Capítulo 16: J.

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"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que 

andábamos para encontrarnos."



Sábado 02 de Diciembre de 2017 (horario: madrugada):


Mi pulso se aceleraba a cada paso que daba, podía sentirme casi al borde de una taquicardia. 

Ella ahora estaba ahí, a centímetros de mi cuerpo, pero no lograba dar los pasos que me faltaban para alcanzarla, de repente me sentía paralizado, sumiso a su presencia. Ella era un pequeño ángel rubio, al que no podría terminar de acercarme, su luz me cegaba, podía sentir su calor llenando el lugar 

¿O, acaso eso era el alcohol en mi sangre?

De pronto me encontré a mi mismo explicándome a cómo respirar, parecía que mi cerebro había olvidado como hacerlo. ¿A caso... se podía ser tan tonto? Aspiré y expiré unas mil veces tratando de infundirme calma para poder seguir avanzando.

Pero en que imbécil me convertía en cuanto la veía. Estaba hecho todo un crío.

Tenía que obligarme a actuar o iba a volver a perderla de vista. Y eso no podía pasar. Hoy era el día, ya lo había definido, hoy tenía que ser el día. Jamás tendría otra oportunidad mejor de hablarle. Tenía que aprovechar lo que el destino me servía en bandeja de plata.


No se como paso, pero el valor vino a mi de repente, como si me hubiesen rociado con él. Algo que agradecí muchísimo. 

Llegué por fin a ella, toque su hombro para captar su atención hacia mi e intente hablarle. Pero solo balbuceé como el tonto que era. El valor me abandonó de golpe, pensé. No podía acomodar las letras para formar oraciones coherentes, ya que solo pensaba en lo suave que era su piel a mi tacto, tan suave como la seda, no, aún más suave. Mucho mejor de como lo había imaginado. 

Ella sonrió ante mis acciones, y eso fue todo lo que necesitaba para enamorarme aún más de ella, si es que eso era humanamente posible. 


- Hola - me dijo aún sonriendo. Genial aún quería hablarme, pensé, por lo menos no la he asustado con mi vacilante actuar.

- Hola - respondí y se hizo un incómodo silencio, el cual rompí presentándome - Soy Joan. 

- Alya -  Perfecto, nada más pasó por mi, ahora ya sabía su nombre, el cual adornaba tan dulcemente a ese ser tan único y maravilloso. 







Querido profesor: ...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora