V

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P.O.V Inés

Estaba ya en mi casa y estaba cerca de la una de la madrugada. Me tuve que armar de valor para enviarle ese mensaje a Irene pero lo hice. Allí estaba su ropa. Secando en la terraza. Me apoyé en la encimera de la cocina como lo había estado hacía unas horas con la diferencia que no tenía los labios de Irene sobre los míos. Sonreí ante el recuerdo y toqué mis labios. Era muy suave. Besaba bien, era dulce pero al mismo tiempo apasionada.

Empecé a recrearme en el beso e imaginé como hubiese sido de haber seguido. Cerré los ojos y recordé las manos de Irene en mi cara. Luego pensé en cual hubiese sido mi siguiente movimiento. Probablemente hubiese tomado también su cara entre mis manos. Mis manos se enredarían en su precioso pelo largo, castaño.

El sonido de la puerta me sacó de mi ensueño y noté como me faltaba el aire. Cogí una bocanada de aire y fui a abrir la puerta.

- Albert, ¿qué quieres? –dije molesta.

- Pasar

- Vete anda.

No nos llevábamos del todo bien. Teníamos una buena relación al principio pero todo se empezó a torcer cuando intentó entrarme uno, dos, tres y muchas más veces. Estaba cansada de él. Le había dicho por activa y por pasiva que me dejara en paz pero nada.

- Solo una copa, por favor.

Respiré profundamente y me plante con firmeza.

- Vamos a ver, Albert. No quiero nada contigo, no me interesas.

- Inés, entiendo que cuando estabas con Xavi me dijeses que no pero ahora estás libre. Dame una oportunidad. Nadie tiene que enterarse.

- Albert, es que no me gustas, no me interesas. En mí, no despiertas otra cosa que no sea una absoluta pereza.

- Inés... -se acercó a mí y tuvo la intención de tocar mi cara pero le aparté le brazo rápidamente- Vamos a ver, Inés. Estás donde estás porque yo te he puesto ahí. ¿No me estás ni un poco agradecida?

No pude reprimir una sonora carcajada.

- ¿Gracias a ti? Si estoy aquí es gracias a mí. A ti no te debo nada. Lo que consigo es por mí misma y mucho menos, te debo nada.

- ¿Te nos has vuelto feminista? Con quien te habrás estado juntando...

Noté como esbocé una pequeña sonrisa y pensé en ella. En ese momento, escuché mi móvil sonar dentro de la casa.

- Albert, adiós –le fui a cerrar la puerta pero puso el pie –Albert, lárgate. No quiero perder esa llamada –tenía la esperanza de que fuese Irene y si, era así, yo no iba a tener el valor para devolverle la llamada.

- ¿Quién es? ¿Tu nuevo ligue?

- Adiós.

Le cerré la puerta en las narices y corrí a por el teléfono. Pasé por encima del sofá y aterricé en el suelo. Estiré el brazo y cogí el móvil de la mesa ratona. Era ella.

- Hola –respondí con la voz agitada después de la pequeña yincana que había que tenido que hacer para coger el teléfono.

- ¿Te encuentras bien? –me dijo del otro lado.

- Sí, sí. Solo que he tenido un pequeño problema para llegar hasta el móvil.

- Mejor ni pregunto –la escuché reír.

Me encantaba su risa. Me quedé sonriendo como una tonta imaginándola al otro lado del teléfono.

- Inés, ¿estás ahí?

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