Parte 7

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Una semana sin él, he tenido que salir a mendigar un poco de comida, mis padres me volvieron a dar la espalda, y no los culpo, cuando me ofrecieron su apoyo me negué aceptarlo, aunque ver a mis hijos menos nerviosos me hace sentir mejor, mis golpes han mejorado aunque los morados persisten, pero en un color mas tenue, mis hijos duermen a mi lado, sus rostros impasibles me tranquilizan, pero en una semana él volverá, y entonces todo volverá a ser igual.
Me volví para acomodar a Elisa que dormía sobre mi brazo, al poner mi mano sobre ella me percate de la alta temperatura de su cuerpo, me puse de pie casi de inmediato, corrí hasta el baño por una toalla húmeda, por mas que la pasaba por su frente la fiebre no cedía, rebusque entre los cajones y solo encontré un jarabe caducado, me sentía desesperada, y ella empezaba a estremecerse cada vez más, los vellos de su piel permanecían erizados y unos gemidos casi inaudibles salían de se su boca de pequeños labios secos, me vestí rápidamente y eché un vistazo al reloj, 23:54 pm. Los nervios se apoderaron de mi y las lágrimas empezaron a humedecer mis mejillas, las limpie bruscamente y me acerqué a Marcos.
Empecé a moverlo suavemente para que despertara, me miro con los ojos enrojecidos por el sueño y le pedí que se pusiera de pie, que teníamos que ir al hospital, le llevó un momento espabilarse pero en cuanto lo hizo se apresuró a ponerse los zapatos, tome a Elisa en brazos y salimos a la calle, mire a ambos lados desesperada, lo tomé de la mano y caminamos hacia la avenida mas cercana, los perros no dejaban de ladrar a nuestro paso, esperaba que ninguno lograra escapar. Las calles estaban mojadas, Marcos empezó tiritar de frío pero no dijo absolutamente nada solo siguió andando. Un taxi se detuvo a mi señal, subí a el y le pedí que me llevara al hospital, lo siguiente que haría me tenia terriblemente avergonzada.
Al llegar a la puerta de urgencias me dirigí al conductor con el rostro avergonzado.
-Señor, no tengo dinero, me apena decirselo ahora, pero mi hija esta muy mal y necesita que la atiendan, en verdad perdoneme- baje del auto sin esperar respuesta, antes de entrar al hospital eché un vistazo al numero del taxi.
Fui corriendo con la enfermera que se encontraba detrás de una ventanilla.
-Por favor, necesito ayuda, mi hija esta muy mal -
Ella me observó con el rostro enfadado, tomó el teléfono y enseguida salió un camillero por un pasillo.
-¿Usted tiene a la niña enferma?-
Asentí desesperada con mi hija inerte en brazos.
-El doctor la espera, usted aguarde aquí-
me quitó a mi hija de los brazos y se adentró al pasillo por el cual había llegado. Me quede allí, de pie, Mirando como se llevaban a mi hija.

AlexandraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora