CAPÍTULO XXI

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¿Debía responder a ese mensaje?

Ángela se llevó una enorme sorpresa al ver que él huésped sería el riquillo con el cual había pasado un "raramente bonito" momento el día anterior.

-¿Qué haces tú aquí? - preguntó aun consternada.

-No tenía a dónde ir. Llamé a Patrick para que me ayudara a conseguir un lugar por lo menos para dejar mis cosas, iba a ir a un hotel pero... Mi padre congeló todas mis cuentas y debo ahorrar lo más posible el poco efectivo que tengo - respondió.

-No quiero sonar grosera pero, dudo mucho que no tengas más casas a dónde puedas ir. ¿Y tus amigos?

Connor alzó la mirada y sonrió como si hubiera recordado algo.

-No tengo amigos - esbozó agachando la mirada.

Ángela sintió el incomodo momento subir por su columna vertebral e intuyó que era hora de cambiar de tema

-Bueno- interrumpió el incómodo silencio carraspeando un poco- será mejor que entres.

Patrick ayudó a entrar las maletas de Connor, no podía dejar su elegancia, su buen parecer al vestirse, todo chico elegante necesita su súper kit de moda, estilo y clase.

Connor al entrar por la parte del garaje en donde entraban los carros que necesitaban reparación, sus ojos dieron un giro en dos segundos para inspeccionar el lugar. Recordó que hace unos meses había entrado en ese mismo lugar por obligación de su hermano. Jamás imaginó volver y en esas condiciones, "es así como la vida da muchas vueltas" pensó.
Sonrió en lo secreto mientras que un ruido escarnecedor lo sacó de su trance de recuerdos.
Corrió hacia donde provenía el ruido y se dio cuenta que era Ángela tratando de sacar un colchón de una repisa repleta de repuestos para carros.

-¿Te ayudo? - preguntó el rubio.
-Si fueras tan amable - respondió sarcástica.

Entre ambos sacaron el colchón hacia una parte despejada del garaje.

- es de mi hermano - añadió.

-¿aquí dormía? - preguntó curioso .

-mi padre tuvo problemas de alcohol un tiempo, justo después de que mi madre muriera. Su muerte lo destruyó por dentro y no pudo superarlo pronto. Adam siempre fue un protector para mí, me traía aquí y dormíamos en este colchón, dejábamos que mi padre hiciera y deshiciera en casa. Al siguiente día llegábamos y él estaba limpiando cualquier desorden que ebrio hubiera causado.

-Connor veía hablar a la chica con mucho interés en sus palabras, podía ver el dolor en sus ojos al recordar su triste pasado. Jamás pudo imaginar que ella tenía mil y un motivos para no ser una chica de muchas sonrisas, el tiempo y el dolor se las habían arrebatado.

-Gracias chica - dijo luego de un breve silencio.

-de nada - respondió - solo me preocupa que ensucies tu linda ropa de marca en mi sucio taller.

Sonrieron.

Él comprendió la imagen que tenía de de su persona, un niño rico y delicado que no sabia que era esforzarse por nada en el mundo. Algo que lo dejó muy pensativo era que precisamente él era así como ella pensaba. Tenia mucho que pensar.

-quería pedirte un último favor, dijo él.

-no voy a quedarme aquí si eso piensas - dijo un tanto engreída.

-la verdad no pensé en eso, pero ahora que lo mencionas...

-dime qué quieres - lo interrumpió.

-Ayudame a buscar un trabajo, el efectivo se me acaba y no vine hasta acá para regresar como hijo pródigo a los brazos de papi.

-dejame pensar en algo. Por lo pronto, acomoda tus cosas, yo estaré afuera con Patrick - concluyó.






Scott estaba muy preocupado y no podía concentrarse en ninguna de las clases ¿dónde estaba Connor?

Alisson y Elizabeth no paraban de preguntar qué era lo que había pasado, dónde estaba el rubio más popular de la escuela, su ausencia era notoria, siempre andaba por las clases  haciendo bromas y poniendo ambiente en dónde no había.

-Scott, te pido que por favor me digas en donde diablos se metió Connor- la pelinegra amenazó furiosa.

-Creeme niña, si supiera no estuviera como tú. Deja de ser tan tonta.
Al decir éstas palabras reaccionó pero no pudo decir una palabra mas, su ira y desesperación tomaban el control de su ser y decidió alejarse de ella sin tan siquiera disculparse.

Elizabeth debía ir al baño como era de costumbre a la misma hora, Alisson la acompañaba ésta vez.

El baño del establecimiento estaba en un pasillo principal, debían cerrar la puerta si no querían que todos desde afuera notaran qué hacían dentro de él. Elizabeth lo olvidó esta vez.

-Estoy harta de éstos Alisson- dijo furiosa golpeando la pared.

Scott luego de recuperar su completa cordura decidió buscarlas y  casualmente pasó por el pasillo en el cual estaba el baño en el que se encontraban. La puerta estaba abierta y sin querer escuchó los gritos de la chica.

-Elizabeth, escuchame, debes hacerlo, es lo único que te recetaron, debes hacerlo como el doctor lo pidió.

Scott sabia que era indebido ver hacia el interior del baño de mujeres pero la situación y curiosidad eran más grandes que las reglas establecidas.

-¡Ya no quiero, por favor! - Ahora Elizabeth ya no gritaba, lloraba.

-Sólo una más anda. Poco te falta para terminar con ésto. Por Dios Lissy es sólo un par de pastillas, no es tan malo.

Elizabeth tenia un temblor en sus manos y al abrir un frasco hizo que se esparcieran por el suelo muchas pastillas. Desesperadas recogieron una a una. Y tomó dos de ese frazco y dos de otro que sacó de su bolso, hizo muchos intentos de nausea pero lo detuvo con un poco de agua.

- Ya vez- consolaba Alisson a su prima.

-Ésto cada vez es más difícil. Los efectos secundarios son demasiados y por si fuera poco engordan.

-Claro que lo hacen, estás esquelética - respondió y ambas salieron del baño.

Scott se metió en un aula rápidamente antes de que ambas pudieran verlo, al pasar ellas enfrente decidió salir hasta perderlas de vista.

Cuando ya no las vio, la curiosidad empezó a atacar de nuevo. Pensándolo unas tres veces antes de hacerlo, decidió entrar en el baño con la esperanza de encontrar una de las pastillas que a Elizabeth se le habían caído.

¡Bingo!.








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