Apasionado Tormento

By Zeda69

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¿Podrá el destino unir dos corazones lastimados? ¿Podrán amarse incluso sabiendo que hay secretos de por m... More

Sinopsis
Capítulo 1: Conociendo a Elizabeth
Capítulo 2: ¿Quién diablos es ella?
Capítulo 3: ¿Soy madre?
Capítulo 4: "Señor Parker no, Doctor Parker"
Capítulo 5: Un pasado común
Capítulo 6: ¿Galán o Papá?
Capítulo 7: Thom, Thomy... Thomas
Capítulo 8: "La bella y la Bestia"
Capítulo 9: Un juego peligroso
Capítulo 10: "Espacios personales"
Capítulo 11: Aceptando el drama
Capítulo 12: "850 millas"
Capítulo 13: "Fin de un sueño"
Capítulo 14: "El engaño"
Capítulo 15: "¿Por qué yo?"
Capítulo 16: "Rendido ante ti"
Capítulo 17: El Paraíso
Capítulo 18: Explicaciones al mundo
Capítulo 19: Sin máscara.
Capítulo 21: Perdiendo la paciencia
Capítulo 22: Agente secreto
Capítulo 23: el engaño
Capítulo Especial 1: ASHLEY
Capítulo Especial 2: BRUNO
Capítulo 24: El culpable
Capítulo 25: "Seguir Adelante"
Capítulo 26: Un rayo de luz
Capítulo 27: El inicio del fin.
Capítulo 28: Incierto.
Capitulo 29: Cautiva.
Capítulo 30: Una bestia
Capítulo 31: Un Ángel
Capítulo 32: Un nuevo comienzo
Capítulo 33: Empezando de cero
Capítulo 34: Malas Ideas
Capítulo 35: Negación
Capítulo 36: Sueños y realidades que mantienen despierto
Capítulo 37: Los mismos errores
Capítulo 38: Una verdad a medias
Capítulo 39: Lo curioso del amor
Capítulo 40: El nuevo "normal"
Capítulo 41: Dulce tortura
Capítulo 42: Una cruda verdad

Capítulo 20: Preguntas sin respuesta.

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By Zeda69


Abrí los ojos con una música incesante junto a mi oído, parecía que no iba a detenerse nunca. Con un golpe de puño paré lo que creía que era mi despertador, pero al notar que no se detenía levanté mi mirada. ¡Mierda! Mi móvil. De un salto dejo la cama y tomo el aparato en mis manos para ver que la pantalla se ha partido en la mitad y no puedo detenerlo.

Jodida mierda.

Marta entra en el cuarto con cara de pocos amigos y su pijama de ositos, me quita el móvil para detenerlo vaya a saber Dios como, me siento en la cama pasando ambas manos por mi rostro y suspiro:

― ¿Qué hora es?

― Son las seis de la mañana. – ella se sienta junto a mí y se queda viéndome.

― ¿Qué? – pregunto encogiéndome de hombros sin entender nada de lo que ocurría.

― Shelddon, doña Rosa te estaba esperando en el aeropuerto. – Siquiera doy lugar a que termine la oración, solo atino a ponerme de pie y busco ropa limpia dentro de mi guardarropa.

Tomo lo primero que encuentro y la veo aún sentada en la cama.

― ¿Jaydan?

― Duerme.

― Él quería venir conmigo. ― digo rápidamente al tiempo que meto mis pies en mis zapatillas deportivas.

― Shelddon.

― No lo cambies, solo ponle abrigo arriba de su pijama y vamos a buscar a mi ma... ― Marta se queda mirando el suelo y veo a la persona que se asoma en la puerta de mi cuarto.

Mi madre esta cruzada de brazos, muy molesta. No hay que preguntarlo para notar esa expresión en su rostro. De pronto me siento con 10 años otra vez.

Rosa Oliveira De La Roza, incluso molesta y con el ceño fruncido era para mí, la mujer más bella de todo el mundo. Su tez morena no dejaba que los rastros del tiempo dejaran saber a los demás que esa pequeña mujer de enorme corazón tenía 67 años de edad, sus cabellos negros azabache peinados en un mono ajustado disimulaban muy bien aquellas canas rebeldes por las que ella rezongaba la mayor parte del tiempo, y aunque no era una mujer que usara maquillajes, aquella pintura de labios color rosa, le sentaba hermoso. Sus regordetas mejillas seguían regordetas aun sin que ella sonriera, las manos que alguna vez en mi niñez y adolescencia secaron lágrimas, pusieron paños fríos en las largas noches de enfermedad y también me pusieron en mi lugar con alguna que otra bofetada estaban ahora un poco mas arrugadas.

Me acerqué a ella para inclinarme y rodearla con mis brazos muy fuerte.

― Perdóname. ― murmuro cerrando mis ojos fuertemente al tiempo que me arrodillo frente a ella. – perdóname, soy el peor hijo del mundo.

― Si lo eres. El peor de todos. – dice en un tono serio, pero cuando sus manos me aprietan en un fuerte abrazo, sé que me ha perdonado. – pero aún así te amo. – sus dedos acarician mi cabello despeinado lentamente y puedo oír como Marta se va del cuarto para dejarnos solos. – Shelddon, hijo. ¿Qué está pasando contigo, cielo? Tú no eres así. Siempre has sido muy responsable, me he enterado lo de anoche y sigo sin poder creerlo.

Estoy sollozando cuan niño regañado. Que increíble, en los últimos 4 años he llorado lo que no lloré en 32 años de vida. Elevo mi rostro hacia mi madre y ella quita las lágrimas con sus pulgares.

― Ya no puedo. – titubeo.

― ¿Ya no puedes? ¿Qué no puedes? – ella sujeta mi rostro por el mentón, ahora son sus ojos los que están inundados lágrimas. ― ¿Qué no puedes Shelddon?

― Ya no puedo más. Creí ser fuerte y que estaría superado, quise jugar a ser un tipo maduro, que podría sobrellevar todo esto, creí que sería bueno para mi hijo, que sería un ejemplo para él. Y mírame. Soy una puta decepción para él, para ti. – sollozo y ya no puedo hablar. – para Angie. ¡Mírame madre! ¿Qué soy ahora?

― Mi hijo. Eso eres. – sus ojos derraman las lágrimas que ella creía poder retener. – Eres el padre de Jaydan, el hijo de José y Rosa, el primo de Jorge, Eduardo, Rafa y todos esos locos, eres el jefe de muchas personas en dos reservas naturales enormes, eres el jefe, hermano, amigo e hijo de Marta. – dice con una sonrisa y se inclina para besar mi frente. – y ahora eres el novio Elizabeth.

― Vaya que las noticias corren. – bajo la mirada.

― Todos tenemos un dolor dentro del pecho que no podemos quitar tan fácilmente. Pero para eso existe amor, el cura cualquier dolor. Al dolor de la muerte de tu padre me lo sanó tu amor y el de todos allá en la aldea. El dolor de Angie y la soledad con la que ella cargaba en su vida, lo sanaste tú. Y Elizabeth sanará el tuyo. Solo tienes que abrirle tu corazón. – niego poniéndome de pie y camino con ella abrazado hasta la cama donde tomamos asiento.

― No es así de fácil, mamá. Elizabeth es muy especial, y en cuanto sepa todo ya no querrá acercarse a mí. Me va a odiar.

― No te va a odiar, se va a molestar muchísimo. Pero no te va a odiar, debiste decírselo desde un principio. – asiento de acuerdo con ella.

― Lo sé, sé que tuve que hacerlo, pero las condiciones en las que nos conocimos no dieron lugar a explicaciones de tal magnitud, por lo que no... ― Paso las manos por mis ojos. – No pude hacerlo. Y no voy a poder hacerlo ahora.

― ¿Qué pasó anoche? – dice ella abruptamente.

― ¿Qué pasó anoche? – repito encogiéndome de hombros.

― Te embriagaste, te fuiste de aquí, dejaste a Marta sola con el niño en plena madrugada. ¿Qué clase de comportamiento es ese? Ella tiene que molestar a tú novia para que te traiga ebrio de un bar, en plena nevada, con éste frio horrible. Shelddon, no creo que por nada haya ocurrido, tú hace tiempo dejaste de ser así. – Me pongo de pie y voy hasta el abrigo que está en el suelo junto a la puerta y rebusco en uno de los bolsillos, adentro está la carta que hallé anoche y vuelvo hasta mi madre para dársela.

― Lee, lee y dime ¿Cómo se supone que debo reaccionar? Estaba bien. Las cosas estaban bien, Mamá. Pero entonces tengo que hallar esa carta y todo mi mundo se viene abajo otra vez. – Mi madre sujeta el papel un poco arrugado y comienza a leer en voz baja. Lleva una de sus manos a la boca y unas lágrimas se le derraman.

― Dios bendito... mi pequeña. Ya sabía su destino. – un suspiro sale de su boca y finalmente me da el papel para luego acercarse y abrazarme― Angie era un ángel de paso. ―Sus manos frotan mi espalda.– Pero ya ves hijo mío, ella solo quiere que tú seas feliz, por eso te envió a Elizabeth. Tienes que dejar de atormentarte, las cosas han pasado por que así debían ser.

Las palabras eran firmes y alentadoras, cuando ella hablaba de seguir adelante parecía tan fácil. Tomó mi rostro entre sus manos y dejo un beso en mi frente.

― ¿Puedo conocer a Elizabeth?

― ¿Qué?

― Que quiero conocer a Elizabeth. – sonrío.

― ¿Es enserio? – digo con sorpresa

― Claro que sí, Shelddon. Almorcemos juntos.

― Me parece fantástico. – sonriendo le abrazo fuertemente hasta que puedo oír unas pisadas corriendo y el rebote sobre la cama.

― ¡Avó! ¡Vovó você veio! ¡Viniste abuela! – grita y provoca que dejemos nuestro abrazo de lado para él poder lanzarse encima de mi madre y llenarla de besos. Rio animadamente decidiendo salir del cuarto para dejarlos solos aprovechando para llamarle a Elizabeth.

***

El reloj marca las 11:37 a.m cuando después de reiteradas veces llamar al móvil de Elizabeth y no obtener respuesta, aprovecho la oportunidad de que mi madre, Marta y Jaydan están haciendo galletas para ir hasta el hospital para ver a Lizz, algo no me huele bien.

Tal vez esté molesta por lo de anoche.

Al llegar al hospital, me aproximo a la mesa de entrada para preguntar por Elizabeth Evans, una joven morena y menuda cuyo nombre en el cartel del escritorio es "Annie" sonríe amablemente pidiendo que aguarde un momento para llamar a mi chica por los altavoces, inmediatamente, el teléfono de su escritorio suena y ella responde, camino algo impaciente en lo que ella acaba de hablar, cuando cuelga finalmente me ve con una mirada que aun no puedo descifrar y me pide que me acerque para luego murmurar:

― Me acaban de decir que Elizabeth fue despedida.

― ¿Despedida? ¿Por qué? ― cuestiono atónito.

― No sabría decirte, parece que ella no ha venido a trabajar y luego de eso la despidieron, es todo lo que me acaban de decir. ¿Eres familiar?

― Soy su novio.

― Que suertuda. ― dice bajo y luego sacude su cabeza― ¡Lo siento! no quise decir eso. Disculpa... ― sonrío y niego con algo de diversión.

― ¿Puedo hablar con algún superior Annie? ― Inquiero sin dejar que mi sonrisa desaparezca. Quizá si soy amable me dé un poco más de información.

― Lo siento, es todo lo que puedo decirte ― se encoje de hombros. Suspiro, pero asiento.

― Gracias guapa. Ten un buen día. – Guiñé un ojo y me alejé.

Camino a paso lento por si veo al infeliz que casi la despide la vez que me interné, pero no doy con él y sin más salgo del lugar.

Elizabeth es una persona honrada con una ética laboral impecable, algo debió ocurrir para que la despidieran y joder estoy seguro que algo va condenadamente mal. Salgo rumbo a la camioneta de la veterinaria y marco al celular de Ashley, ella me dirá.

Después de lo que parece una eternidad de oír la voz de Bruno Mars que tiene Ashley como tono de espera, ella responde y yo suspiro agradecido.

― Gracias a Dios, rubia. ¿Sabes dónde está Elizabeth? – La rubia guarda silencio por un momento, pero antes de que pueda añadir algo responde.

― En casa, conmigo. Pero... se siente un poco indispuesta.

― La despidieron, ¿Sabes por qué? – Gruño leve mientras conduzco rumbo a su apartamento.

― Porque no se siente muy bien, Shelddon. – asegura. – Tranquilo es solo gripe y malestar general. Esos idiotas no saben que es enfermase y querían deshacerse de mi amiga, pero mejor ella no necesita esos horarios dementes. – añade y se oye un sonido extraño.

― Voy en camino.

Cuelgo sin darle chance a agregar alguna excusa y acelero solo para hacer una parada antes de llegar a mi destino.

Después de unos diez minutos, me encuentro en la puerta Elizabeth con una caja de chocolates y unos medicamentos para la gripe, pero al llegar al apartamento me encuentro con la noticia que Ashley Helena Smith no me deja entrar:

― Ella no quiere verte, está molesta contigo. – Se que miente por el tono despreciable que usa. Ese tono de voz de arpía de las típicas chicas de instituto que nos deleitan en las tiras adolescentes.

― Y una mierda Smith déjame entrar.

Ella gruñe y tras escuchar al otro lado de la puerta la apagada voz de Elizabeth diciéndole que me deje entrar, abre la puerta y Dante corre a mi encuentro, me ladra y salta entusiasmado.

― Hola amigo – dejo todo a un lado y me inclino para besar su peluda cabeza – ¿Sabes dónde está nuestra chica? – el animal salta y corre rumbo a la habitación de Lizz mientras río con ganas porque sé que ha comprendido mi pedido.

― Debemos hablar – musita Ashley atrayendo mi atención.

― Oh, vaya que sí hablaremos tú y yo. Empezando por lo de la otra noche en el hotel y terminando por esta actitud de mierda de no dejarme pasar a ver a Elizabeth. Pero primero la veré a ella. – ella pone sus ojos en blanco.

― Es enserio, pasó algo. ― La preocupación regresa a mi cuerpo.

― Dime que sucede, ¿Tú sabes por qué la despidieron? –Miro a todas partes ― ¿Por qué hay tanto silencio aquí? ¿Por qué siento que algo va mal aquí?

― Porque algo va mal Parker – ella se acerca a mí y aprieta la mandíbula ― llegó hace poco, se vomitó encima y luego se desmayó – me sujeta del brazo cuando ve que me alejo para ir donde mi novia – Espera. Thomas la secuestró, al parecer solo fueron unas cinco horas, está magullada y muy cansada, Shelddon. Tengo a dos hombres det.... – me alejo nuevamente contiendo la respiración para evitar golpear algo y corro a su habitación.

Jadeo horrorizado cuando entro y cierro detrás de mí. Mi corazón se encoje y no es por emoción; una de sus mejillas se encuentra roja, su labio inferior cortado y unas ojeras oscurecen sus ojos.

"Voy a matar a Thomas Black". Pienso.

― No me mires así por favor. – su voz suena apagada. Me acerco y sonrío como puedo, pero sé que esta no llega a mis ojos.

― Lo mataré por esto ― digo con voz ronca mientras acaricio con extremo cuidado su mejilla. ― No intentes defenderlo, lo mataré.

Sus ojos se cristalizan y jadeo. Si llora estaré perdido.

― Intenté gritar, pero no pude, quería que me escucharas... pero... pero...

― Shh... tranquila, ya estoy aquí. –Me recuesto detrás de ella y rodeo su cuerpo con mis brazos dejando suaves besos en su cabello.– Tranquilízate, luego hablaremos de esto ahora debes descansar, duerme. Yo te voy a cuidar. ¿Vale? – ella asiente y le mimo meciéndola suave hasta que siento que deja de temblar ― ¿sabes que traje? Unos chocolates para que te sientas mejor. – le hablo como a Jaydan cuando está enfermo y me siento algo imbécil ya que sé que lo que le ha pasado no se soluciona con chocolates, pero haría cualquier cosa con tal de hacerla sentir mejor.

La beso y abrazo con cuidado. El sentimiento de opresión que ocupa mi pecho hace que mi mente y mi corazón se batallen entre salir corriendo para despedazar al infeliz de Black o quedarme junto a Elizabeth para protegerla.

Joder, ¿Cómo rayos es posible que pudiesen pensar siquiera en hacerle daño? Esta mujer es buena, frágil, maravillosa. No debe ser tocada. Mientras la lleno de dulces besos prometo cuidarla; cuidarla de los jefes que pasan por encima de todos, de Thomas y sobre todo de mí.

― Te amo... ― murmura ella y se voltea un poco para verme con esos enormes ojos hermosos. ― ¿Tú me amas? – repaso sus ojeras con mi pulgar y me acerco a sus labios para depositar un suave en ellos.

― Claro que te amo. – mi corazón se encoje aún más.

― ¿Por qué nunca hablamos de la madre de Jaydan? – dice ella y aquello me toma por sorpresa cuan puñetazo en el rostro.

― Porque no me gusta hablar de ella.

― ¿Tanto daño te hizo?

― Lizzie, amor, tienes que descansar. – murmuro.

― ¿No hablas de ella conmigo porque me parezco a ella? – otro puñetazo.

― ¿De qué estás hablando? – dile la verdad, dile que sí. Termina con esta mentira.

― ¿Me parezco a Angie? ¿Por eso estás conmigo?

― Elizabeth, estoy contigo porque eres la única mujer que ha logrado despertar en mí una cantidad incontrolable de sentimientos que me hacen sentir mejor, me hacen ser mejor y me hacen estar bien. Eres la única mujer que ha logrado eso desde... bueno, la muerte de Angie. ¿Vale? Ahora tienes que dormir. Quiero que descanses. – beso su frente y trato de acomodar su cuerpo de una manera que ella se sienta a gusto para poder dormir.

Casi media hora más tarde salgo del cuarto despacio con cuidado de no despertarla cerrando la puerta detrás de mí y me encuentro a Ashley cruzada de brazos en medio de la sala con computadoras, un localizador en mano y un rostro furioso.

― Eres un hijo de puta. – suelta mirándome a los ojos.

― ¿Qué? ¿Por qué? – ella se acerca a mí y me da un puñetazo con la mano cerrada en el rostro y puedo sentir el sabor metálico de la sangre en mi boca. Aprieto mi mandíbula y puños molesto. ― ¡¿Qué mierda crees que haces?! – exclamo entre susurros para no despertar a Elizabeth.

― ¡Hago lo que Thomas Black debió hacerte a ti en lugar de ella! Eres una mierda. ¿Por qué no le dijiste la verdad? – susurra molesta. ― ¿No tienes las pelotas suficientes para decirle que tu mujer era exactamente igual a ella? Ella no está así por lo que Thomas le hizo, está así por lo que le dijo. – perplejo ante la confesión de Ashley abro mis ojos con sorpresa y ya sé que destrozaré a Black en cuanto lo tenga frente a mí. – él le dijo que tú estás con ella por el parecido que tiene con Angie, que no la amas realmente. ¿Y acaba de preguntártelo y le mientes en la cara? En qué clase de hijo de puta te has convertido Parker.

― ¿Tú me reclamas a mí? Eres la peor de las mentirosas. Tú vida consiste en vivir en una mentira. Estoy protegiendo a Elizabeth. Le diré toda la verdad cuando lo considere correcto, así no te metas en esto y no te metas en nuestra relación.

― Soy su amiga, antes que nada. No voy a seguir mintiendo por ti. Yo le diré la verdad, aún tengo fotografías con Angie.

― Ve, adelante. Dile toda la verdad. Díselo ahora, que está en esa cama toda magullada y adolorida. A ver si tú tienes más valor que yo. – Ashley me fulmina con la mirada y se queda viendo la puerta de la habitación de Lizz ― ¿Ves? No es tan fácil cuando se trata de ella. Está destrozada. ¿Cuánto más puedo romperla con estas confesiones de mierda?

Cuando Ashley está a punto de decir algo su móvil suena y voy tras ella, pero me hace una señal de silencio y de que me detenga.

– Hola. – responde ella con sequedad al aceptar la llamada.

– Hola querida y sensual rubia. Sé que estás buscándome, yo no te recomendaría que lo hicieras. – es Black podría reconocer esa voz de pendejo a kilómetros.

― No sé de qué hablas, ni siquiera recordaba tu existencia hasta que vi tú número en mi pantalla.

― Vamos Ash, no juguemos a los desentendidos.

― De verdad no sé a qué te refieres. ¿Qué pasa Tom, has estado portándote mal y hay gente siguiéndote?

― Tú y yo nos entenderíamos mejor en otras situaciones preciosas, no me hagas perder el tiempo, ya viste lo que soy capaz de hacerle a Elizabeth, y eso que es mi amiga. – aprieto mis puños y ella me hace una señal para que vea la pantalla del computador donde se muestra la ubicación y escribe en un papel que salga por las escaleras de emergencia. – piensa en todo lo que podría llegar a hacerte a ti.

― Hay cariño, yo que tú tendría más cuidado con esa boca preciosa que tienes. Dime donde podemos vernos y acabamos con esta tensión sexual que tenemos.

― ¡jajajajajajaja! No sabía que siguieras en el rubro de la prostitución Smith. – Ashley se pone de pie y me hace una señal de que vayamos. – Pronto tu noviecito italiano tendrá noticias mías si sigues revolviendo la mierda. Déjame en paz.

― Si conoces tan bien mi historial sabrás no solo fui puta, sino que también una gran cortadora de pitos. No te metas con los míos Black. Porque yo también se jugar sucio sin placa.

La llamada se corta y cuando estamos en la puerta dos hombres están fuera.

― Quédense aquí y díganle a Coleman y Heather que no se despeguen de la escalera de emergencias de la ventana de Elizabeth y de su habitación. No se muevan de aquí. Continúen con el rastreo de ese infeliz y manténganme al tanto.

Ashley me lanza unas llaves y me ve seriamente:

― Está en la biblioteca pública frente al parque, yo lo esperare en su auto. Te veo allí. – dice y asiento firmemente.

Lo voy a matar.  

****
¡¡READERS!!
Capítulo dedicado a Anny, Gracias por el entusiasmo que mostraste por la historia y como muestra de agradecimiento te hemos hecho parte de Apasionado Tormento ♥♥♥.


Muchas, muchas gracias por seguirnos leyendo, significa mucho para nosotras. 

El final de Apasionado Tormento está llegando y quizá no sea lo que esperas ;) (para bien, claro está). No olvides votar este capítulo si te ha gustado y comentar lo que piensas de el.

Recuerdo que todas las canciones publicadas con los capítulos van de la mano con el mismo por lo que sería genial que las escucharas mientras lees.

Son los (as) mejores, besos.

XOXO; Z.

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