Capítulo 10

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El atronador pitido del tren despertó a Asmodeus de mal humor, los tímpanos le zumbaban mientras sentía el leve temblor en el cuarto cuando el tren paso al lado del hotel, se puso la almohada encima y amortiguo un grito de fastidio, se quito la almohada de la cara y rodo los ojos. ¿De verdad gasto tanto para quedarse solo una noche?

– ¿Cuánto cuesta la noche? –había preguntado Asmodeus


–200 – bostezo el recepcionista sin quitar los ojos de la revista

– ¿¡200!? – el zorro lo miro atónito. – ¿Y es que tienen a Elizabeth Kerr allá arriba o qué coño? ¿Cuánto cuesta su habitación más barata? –

–200 – repitió el hombre pasando las hojas de la revista.

–Coma mierda. – gruño Asmodeus dejando unos billetes sobre el mostrador.

Al menos contaba con cable, agua caliente, un número pequeño de plagas y completa privacidad. La verdad, hacía muchos años que el zorro pasaba una noche solo, se sintió bastante bien a su parecer. Se levanto de la cama y fue hasta el baño, encendió la luz y se miro al espejo. Un rostro un tanto demacrado le devolvió la mirada, abrió su boca en su totalidad y examino los dientes que le faltaban, cuatro muelas y dos colmillo. Suspiro pesado resignándose a su suerte.

–Que bien. – gruño. 

Se lavo la cara, cepillo sus dientes, peino su cabello negro terminado en puntas anaranjadas y sus ojos rojos tenían una expresión apagada. Una ola de odio comenzó a subir por su cuerpo ¿Era justo que le pasara tanta mierda por culpa de un Overlord tan hijo de puta? Siempre vivió con el miedo de que el demonio pudiese matarle cuando le venga la gana si ya no le satisfacía, pero ahora era libre, podría hacer lo que quisiera. Podría vengarse. Podría chantajearle para conseguir poder. Un brillo de ambición apareció en los ojos de Asmodeus con una pequeña sonrisa cruel. Pero una nube de preocupación turbo su deseo y no sin motivo.
Michael era muy conocido, por obvias razones, era un Overlord, un demonio de mucho poder, que pertenecía a la segunda jerarquía del Infierno, ha aterrorizado a muchos mortales pudiendo cruzar de forma legal al mundo humano , ha creado plagas y pestes para llevar almas al infierno, era bastante astuto y calculador, fuerte y nadie conocía la forma de matarle. Ha escuchado ciertos rumores de que le han llegado a bañar en agua bendita y traspasado su cuerpo con lanzas y armas de ángeles, sin importa cuánto hubieran avanzando estas, y ha sobrevivido, cosa que va al borde de lo absurdo pues todos conocen la regla de que las armas de un ángel son lo suficiente para matar a un demonio o pecador; aunque el mayor se jactaba de sus logros, se reía diciendo que podían intentar matarlo cuando quisieran pero jamás lo conseguirán.

Aunque recuerda una pequeña conversación un tanto curiosa que logro escuchar cuando pasaba por el pasillo cerca de la oficina del demonio.

– ¿A quién crees que intimidas, muñequita? – la voz era gruesa y burlona. – Entre todos nosotros, sabemos cuál es tu secreto. – añadió en un tono jocoso.

La puerta estaba entre abierta, se asomo y pudo ver a Michael pálido de la rabia. En ese momento se pregunto ¿Por qué el hombre estaba tan enojado? ¿Cuál secreto que solo saben los demonios de su clase y otros más altos?  Sin embargo, no pudo ver a quien se burlaba de su amo.


Solo pocos sabían su secreto ¿De dónde podría sacar algo de información? ¿Quién podría darle alguna pista de dónde empezar a buscar? Puede que en el bar Kitty, alguna alimaña que va allí puede saber algo. Se encontraba de todo.
Y solo hay una forma de conseguir información valiosa.
Con sexo.

En la noche fue al bar Kitty, donde seguía trabajando como cantante para que al menos ese lugar tuviese algún espectáculo decente. Asmodeus fue a hablar con Jason, el bar tender y le dijo que quería trabajar junto al servicio de prostitutas con la condición de que quiere elegir él mismo con quien acostarse.

–Me da igual con tal de que me hagas ganar dinero. – resoplo la anguila

Y de esa forma el zorro, después de cantar algunas canciones en un hermoso traje que se puede usar tanto en el escenario como para ser provocativo, se paseaba por el bar moviendo sensualmente sus caderas hasta que decidió sentarse junto a un demonio de cuernos de ciervo, cara alargada, huesuda y negra y enormes garras que bien podrían perforar la madera de la mesa, Asmodeus se sentó en la silla vacía que había al lado y le acaricio la pierna. 
El demonio lo saludo con una sonrisa coqueta mostrando sus colmillos y le acaricio la cara con el roce de sus alargadas uñas, deleitándose con el cuerpo del zorro, lo recorrió con la mirada a su antojo.
Para Asmodeus, llevar al enorme y alto ciervo al cuarto de atrás en donde se entregaron al placer del coito, el zorro moviéndose como una serpiente, dando gemidos dulces y toques para enloquecer de placer a su amante; el ciervo ebrio y creyéndose con buena suerte se dejo hacer todo lo que quisiera la puta que tenía enfrente.  

Al terminar ambos estaban acostados en la cama, el zorro sentado en la cama y el venado fumando. Asmodeus saco una foto de Michael y se la puso enfrente.

– ¿Lo conoces? – pregunto Asmodeus.

El venado le dio una calada a su cigarrillo.

–Sí. – dijo expulsando el humo por su nariz. – Un tipo bastante peligroso, todo el Infierno lo conoce. –

– ¿Has tenido tratos con él? – pregunto Asmodeus con sequedad.

–Tendrías que estar demente para hacer un trato con ese hombre. – rio el ciervo.

– ¿Sabes quién me puede dar más información sobre él? –volvió a preguntar Asmodeus con la mirada fija.

El ciervo dio una nueva calada y se tomo su tiempo para responder expulsando el humo.

–Este hombre es muy conocido en la realeza del Infierno... – dijo al fin. – Pero dudo que alguien de tu clase pueda juntarse con los pomposos presumidos de los Ars Goethia o de rango más alto. –

Asmodeus paso varios días acostándose con toda clase de hombres y mujeres que le podrían dar algún tipo de información, pero todos le daban la misma respuesta, lo que buscaba solo estaba en la boca de la gente de la realeza u otros demonios de alto poder no pertenecientes a esta.

Tal vez no conocía a ningún Goethia, pero si conoce a alguien de la realeza que podría proporcionarle los datos que buscaba.

Así fue como en una mañana, cosa que se sabe por el calor sabiendo que en el Infierno no hay día ni noche,  llego frente al castillo de Eizther.  
El zorro se freno frente a los inmensos portones de acero negro del castillo, el nudo en la garganta le oprimía ¿Estaba seguro de hacer lo que pensaba? ¿Realmente estaba dispuesto a que el príncipe lo viera? Su cabeza se lleno de dudas, indeciso frente a los guardias que tenían una expresión inescrutable, respiro hondo y se alejo de allí, ha de estar demente si pensó por un segundo el entrar en ese sitio en donde su majestad podría dar la orden de degollarlo.
Asmodeus se sentó en la acera poniendo ambas manos sobre el rostro y gruñir. No, definitivamente el zorro no era capaz de hacer aquello. No era una novela en donde pasas por la puerta de servicio sin que nadie te vea y llegas, como si nada, al frente de la persona indicada o te la topas en un pasillo y lo obligas a hacer lo que mande tu voluntad; era la realidad, y la realidad era que de solo intentar saltar la reja su pecho iba a ser perforado por lanzas de punta bendecida y caer al suelo en un charco de sangre.

El zorro se levanto sin más y suspiro, pensando, en que no estará mal esconderse, habrá muchos sitios en donde el demonio no pueda hallarle. Era ridículo, pero eran todos sus planes de último minuto. El zorro no había caminado ni cien metros  cuando alguien lo tomo y lo obligo a subir a un coche.

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Bien, heh, está escrito del orto.

Bleh

Anyway ¡Chicos! ¿Que creen?
Cuando está historia termine tendré una nueva ¡Una de cuentos! Cuentos creados por mi

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⏰ Última actualización: May 30, 2021 ⏰

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