Capítulo XI - St Ives

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James llega a la hora acordada a buscar a Manuela. Manuela lo está esperando en la puerta, está ansiosa por partir.  Olivier no respondió a su mensaje y eso la hace sentir intranquila. Desea conversar con él, pero al parecer Olivier tiene cosas más importantes que hacer. Sube al auto y James le ofrece un café aromático y humeante que había pasado a comprar para ella. Manuela se siente un poco apenada ante el gesto y la amabilidad de James. Acepta el café agradecida. No se siente cómoda cuando alguien tiene un gesto amable hacia ella, no está acostumbrada. Y recuerda las palabras de su hermana «déjate consentir». Mi hermana tiene razón, piensa.

James le explica que lamentablemente no podrán visitar el famoso museo de Tate St Ives, ya que la remodelación que estaba prevista para mediados de mayo, había sido aplazada y la reapertura del museo está programada para el treinta y uno de marzo del próximo año. —Es una pena James, me hubiese encantado verlo— le dice.

—Verdaderamente lo siento Manuela, pero no te preocupes, te llevaré al «Barbara Hepworth Museum and Sculpture Garden».  ¿Sabes quien fue Barbara Hepworth? — pregunta.

—No tengo la menor idea ¿Quién fue?

—Barbara Hepworth, es una escultora inglesa muy reconocida. Ella junto a otros artistas como Ben Nicholson y Naum Gabo se mudaron a Cornwall, específicamente en St Ives a finales de los años treinta, durante la Segunda Guerra Mundial. Ella y Nicholson fueron miembros claves del movimiento de arte abstracto de esa década. Fue influenciada por la obra de Henry Moore.

—¿Toda su obra es abstracta? —pregunta no muy emocionada por conocer la respuesta.

—Sí, ¡te va a encantar! Siendo tú una artista, estoy seguro que sabrás apreciarla.

Manuela sonríe no muy convencida de esa afirmación. Pero en realidad lo que necesita es un paseo, así que, si tiene que sacrificarse viendo arte abstracto, está dispuesta a pagar el precio.

—James, tú conoces bastante sobre arte, ¿nunca estudiaste arte? —pregunta.

—Siendo un modelo de arte plástica es difícil no interesarte. Las sesiones a veces son muy largas. Si bien la mayoría del tiempo todo está en silencio, he presenciado una que otra discusión interesante sobre arte y disfruto leer e investigar, así que he aprendido una que otra cosa. Además de ello, siendo un nativo de la región es difícil no conocer sobre este peculiar grupo de artistas que se estableció en Cornwall— comenta.

—Me alegra que te interese. El arte en todas sus manifestaciones es un reflejo de nuestra humanidad. Yo soy muy crítica del arte moderno, precisamente por eso. Me preocupa un poco el estado de caos que manifiestan muchas de esas obras. Sea como sea, el arte es una expresión humana maravillosa. Y de St Ives, ¿qué me puedes decir, o qué debo de saber antes de llegar? —pregunta con una amplia sonrisa.

La sonrisa de James se hizo amplia y los ojos se le iluminaron, —¡Es un lugar maravilloso! Te puedo adelantar que está en la costa inglesa del lado del Mar Céltico y que es un puerto. Su principal actividad económica es la pesca, el resto estas por descubrirlo tú misma— y le guiñó le ojo.

James subió el volumen del radio y cambió de estación, a una de música pop. Manuela conocía varias de las baladas y algunas las cantaron juntos a gritos desafinados. Ninguno de los dos tiene talento musical. James se concentró en manejar y no habló más durante el resto del trayecto, a menos que Manuela le preguntara algo sobre algún lugar por el cual pasaban en la carretera.

Manuela por su parte se sintió agradecida por lo intuitivo que era James y como supo darle su espacio. Al pasar por ciertos lugares lamentó no bajar del auto y conocerlos, o bien tomar fotografías. Pero no quería demorar la llegada a St Ives y Olivier le había ofrecido llevarla a conocer algunos de estos pintorescos lugares. Al pensar en Olivier sintió una punzada en el estómago. Sacó su teléfono de su bolso y revisó los mensajes. ¡Nada! Olivier seguía ignorándola. Quizá está ocupado, pensó.

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