Rumbo a Penryn

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—¡No tenías por qué hacerlo! No sé qué decir, gracias, por supuesto. Pero estoy sin palabras, dice Manuela.

—Es un gusto hacerlo, no tienes nada que agradecerme, responde Olivier. Además no se por qué te sorprende, el martes que te escribí, pregunté los detalles de tu vuelo, ¿No fue obvio?

—En absoluto, responde ella negando con la cabeza. Pensé que lo hacías por cordialidad. Me habías dado tu información de contacto y me dijiste que te llamara si tenía algún problema. Pero venir a buscarme al aeropuerto para llevarme a Cornwall, es otra cosa muy distinta. En verdad no tienes por qué hacerlo. Si deseas puedes dejarme en la estación de Paddington, ahí debo tomar el tren hacia Cornwall. Sólo tengo un cambio de tren en Truro, y ese tren me llevará en quince minutos a Penryn. La estación no está lejos de donde voy a vivir. Si Google Maps está en lo correcto, es media milla caminando. De igual forma pienso tomar un taxi de la estación al cottage que alquilé.

—Hiciste bien tu tarea, ¡te felicito! Pero de todas formas yo te llevaré. Ya estoy aquí. Déjame ayudarte con tu maleta, ¿o eres de las mujeres que se rehúsan a que un hombre las ayude? Bromea Olivier.

—En lo absoluto responde Manuela, y extiende su maleta hacia él. Si deseas también puedes llevarte mi maleta mano y mi cartera, bromea ella.

Caminan en silencio hacia el estacionamiento del aeropuerto Heathrow. La temperatura es agradable. El pronóstico del clima para Londres era de dieciséis grados centígrados, y soleado. Fue correcto.

Cuando llegan al carro de Olivier, Manuela no se sorprende de ver que es una Land Rover Discovery Sport, en color gris grafito.

Manuela se siente incómoda. Deberá viajar al menos seis horas con Olivier. En el tren podría dormir un rato. Pero en el carro con él le daría mucha vergüenza. ¡¿De qué vamos a hablar por seis  horas?! Piensa.

Oliver la observa detenidamente y se da cuenta que ella se siente incómoda. Quizá debió decirle sus planes. Aunque en realidad él mismo no los sabía, hasta que le confirmaron hace un par de horas la cena secreta en el Maha Masala Spice Company en Penryn. Olivier tenía ganas de visitarlo desde que supo de el. Pero no había tenido ninguna excusa para ir a Cornwall. No podía creer su suerte cuando Manuela le dijo que ella iría precisamente a Penryn.

Maha Masala Spice Company, es una empresa que vende especias que importan de la india. Ellos crean sus propias mezclas y venden las mismas acompañadas de una receta. Para promocionar sus especias y sus recetas, organizan cenas secretas en la casa de los propietarios. Es una excelente forma de probar la verdadera comida india, ya que la comida que se come en Londres  ha sido alterada para satisfacer el paladar de los locales.

—Bien, le dice Olivier. La última vez que te vi no hubo tiempo de que me explicaras eso de la Fundación Nicolás Maquiavelo para la Libertad y el Desarrollo. Creo que hoy tenemos suficiente tiempo, sonríe.

Manuela le devuelve la sonrisa y de repente los prejuicios que se había formado hacía él se desvanecen. Se da cuenta que ha comenzado a tomarle cariño a este extraño francés.

—Para comenzar dime, ¿qué tanto conoces la obra de Maquiavelo? ¿Qué tanto sabes de él?

—En realidad no mucho, responde Olivier. Lo que la mayoría de la gente sabe de él, supongo. La famosa frase que se le atribuye de, «El fin justifica los medios» aunque en realidad esa frase la escribió Napoleón en la última página del ejemplar de su libro de, «El príncipe». Otra de sus frases que me parece interesante es, «Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos» ¡ah! y esta otra, «Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres», responde Olivier entusiasmado.

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