XIV

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P.O.V Inés

Hacía más de cuatro horas que habíamos llegado a Madrid y nos habíamos despedido. La había invitado a comer, pero lo había rechazado. Tenía prisa por llegar a la sede del partido. Se la veía preocupada y decidí no insistir más.

De la televisión se oían las voces de alguna película que había puesto a la cual le había prestado tan poca atención que ya ni recordaba de qué iba o cuál era su título. Tenía el móvil en la mano y delante de mí tenía el perfil de Instagram de Irene. ¿Qué estaba haciendo? Los recuerdos que tenía de Irene y yo besándonos, acariciándonos y dándonos mimos empezaban a convertirse en sueños. Perdían ese ápice de realidad de algunas cosas cuando son cortas e intensas y solo parecen un dulce sueño que tuviste alguna vez.

Lancé el móvil al otro lado del sofá y me abalancé sobre el fijo. Marqué el número de una compañera pero, sobre todo, amiga.

- Hola, guapa –escuché desde el otro lado de la línea.

- Hola, Bego. ¿Estás liada?

- No, estaba jugando con las niñas. ¿Estás bien? Te noto un poco embajonada.

- ¿Puedes venir a mi casa? Creo que necesito contarte algo.

- En veinte minutos me tienes allí.

Escuché el pitido de la línea y coloqué el teléfono de nuevo en su sitio.



Estaba sirviendo dos copas de vino blanco cuando escuché el timbre. Solté el vino y fui casi corriendo a abrir la puerta. Begoña esperaba al otro lado cogiendo su bolso con ambas manos a la altura de sus muslos.

- Gracias –le dije mientras nos abrazábamos.

- Sabes que no tienes nada que agradecer. Todo se paga con una buena copa de vino.

- Parece mentira que me subestimes de esa manera –le dije desapareciendo en dirección a la cocina.

Volví con las dos copas en las manos y una ceja levantada a lo que ella reía desde la posición que ya había adoptado en el sofá de mi salón. Me puse a su lado y ambas le dimos un trago al vino y lo dejamos sobre la mesa ratona.

- Bueno, ¿me vas a contar por qué estás así? –directa al tema.

- Es complicado. He pasado por mucho en estos últimos meses y esto es como un balde de agua fría de pronto...

- ¿Cómo se llama? –me interrumpió y le dio otro sorbo a su copa.

- ¿Perdón? –dije sorprendida.

Su copa volvió a descansar en frente de nosotras.

- ¿Qué cómo se llama? Por lo que me estás diciendo entiendo que te has pillado de alguien.

Solté una risa corta y me tapé la cara con ambas manos. Era la persona más evidente y transparente sobre la faz de la tierra.

- ¿Tan simple soy? –le pregunté con una sonrisa.

- Para nada. De hecho, eres muy compleja y por eso me sorprende que haya alguien que te haya robado un trozo de corazoncito.

- Sí, complejo es un rato. He vuelto a hacerlo.

- ¿A hacer qué? –dijo esta vez ella confundida.

- La persona se dedica a la política también.

- Bueno –dijo rodando los ojos- Es complicado, pero no imposible. Lo importante es que no vaya a ser como la vez anterior y sea de la oposición.

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