Capítulo 48.

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—Me niego a hablar frente al condón usado —Antonella se cruzó de brazos.

Corey y yo rodamos los ojos al ser la cuarta vez que lo decía en menos de dos minutos.

—Oye, agradece que te sacamos de las garras de Erick —dijo mi novio, a la defensiva—. Por el contrario te hubieras quedado allá en la sala a llorar como una perra, como lo están haciendo Gutiérrez y su padre ahora mismo...

Y mientras tanto, en la sala...

—¡Lotso es un mal oso! —Sollozó Froy—. Engañó a todos, y cuando Woody salvó su vida, ¡lo engañó a él también! Papá, ¿en la vida real hay personas tan malas como él?

—Yo espero que no, hijo —se secó las lágrimas con el dorso de la mano—. Nadie puede ser tan malo y oler a frutas al mismo tiempo.

Nathalia y Diego, que acababa de llegar del trabajo, negaban con la cabeza.

—Nadie puede ser tan patético.

—Ni que lo menciones. Y te lo dice el que está vestido de hamburguesa.

Ahora sí, volvamos con los tres mosqueidiotas...

—Igual, no hablaré nada frente de él —Anto encogió los hombros—. ¿Dónde quedó la privacidad de hermanas? ¿Dónde quedó el tiempo de _____ por Antonella, eh? ¡Desde hace una semana que ya ni atención me prestas por andar velando por este! —miró a Corey con desprecio. Claro que todo era fingido, estaba siendo dramática solo porque le daba la gana de serlo...

—¡Lamento haber sido brutalmente atropellado por un coche, ¿okay?!

O tal vez solo para hacer molestar a Honguitochico...

Sí, esa era una mejor opción.

Sacudí la cabeza, sacando mis pensamientos randoms y soltando un suspiro de resignación.

—Pues bien, paren los dos —observé a Corey—. ¿Podrías...?

—¡Me niego a alejarme de ti en todo el día! —chilló—. Vamos, _____. Ella sabe que no diré nada. Si quieres, hasta cerraré la boca y no comentaré ni una sola palabra. Seré invisible. Ustedes ni siquiera sabrán que estoy aquí, pero no pienso moverme de tu lado.

Miré a Anto.

—Bien —gruñó—. Pero por cada vez que hable, le lanzaré algo.

—¡Ya te dije que no...! ¡AY! ¡_____, mírala!

—Ella te lo advirtió, Honquitochico —admití—. Mejor haz lo que dijiste que ibas a hacer y cállate, ¿sí? —le sonreí con ternura.

Corey bufó, pero se contentó al darle un beso. ¡Boom, poderes femeninos!... Okay, sigamos. Él, calladito y bien bonito, apartó el peluche que Anto le había arrojado y se recostó en mi cama para jugar con su celular.

—Ahora que no está jodiendo —habló Anto, a lo que Corey le sacó el dedo, cosa que ignoró—, ¿qué quieres saber?

—Pues todo —dije, obvia—. Principalmente, ¿por qué se pelearon?

—Ya no aguantaba la hipocresía entre ella y yo —encogió los hombros, yo fruncí el ceño—. Sabes que esto iba a pasar en cualquier momento, _____, no seas estúpida. Solo era cuestión de esperar. Y en tal caso, no debería de preocuparte tanto; ambas seguimos siendo amigas tuyas, pero por separado.

—¿No hay una esperanza de reconciliación? —sabía que la repuesta sería no, pero nada costaba preguntar.

Evidentemente, Antonella negó. —Luego de lo que hizo y de lo que dije, creo que no. Podremos estar juntas en una habitación, pero no hagas pijamadas con ambas o será más incómodo que echarte una flatulencia en público y que te escuchen.

A Nuestro Estilo [Corey Fogelmanis y Tú] {AEDDC#3}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora