Capítulo XIII

1.3K 113 2

Había transcurrido dos largas semanas desde que Adam había partido hacia otro lugar, no había sido nada fácil de asimilar para Ángela ni para su padre. Patrick, el mejor amigo de Adam, se le veía muy triste también al igual que Trevor, junto con todos los chicos del taller, Adam no sólo era su jefe, era su amigo, su compañero, era quien les había dado una oportunidad cuando nadie más lo había hecho.

Sin más novedades el trabajo continuó, Ángela estaba a cargo, y el taller seguía su completa normalidad. Los hermanos Kendell no se habían pasado por allí desde aquella noche, Ángela no digería aún el porqué le importaba tanto la mala actitud del chico, pero, como todo lo demás, simplemente lo ocultaba ante la sociedad.

Faltaba un mes para su cumpleaños y Trevor lo tenía muy presente, cumplía dieciocho años. Pero a ella, eso no la alegraba mucho. Este cumpleaños no sólo faltaría su madre, si no también su querido y único hermano. No sería del todo genial.







Connor había decidido dejar el asunto de la Skate por un lado, Scott lo había aconsejado mucho diciéndole que no era de su conveniencia, que tendría consecuencias seguirla y mejor se alejara del mundo al que ellos no pertenecían. Logró convencer a su hermano con aquellas palabras e inicio una relación muy estrecha con Elizabeth, siempre le pareció hermosa, y era obvio el ella se moría por él. Como todas las demás, es decir, estaría loca si no.

Scott huyendo de Aliss y Elizabeth muy encariñada con Connor, todo parecía ir muy normal.

-Elizabeth, ¿no olvidas algo? - cuestionaba la pelirroja cuando almorzaban en el comedor del colegio.

-Oh, es verdad, ahora vuelvo.

Muy apresurada la pelinegra se paró y fue rápidamente caminando hacia el baño, Connor se preguntaba qué era lo que su no-novia había olvidado, pero prefirió callar y no preguntar.

-Tu hermano, parece odiarme, y no sé por qué, es decir, le doy toda la atención que puedo. - Dijo Aliss a Connor tras quedarse los dos solos en la mesa.

-Quizá ese sea el problema, no le des tanta importancia, lo asfixias. Eso no es de su agrado.

-Per...

-Pero Nada Alisson, tienes que darle su espacio. No te odia.

-Solo no me soporta - respondió colocando ambas manos en la mandíbula provocando un puchero de niña.

-Tu lo has dicho. - Connor rió, pero al ver la seriedad de la chica decidió seguir comiendo. En eso la faltante del grupo apareció.

-Listo.- dijo muy animada sentándose a la par de "Su chico"

-¿a Dónde fuiste? - Cuestionó aquel.

Ambas chicas se miraron a los ojos buscando una salida en alguna de las dos.

-¿al baño? - respondió

-no me lo preguntes, sarcásticamente Respóndeme con sinceridad.

-Disculpa, es que ando en mi periodo, tenia que hacer un cambio. - fingió pena y agachó la cara. Aquello había sido una mentira pero... Era mejor que él creyera eso, y no que se enterase de la verdad.

-Disculpame por hacerte hablar de eso- el chico se sintió muy incomodo y la culpa lo invadió, nunca se imaginó que ella iba a darle aquella respuesta.

Ellas en lo oculto sonrieron cómplices.

-Lo siento, lo siento, tenía que terminar el cuestionario, si no, no podré entrar al equipo de fútbol.

Agitado y apresurado apareció el hermano mayor, llevando únicamente una manzana en su bandeja, sabía que no tendría tiempo para comer algo más que eso.

No tenia otra opción más que sentarse junto a su yugo personal. Más sin embargo ésta recordó las palabras de Connor hace un rato y optó por ignorarlo, todo lo que fuese posible.

-Disculpen, tengo que irme. - la Pelirroja levantó su bandeja y se fue de la cocina.

Elizabeth y Scott la miraron perplejos, no tenían ni la más remota idea de qué le sucedía, pero Connor sabía la verdad, obviamente no iba a decirlo, era un total cabrón pero, una chica es una chica, y un secreto es un secreto.

Scott se sentó en el lugar que había dejado la chica vacío pero intrigado decidió preguntar.

-¿Saben que le sucede?

-quizá despertó y se dio cuenta de lo feo que eres - respondió su hermano luego de una carcajada.

-¿y tu quieres que por "accidente" te vuelva a romper la nariz?

Connor cambió de reírse a tener un ataque de pánico, su hermano era mayor y más fuerte, su nariz apenas Estaba sanando.

Elizabeth solo veía el teatro de los hermanos, los a puestos hermanos Kendell.





-Ángela, quiero hablar contigo.

Trevor había hablado muy pocas veces con la chica luego de aquella noche, quería conservar la poca dignidad que le quedaba, luego de ser bateado por todos los lados de su trasero.

-Si claro, dime. - respondió la rubia dejando a un lado lo que estaba haciendo, y poniendo su total atención en lo que el chico quería decirle.

- Verás, tengo una amiga que  necesita ayuda económicamente, no tiene trabajo y su madre está muy enferma, su padre no quiere saber nada de ellas. Te suplico que le des una oportunidad mientras consigue un trabajo estable. Aprende rápido y es muy responsable.

Esa clase de situaciones normalmente las arreglaba su hermano, pero ella a cargo, tenía que tomar una decisión, no era un gran taller pero... Su hermano habría hecho lo mismo que ella.

-Seguro, traela mañana, veremos que puede hacer, - le dio una palmada en el Hombro como buen amigo, y continuó con su trabajo.

- muchas gracias Ángel, te aseguro que trabajará como todos los demás y ella te lo agradecerá mucho.

Justo como lo había dicho, la chica Estaba frente a sus ojos al día siguiente, una chica pelinegra muy sencilla pero hermosa, llamada Camila.
Hablaban en la oficina contable sobre lo que había sido de su vida y porqué se encontraba en esa situación, Ángela como buena jefa la escuchó y comprendió.

- el trabajo es tuyo - le comentó luego de una larga charla.

La chica se balanceó sobre los brazos de la Rubia y se lo agradeció una y mil veces.

-¿entonces? Preguntó Trevor a Camila.

-Me dio el trabajo- le respondió aquella chica animada.

Ángela los veía desde la ventana.

-Te lo dije mi amor, sabía que podías.

Tras oír esto, Ángela cambio su semblante de satisfacción por uno de sombro.
¿Mia amor? Era su... ¿Novia?.

No Soy Tu Cenicienta ¡Lee esta historia GRATIS!