XII

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P.O.V Irene

Llegamos a la feria y estaba lleno de gente. Reían, bailaban, comían y bebían… El ambiente era bucólico. Mucha gente iba vestida como nosotras y sabía que no desentonábamos para nada, pero, aun así, me costaba mucho verme de esta manera. Miré a Inés que, al igual que yo, observaba a los alrededores. Supuse que podría encontrarse con algún conocido al que a ver cómo le explicaba que estaba en la feria con la portavoza del partido enemigo.

Mientras la observaba y sonreía al ver cómo le brillaban esos preciosos ojos avellana que tenía me percaté de que nos dirigíamos a una caseta de Ciudadanos. Agarré a Inés del brazo rápidamente.

- ¿Me estas tomando el pelo? –le dije muy cerca, casi susurrando.

- ¿Qué dices? –me dijo con una sonrisa en su cara.

- Inés, ¿en serio vamos a ir una caseta de Ciudadanos?

- ¿Prefieres quedarte aquí y morir de un golpe de calor?

- ¡No! –baje de nuevo el tono- Pero Ciudadanos… podrías habérmelo dicho al menos.

- Es que entonces –se acercó más a mí y bajo el tono. Mi corazón se desbocó- me la hubiese perdido.

Mi vista bajo por un momento a sus labios al ver como pronunciaba cada palabra. A cada cual que decía empezaba a notarse cada vez más su acento andaluz.

- ¿El qué? –le pregunté cuando retomé mi mirada a sus ojos.

- Tu cara.

Escuché como reía al darme la espalda y esta vez fue ella la que tiró de mí hacia la caseta. Estábamos aproximándonos cada vez y estaba a punto de morirme. Frené en seco.

- Inés, por favor, escúchame –puse un tono mucho más serio.

Ella se giró y puso un gesto de atención.

- Después de lo que pasó hace unos meses gracias a tu amiguito Naranjito…

- No lo llames así –me dijo rodando los ojos.

- De acuerdo, perdón –levanté las manos en señal de rendición- gracias a Naranjito, a secas –no pudo contener una risa- No creo que sea bueno arriesgarnos de esa manera.

- Pero nosotras no somos nada. ¿Verdad?

Sus palabras se clavaron como un puñal en todas partes de mi cuerpo.

- Verdad, pero a ver cómo le explicas eso a la prensa.

Era consciente de que estaba sonando convincente. Finalmente me reconoció que era un poco locura ir. Aun así, ella se pasó a saludar y yo me quedé allí delante intentando ocultarme un poco entre la gente.

Observaba como hablaba con otro miembro de su partido. Reía, aunque algo forzada y, de vez en cuando, cruzábamos las miradas y sonreíamos. No podía escuchar lo que hablaban, pero a Inés se le cambió la cara de pronto y finalmente una falsa sonrisa pareció en su rostro, seguida de un gesto de afirmación con la cabeza.

Una música empezó a sonar dentro de la caseta y vi como Inés se colocaba a la izquierda, delante de su compañero. Iba a bailar y no podía perdérmelo. Me acerqué arriesgándome a que me vieran.

- Disculpe –le dije a una mujer a la que casi arroyo por estar únicamente fijada en aproximarme a la caseta.

Inés comenzó con los primeros pasos. No podía creer lo que estaba viendo. Era maravillosa. El hombre ahora la acompañaba. No podía dejar de mirar, embobada. De pronto, la música terminó. Se me hizo mucho más corto de lo que había sido.

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