Aeropuerto Nacional Ronald Reagan

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Manuela se dirige hacia la puerta de abordaje, al inicio trata de caminar, cuando se da cuenta de que no avanzaba tan rápido como hubiese querido, decide perder la vergüenza y lanzarse a correr.

De repente siente que alguien corre detrás de ella, pero no desea voltear, su puerta de abordaje es la última del pasillo, —¡Madame! ¡Madame! alguien grita detrás de ella. Cuando está a unos quince metros, deja de correr y comienza a caminar, se da cuenta que aún hay movimiento en la puerta de abordaje y no parece que el abordaje hubiese iniciado. Se para un momento para tomar aire y le ve. El francés se detiene frente a ella en un estado evidentemente alterado y le pregunta en un perfecto inglés con acento británico, —¿Tú no te detienes a ver quién grita detrás tuyo? ¿te pueden estar pidiendo auxilio y tú ni siquiera volteas a ver?

Confundida y alterada Manuela le observa de los pies a cabeza, luego da una mirada a su alrededor, cómo buscando algo, y le responde —¿Te ha sucedido algo? ¿te encuentras en peligro?

El francés frunce el ceño bastante molesto por la respuesta irónica de Manuela y antes de que este pueda responderle ella le dice, —en realidad no me lo parece, así que hazme el favor de quitarte de mi camino y déjame pasar.

Ella sigue su camino y él camina a su lado. Se pone furiosa, y no comprende porqué él sigue ahí.

Al darse cuenta de la reacción de ella, él respira profundo y le dice, —Me parece que hubo una confusión, yo tengo tu computadora y tú la mía, ¿podríamos hacer el intercambio y así tú sigues con tu vida y yo con la mía? ¿Te parece?

Manuela se detiene de golpe, abre la boca cómo si va a decir algo pero vuelve a cerrarla. Él la observa con ojos burlescos y frunce la boca como si fuera a reírse de ella, aunque demuestra autocontrol al no hacerlo.

—¡¿De qué hablas?! Pregunta exasperada.

—Cuando saliste del puesto de seguridad llevabas tanta prisa que no te diste cuenta que tu computadora estaba delante y tomaste la mía, que es igual a la tuya. Yo me di cuenta, pero saliste corriendo y tuve que perseguirte hasta acá.

—¿Cómo te pudiste dar cuenta tan rápido? pregunta ella.

—Fue muy fácil, en la bandeja de mi computadora iba a demás mi cinturón, el cual dejaste y tomaste solo mi computadora. Me di cuenta que fue un error cuando divisé la tuya en una bandeja solitaria. ¿Hacemos el intercambio y terminamos con esto? No eres la única que tiene prisa.

Manuela se siente humillada y un poco tonta, al grado que se ruboriza. Puede sentir el calor en sus mejillas, lo que le produce más vergüenza. ¿Qué hubiese pasado si ninguno de los dos nos damos cuenta y nos llevamos las computadoras cambiadas?, piensa angustiada.

—¿Podrías darme un par de minutos en lo que averiguo que sucede con mi vuelo, porque ya deberían haber abordado, y luego hacemos el cambio? ¿te parece?, pregunta en un tono casual, pero se siente martirizada

Él asiente con la cabeza y ella se dirige al mostrador.

El vuelo hacia Houston había sido cancelado por desperfectos mecánicos. A los pasajeros que no tenían conexiones los estaban regresando. Como Manuela conectaba en Houston hacia Guatemala, decidieron enviarla en un vuelo que sale a las 12:20 horas. Si tiene suerte y el vuelo despega a tiempo, no perderá su conexión, de lo contrario le tocará pasar la noche en Houston. La vida es así, piensa ella, cuando vamos a toda prisa, la vida suele recordarnos el poco control que tenemos sobre lo que sucede a nuestro alrededor.

No le quedó otra opción más que resignarse, pero se puso de muy mal humor.

Recuerda al francés y lo busca con la mirada, él está recostado en una columna muy cerca del mostrador.

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