Un Roto Para Un Descosido *Mp...

By NeverThink_LS

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-¿Por qué eres tan bueno conmigo?, me refiero a que, yo soy el chico gay, depresivo y suicida al que comunmen... More

Introducción
Mis más sinceras disculpas
Nunca tuve un amigo así
Primero en las malas
¿Puedo quedarme contigo hoy?
Sentimientos encontrados
Me tengo que ir, lejos
Perdido En Tí
Gracias
Las Cartas Cambian
¿En serio? Dime más
Secreto especial
Un corazón roto que se vuelve a despedazar Pt 1
Un corazón roto que se vuelve a despedazar Pt 2
Negación
Mío
Intenta buscar otro camino, otro amor.
Tal vez sea sólo sexo...
No, esto en verdad es amor.
Todos contra ti, yo contra todos
Expuesto
Cassie.
Adiós definitivo
Primeros Síntomas.
La noticia.
Una verdad dolorosa.
El momento de tomar decisiones.
Reencontrándose con el pasado.
Leyendo el futuro
¿Realmente fui tan importante?
Es hora de continuar.
Esperanza.

Hoy, el jade no brilla.

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By NeverThink_LS

~~~…~~~

Los rayos del sol se colaban lentamente por la ventana, golpeándolo directamente en la cara con la luz enceguecedora. Se tapó con las cobijas hasta la cabeza. No quería levantarse, no quería darse cuenta que ya era de mañana, no quería ir a su primer día de clases en una nueva escuela.

Unos leves golpes retumbaron en sus oídos, dándole a entender que ya era hora de levantarse. – Amor, ya es hora de ir a la escuela- se oyó la voz de su madre a través de la puerta. -¿puedo pasar?- el picaporte giró y su madre entro, aún si él le hubiera dicho que no, ella hubiese entrado.

-mhm- gruñó dando una vuelta en la cama aferrándose a las cobijas.

-El desayuno está listo, date un baño y te espero en 20 minutos- dijo su madre de manera demandante. Eso quería decir que no tenía opción, era levantarse o levantarse.

-Está bien, está bien- bajó las cobijas hasta su cuello, dejando que la luz diera directo en sus cuencas. Era bastante molesto tener que levantarse tan temprano, sin embargo su madre insistía en que lo mejor era tener una carrera, lo cual trae consigo la responsabilidad de levantarse temprano. Él quería ser cantante, pero sabía que eso no se daría de ninguna forma.

Se incorporó de la cama observando como su madre salía de su cuarto cerrando la puerta tras de sí en el proceso. Estiró cada parte de su cuerpo, se sentía entumecido, hinchado y con mucha fatiga, lo de levantarse a las seis de la mañana no era para nada agradable. Se dirigió al cuarto de baño que se encontraba en su misma habitación, a la derecha se encontraba el lavamanos, encima de éste un espejo, a su lado el retrete y hasta el fondo se encontraba la ducha, el baño no era grande, pero tampoco era chico, los azulejos de colores azul y blanco resaltaban muy bien con el retrete y el lavamanos azul turquesa, tenía una pequeña ventana encima del retrete, la cual permitía un gran paso de luz haciendo que el baño brillara, sin duda alguna ese lugar era su favorito de la casa.

Abrió la regadera ajustando la temperatura del agua a un término medio. Se desvistió velozmente entrando de la misma manera a la ducha. Se quedó un tiempo estático bajo el agua permitiéndole a su cuerpo adaptarse al cambio de temperatura, durante este lapso se quedó pensando en su antiguo colegio. Sus amigos, afortunadamente 2 de ellos se cambiaron junto con él al nuevo colegio.

Salió rápidamente, sospechando que los veinte minutos estaban a punto de terminarse, buscó en su armario unos jeans color negro entubados, una camisa del mismo color con una línea azul en el lado izquierdo. Rebuscó debajo de su cama sacando sus vans negros que tanto amaba usar, no es como si no tuviera otros, pero esos eran sus favoritos. Rápidamente se vistió y salió de su cuarto, bajó las escaleras con rapidez, cruzó la sala, el comedor hasta llegar a la cocina, en la cual ya se encontraba su desayuno servido, unas tostadas con mermelada, un jugo de naranja y un vaso de leche. Su madre estaba sentada enfrente de su plato desayunado y leyendo una revista.

-Hola mamá- se acercó a su madre para depositar un beso un su frente, seguido se sentó frente a ella para desayunar -¿Y los demás?- agarró una tostada y le dio un mordisco.

-Tu padre se ha ido a trabajar temprano y se llevó a las niñas con él. Dijo que así tendría más tiempo yo para dejarte en el colegio- bajó la revista y enfocó su mirada en su hijo mayor, dándole un sorbo a su jugo de naranja.

-ya- le sonrió de manera dulce, cual gesto fue correspondido por una sonrisa cálida por parte de su madre.

Desayunaron en silencio lo que restó del tiempo, al terminar su madre se paró, recogió los platos sucios y se encargó de ponerlos en el fregadero.

-Louis, ya prepárate. Lávate los dientes. Coge tu mochila. Coge algo para el frío – le ordenó mientras lavaba los trastes. Vio cómo su hijo se fue corriendo hacia las escaleras para seguir sus indicaciones, sonrió de oreja a oreja, no podía estar más agradecida con el hijo que le toco.

Rápidamente se subieron a la camioneta y pusieron marcha camino hacia el nuevo colegio. Si Louis estuviera sólo en ese gran lugar, estaría sumamente nervioso, gracias al cielo Liam y Zayn se encontrarían con él lo que resta de la preparatoria y según los planes de los 3 lo que resta de la universidad también.

Se acercaban al colegio, causando que el corazón de Louis comenzara a latir más rápido, genial, si estaba nervioso. De pronto los miedos lo acecharon, ¿qué dirían los demás de él?, tenía 18 años y estaba en segundo semestre de preparatoria, muchos pensarían que era un retrasado o algo por el estilo. Su madre se estacionó, le dio un beso en la frente y se despidió de él.

Caminaba entre el solitario patio buscando con la mirada a sus amigos, pero no logró identificarlos por ningún lado. Tal vez era muy temprano, mejor dicho, era demasiado temprano, sólo un loco se atrevería a llegar a esa hora de la mañana. Pero no era su decisión, su madre tenía que llegar a la casa para preparar a las Gemelas y llevarlas a la escuela. Rebuscó en su mochila buscando su horario, cuando al fin lo encontró, Química, suspiró pesadamente, excelente, tendría Química todas las mañanas, lo que restaba del semestre, que buena manera de empezar a arruinar su vida. Gracias colegio, gracias.

Se dirigió hasta su aula, al entrar se encontró con que no era el único loco que llegaba tan temprano. En el último pupitre se encontraba recostado un chico de cabellos rizados color chocolate, no tenía una muy buena vista de él, pero pudo apreciar que era de contextura bastante delgada. Se acercó a él lentamente hasta estar en frente de él.

-Oye, tú- lo removió lentamente. Estaba dormido. Perfecto, aún faltaba una hora para que la gente se dignara a llegar, durante ese lapso parece que tendría que pasarlo escuchando música. Hizo una mueca de desagrado, no era así como esperaba su primer día de clases.

-¿Qué quieres?- o tal vez no. El rizado se removió levantando su cabeza para mirarlo. Su quijada cayó al suelo al instante. Ese chico tenía los ojos más hermosos que jamás haya visto, color jade, una nariz perfecta, labios color sandia, era totalmente blanco. Sus rulos le llegaban a la frente, dándole un aspecto angelical. Era un ser hermoso.

-Pensé que estabas muerto, estaba a punto de llamar a la policía – dijo en manera de broma, mientras se sentaba en el pupitre frente al rizado.

-No es tan fácil- escondió su cabeza entre sus brazos de nuevo, dando a entender que no quería mantener una conversación.

-Soy Louis, Louis Tomlinson- dijo amablemente dedicándole una sonrisa cálida al rizado, el cual no levanto la cara en lo absoluto. Frunció los labios sintiéndose decepcionado.

-Felicidades- fue lo único que dijo. Que falta de respeto, que chico más molesto.

Se giró dándole la espalda al chico de rulos, estaba molesto, que clase de persona se comporta así con alguien que acaba de conocer. Sacó su celular y sus audífonos de su bolsillo. Tal parece que lo único que le quedaba era el plan A.

Alrededor de quince minutos la puerta del salón se abrió dejando paso a una señora de aproximadamente 45 años, cabello castaño, largo y con copete recto. Tez blanca, ojos marrones. Llevaba puesta una blusa color melón fajada y una falda pegada color negro, unos tacones del mismo color, no muy altos.

-¡Dios mío!- gritó al darse cuenta de la presencia de los dos chicos, se notaba que no esperaba un alma en ese salón –chicos, me han dado un paro cardiaco- posó su mano sobre su pecho, inhalando y exhalando pesadamente.

-Hola, Merrie- el chico de rulos se incorporó en la silla. Louis al fin pudo ver su rostro. Estaba extremadamente demacrado, su tez no era blanca, era pálida, sus ojos no brillaban en lo absoluto y debajo de estos se encontraban marcadas unas ojeras, las cuales llevarían mucho tiempo, pues estaban de un color muy oscuro. Era extremadamente delgado, no podía ser humano.

-Hola, Harry ¿y…?- saludó al rizado haciendo un ademán con la mano, acto seguido apunto al zarco.

-Louis, Louis Tomlinson- le sonrió de manera cálida y la saludo con un gesto de mano

-¡Tomlinson, claro!- cerró los ojos y chasqueo sus dedos de ambas manos terminando en dejarlas hechas puño. – Harry, hoy estoy muy ocupada y como eres el único aquí te pediré que por favor, y hablo de por favor- remarcó la última palabra- le muestres la escuela al joven Tomlinson-.

-Louis está bien- contestó el aludido, con su sonrisa cálida en el rostro.

El rizado se incorporó y empezó a caminar directo a la puerta del salón. -¿Qué, no me piensas seguir?- lo miró fugazmente y siguió caminando. Louis se paró de inmediato y corrió a alcanzarlo.

Al salir se notaba como unos cuantos estudiantes entraban por la puerta principal. El recorrido fue bastante aburrido, recorrieron todas las aulas, y lo único que hacía el rizado era apuntar el aula y decir la materia que se impartía ahí. Así llegaron al patio principal, luego al patio trasero, las canchas, la alberca, la cafetería y para finalizar terminaron en frente de la dirección. Jamás se imaginó que el colegio fuera tan grande.

-Bueno, ya lo sabes todo, creo que ya te puedes mover solo- alzó los hombros haciendo una mueca de fastidio. – Nos vemos en clase- se dio media vuelta, dispuesto a irse.

-Espera- Louis lo agarró firmemente del brazo haciendo que el rizado se volteara rápidamente –No puedes dejarme aquí solo, me perderé. Llévame aunque sea al aula.- lo miró con ojos de súplica.

-Que molesto eres- suspiró pesadamente dándole la espalda al zarco – pero tienes razón, tú morirías antes de encontrar el aula- bromeó girando su cabeza y sonriéndole de manera… bueno, era una sonrisa, eso era algo.

-¿Con tus indicaciones quién no?- rio, posándose al lado del chico, el cual rio ante el comentario. -¿Cómo te llamas?, bueno sé que te llamas Harry, pero y tu apellido es…?-

-Styles, Harry Styles- respondió de manera seca y no lo miró, mantuvo su vista fija al frente todo el tiempo. No hubo nada más que decir.

Al llegar a la entrada del edificio, pudieron observar como los alumnos comenzaban a entrar. El rizado paró en seco dejando al castaño extrañado, su acompañante cargaba con un rostro de miedo, jaló varias veces las mangas de su sudadera, pareciendo asegurarse de taparse bien los brazos, suspiró profundamente y comenzó a caminar.

El castaño miró todo con cautela, intentando averiguar cuál era la razón de su miedo, se mantuvo a una distancia considerable. Un chico fornido, estampó su cuerpo contra el de su acompañante haciéndolo caer y las risas de los espectadores no tardaron en hacerse presentes.

-¡Styles!, buenos días, ¿me extrañaste el fin de semana?- lo levantó jalándolo de la playera para volver a aventarlo contra el frío azulejo del piso, el pobrecillo calló de culo. Le dio una bofetada y lo volvió a levantar jalándolo de los brazos, causando una mueca de dolor en el ojiverde. –porque yo sí- le dio un beso en la mejilla, otra bofetada y lo estampó contra los casilleros haciendo que las risas explotaran con más intensidad.

El ojiverde se llevó una mano a la cabeza, seguramente el golpe contra los casilleros le había dolido, al observarlo fijamente, mantuvo la mirada en su muñeca que era cubierta por su sudadera, poco a poco esta se deslizó sobre la misma, dejándolo perplejo. La poca vista que dejaba la sudadera del rizado dejaba ver varios cortes, algunos profundos otros no tanto, había rojizos y otros que se encontraban en proceso de sanación. De pronto todo tuvo sentido, su actitud, su apariencia física, su poca energía. El sufría de abusos y seguramente no era de hace poco, los cortes y las cicatrices le dejaban claro que llevaba mucho tiempo solo, mucho tiempo sufriendo. Las ganas de abrazarlo lo invadieron y sus ojos se aguadaron. El rizado lo miró con sus ojos llorosos, demostraba reproche. ¿Por qué no lo ayudó?, sentía como sus ojos le gritaban “¡cobarde!”. El rizado rompió el contacto visual, suspiró y siguió caminando. Se quedó estático, no podía moverse.

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