Prólogo

38 2 5
                                        

La oficina se encontraba en un silencio sepulcral, los únicos sonidos que podían oírse eran las respiraciones de las dos personas dentro de la habitación. Cada uno se encontraba en su mundo, tanto el chico de tan solo 17 años en su celular, como el hombre mayor atento a sus papeles, ambos enfrascados como si en realidad estuvieran solos.

La puerta fue abierta bruscamente, dejando entrar a un hombre completamente exaltado y con su rostro demostrando ansiedad.
Pero ninguno de los dos presentes se inmuto.

-¡Señor!

-¿qué quieres? Estoy ocupado -habló el mayor sin despegar su vista de las hojas.

-Asesinaron al jefe de la mafia oeste.

El hombre detuvo sus movimientos, alzando de a poco la mirada, frunciendo su ceño.

-¿Qué?

-asesinaron a Park.

El pelinegro quitó las gafas de sus ojos para después apretar el puente de su nariz. Dio un manotazo al escritorio, lo que hizo dar un salto a su mano derecha, a excepción del chico que aun seguía en su celular.

-¡Maldita sea! ¡La mafia Park estaba de nuestro lado! ¡Si a él lo asesinaron eso quiere decir que fue alguien de las otras mafias que están en nuestra contra! -se levantó de su silla demostrando su enojo, comenzando a caminar fuera de su oficina- ¡Prepara a todos los francotiradores! ¡Dile a cada capo que prepare a sus hombres! ¡Mantenga vigilado el lugar día y...!

-Señor no fue ninguna otra mafia -interrumpió el castaño.

-¿Qué? -detuvo su andar volteando a verlo- ¿saben quien lo hizo?

El hombre asintió.

-Fue el mismo heredero. El hijo del señor Park.

Y esa simple noticia hizo helar la sangre del jefe, hasta la del chico, que finalmente había levantado la mirada.

-†-

Varios de los hombres de la mafia Park se dirigían con prisa hacia la habitación de donde provenían los disparos y gritos minutos atrás, siendo uno de ellos quien pateó la puerta apenas estuvieron frente a esta. Apuntaron con sus armas para tirar a matar, deteniéndose ante la aterradora escena.

Un chiquillo de cabellos rubios se mantenía hincado en el suelo, frente a lo que parecía haber sido un algo con vida. Estaba acariciando la mejilla del hombre muerto, mientras su rostro mostraba una sonrisa de ternura y felicidad, sin importarle que el liquido rojo se estuviera impregnando en sus manos. Acercó su rostro hasta los labios pálidos y sin vida, succionando uno de ellos, dejando salir un obsceno sonido al separarse y haber manchado sus propios belfos de sangre.

Los hombres lo miraban espantados sin saber que hacer, sin siquiera moverse o intentar cualquier acercamiento. Soltaron maldiciones y sonidos por lo bajo cuando inesperadamente el chiquillo había sacado un arma detrás de su espalda, presionándola y haciendo que la cabeza de su padre explotara por completo.

Ensanchó aún más su sonrisa, dejando que sus ojos desaparecieran en dos medias lunas, expresión que en otras circunstancias lo harían verse tierno, pero que en ese momento le daba la apariencia de un maldito loco.

Alzó finalmente su mirada, observando a todos con una pequeña sonrisa y ojos sombríos, ladeando hacia un lado su cabeza mientras parpadeaba lentamente.

Uno de los hombres que se encontraban en la parte trasera se hizo paso entre todos para mantenerse el frente, alzando las manos nervioso cuando el rubio volvió a tomar la pistola con una sola mano y cambiaba su expresión a una más seria, apuntandole directo a la cabeza. El mayor simplemente siguió con sus manos en la misma posición, mientras dejaba que sus rodillas fueran bajando hasta tocar el suelo, e inclinaba su cuerpo por completo, para hacer una reverencia.
El chico había seguido sus movimientos sin dejar de apuntarle, para después regresar su mirada a los demás.

You should see me in a crownStories to obsess over. Discover now