le dice afectuosamente a Douglas. Y se dirige a la alacena, donde guarda la comida del gato. Toma la taza medidora y le sirve una ración en su plato. Revisa que el gato tenga suficiente agua fresca. Luego se dirige a la jarilla que está sobre la estufa para calentar agua para el té. A veces desearía que le gustase el café. Pero no lo tolera. Le provoca acidez y por alguna razón siempre prefirió el té.

Cuando el agua hierve, se prepara otra taza de té, y lo deja reposar por cinco minutos para que esté bien cargado. Se dirige a la alacena, toma una botella de Brandy y le pone un poco de Somerset Twenty Year Old. No es hora de tomar, pero lo necesita para calmarse un poco.

La política le afecta demasiado y esto no puede estar pasando. Aún no ha terminado el conteo y no han declarado ganador, —intenta calmarse. Es muy pronto para asumir que todo está perdido.

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