Capitulo 9

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Sentía cada fibra de mi cuerpo entumecida, no podía moverme aunque lo deseara, toda la habitación estaba a oscuras excepto por una luz blanca que traspasaba mis parpados que me hacia recordar a la luz de un quirófano, hasta la mesa de metal me hacía sentir como si estuviera punto de ser operado, incluso el lugar se sentía esterilizado. Abrí los ojos y la luz me cegó por unos segundos pero luego me acostumbre, note que mis muñecas y tobillos estaban atados por una misma cuerda, también estaba desnudo y me parecía a un cerdo en donde atan su patas a un palo para ponerlo sobre una fogata, solo que mi cuerpo aun no estaba sobre el fuego sino sobre una mesa de metal fría que congelaba mis huesos.

Gire mi cabeza, pude verlo, ahí estaba mi pareja con un traje y delantal blanco manchados de sangre seca y colocándose unos ajustados guantes negros que le llegaban hasta los codos. Veía como sus ojos azules brillaban, brillaban con amor pero a la vez con deseo, el deseo de comerme. Se acerco lentamente, sus paso sonaban sobre el piso de loza. 


No pude evitar sentir asco, o tal vez era terror, cualquiera de las dos era horrible.


 Al estar a mi lado me acaricio el cabello con suavidad, no pude evitar temblar al contacto.


 –No te asustes. – me susurro con delicadeza.


 No le respondí.  


–Eres hermoso. – Me dijo aun acariciando mi cabello – la forma en la que cantas me hipnotiza, la forma en que me alegras el día, tu cuerpo sobre el mío reposando después de hacerlo... Tu precioso olor y el sabor delicioso de tus jugosos labios, me hacen desearte, haces que mi apetito se sienta insaciable. Quiero comerte, saborear tu carne más allá de los besos, más que las mordidas sexuales, te devorare entero. – 



No pude evitar que el miedo invadiera mi cuerpo, comencé a temblar descontroladamente mientras quien consideraba mi ser amado me miraba por última vez para ser su cena. Era peor que ser usado como un juguete sexual.


Yo no podía hablar, por más que me esforzara de mi boca solo salían sollozos que trataba de reprimir como podía, Albashar me tranquilizaba acariciándome el cabello y diciendo que mi muerte no dolerá tanto. Yo realmente no sabía dónde estaba, quizás estaba en la carnicería caníbal de Albashar pero nunca había puesto un pie allí, no me interesaba mucho, pero podía ver las sombras de la vitrina donde se exhibían las carnes así que, si, estaba allí. 

Albashar se alejo de mi entrando en la oscuridad, por el rabillo del ojo pude ver el resplandor de la hoja de un cuchillo de carnicero, tal vez el cuchillo más grande que he visto en mi muerte.


Trate de controlarme, pero el miedo me invadía, temblaba, de terror, de frio, de humillación. De todo. Las lágrimas caían por mi mejilla, incapaz de tomar el control y mantenerme sereno. Yo no deseaba que mi segunda muerte fuera de esa forma. 


Solo se me ocurrió decir una pregunta estúpida.


 – ¿Me amas tanto que me comerías? –


 –No eres el primero. – me respondió encogiéndose de hombros.  


No sentía mis manos ni mis piernas por la posición y el hecho que mi sangre se cortaba por la gruesa cuerda negra. No pensaba con claridad, deseaba escapar, deseaba... Deseaba que mi vida antes de morir hubiera sido mejor para no sufrir el Infierno, aunque apenas recuerdo lo que hice allá arriba. Y ahora. Y ahora... 

Yes Daddy.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora